Ríos y manantiales secos

La Biblia dice en Salmos 107: 33 El convierte los ríos en el desierto, y los manantiales de las aguas en sequedades.

Alrededor de la planta de Chernóbil había una inmensa llanura llena de árboles y vegetación impresionante bañada por ríos y lagos. De hecho cerca de Pripyat, que era donde estaba la planta nuclear que explotó el 26 de abril de 1986, está todavía el parque natural Polesky, pero todos quedaron completamente con radiación cancerígena. No sirven para nada más.

Cientos de hectáreas quedaron dañadas no solo para esa generación, sino para cientos de generaciones. Todas las ciudades alrededor de la fábrica de energía eléctrica quedaron inservibles. Miles de personas y animales murieron y el gobierno tuvo que obligar a todos los habitantes alrededor de ese lugar ser evacuados de por vida.

Quienes se quedaban morían de un cáncer horrible que les carcomía las entrañas y también la piel de su cuerpo. Las imágenes parecen sacadas de la mente depravada de un escritor de novelas de terror.

Los rusos de la ex Unión Soviética fueron inmensamente profanos. Recuerdo al presidente Nikita Kruschev pidiéndole al primer astronauta ruso que fue a la luna saludar a Dios si acaso lo veía por allí. Eran ateos. Se burlaban de Dios creyendo que la ciencia terminaría por desterrar al Creador de la vida de la humanidad. Que equivocados estaban.

Cuando leo el verso que hoy meditamos me queda claro que Dios tiene el poder de convertir los manantiales de aguas en sequedades. Las imágenes de los alrededores de Chernóbil son una estampa que nos permite visualizar perfectamente como un lugar tan rico en vegetación puede parecer un páramo.

La desobediencia y la rebelión al Creador provocan que los ríos se conviertan en desiertos. Nadie que ha luchado contra el Creador puede salir bien librado. Es imposible derrotar a Dios. La obstinación y dura cerviz jamás han ganado una batalla contra el Señor del cielo y la tierra.

La maldad provoca que la tierra fructífera sea estéril. Una parábola para nosotros es que lejos de Dios tengamos lo que tengamos jamás lo disfrutaremos porque la fuente de vida es nuestro buen Dios, quien permite que disfrutemos de las cosas cuando le reconocemos y le damos lugar en nuestras vidas.

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