Dios soberano

La Biblia dice Habacuc 1: 2

¿Hasta cuándo, oh Jehová clamaré, y no oirás; daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?

Frente a sucesos incomprensibles, ante hechos que superan nuestra comprensión y ante situaciones impensables, el libro de Habacuc sale siempre en nuestro auxilio porque nos recuerda siempre que por encima de las grandes calamidades y extenuantes y complejas adversidades en el mundo siempre se levanta Dios imponente, soberano, omnipotente.

La profecía de Habacuc comienza con serios cuestionamientos del profeta a Dios. Le reclama su “ausencia”, le reprocha la falta de respuesta a sus oraciones y expresa su enfado porque Dios parece lejano a la realidad que vive tanto él como sus compatriotas. En una palabra Habacuc se queja y se queja del orden social prevaleciente en su nación y el mundo.

Nos identificamos plenamente con Habacuc cuando volteamos a nuestro alrededor y notamos que el hombre sigue siendo el lobo del hombre, cuando confirmamos que la injusticia prevalece muy a disgusto nuestro y que la violencia no cesa en la tierra por más desgracias que trae consigo.

Solo que al igual que el profeta olvidamos que Dios no se ha ausentado. Dios está más presente que nunca y al igual que como le dijo a Habacuc no dice a nosotros: “Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis.”

Al vidente de Dios se le había olvidado que Dios dirige la historia de la humanidad. La conduce con sobriedad, con justicia, con tino, sin equivocaciones y con una paciencia infinita sobre el mundo, pero siempre de manera “escondida”, pero cuando muestra su mano la humanidad se infarta y enloquece y se derrumba.

Ejemplos muchísimos. El más reciente: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta 1985 se levantaba soberbia e imbatible. Una explosión en la planta nuclear de Chernóbil en la región de Ucrania la deshizo y de la URSS como Estado socialista solo quedan recuerdos y muchos nostálgicos, pero solo eso. Dios interviniendo hace obras que asustan.

Hoy vivimos algo parecido. No a lo de la URSS, pero si a una obra que nos ha asombrado y que si le hubieran dicho que ocurriría nadie lo hubiere creído. Una pandemia casi universal que tiene en sus casas a más del 80 por ciento de la humanidad. Pensar que esto está fuera del control divino es una grave equivocación. Claro que él sabe.

El libro de Habacuc nos conduce por el atributo más inexplicable de Dios, pero también por el que más consuelo trae a la vida de los creyentes: Dios es soberano y siempre sabe lo que hace. 

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