El Señor reina

La Biblia dice en Salmos 97: 1 Jehová reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas costas.

En el libro de Salmos hay una sección del 93 al 99 que se conocen como salmos reales o salmos del gobierno universal del Mesías en el que los autores recuerdan que este mundo tiene un gobernante, un arquitecto, un ser que como un capitán de un barco conduce a la humanidad hacia donde él quiere.

Cuando digo que se llama salmos mesiánicos me refiero al hecho de que abordan el tema del reinado terrenal del Ungido de Jehová, sin embargo nos recuerdan que aún cuando están construidos para recordarnos que un día este mundo será ordenado de manera justa, también nos enseñan que Dios gobierna hoy en día el mundo.

Nada lo toma de sorpresa, nada es accidente y tampoco nada de lo que ocurre lo toma fuera de lugar. El Señor gobierna el mundo, lo dirige, lo conduce de tal manera que todo lo que sucede en sobre toda la tierra Dios lo permite o lo provoca para recordarles a los seres humanos que es el dueño de todo lo creado.

Reconocer esta verdad debe llevarnos a la alegría porque una hoja de un árbol no cae si no es por su voluntad. Ni cabe el temor, ni la duda y mucho menos la incertidumbre. Dios tiene control de todo y esa verdad debe apaciguar totalmente toda preocupación o desaliento de nuestro corazón.

Cuando uno lee los siete salmos mesiánicos uno se pregunta porque repetir la misma idea tantas veces. ¿Qué idea? La de que Dios gobierna o reina sobre la tierra. La razón es sencilla. A su pueblo le sucederán muchas cosas “malas”. Vivirá experiencias en las que parecerá que Dios ha perdido el control, pero eso es solamente una apariencia.

La realidad es que Dios sigue siendo soberano a pesar de que muchas veces suceden u ocurren situaciones inesperadas o circunstancias excepcionales como las que estamos viviendo con la pandemia del Covid-19 que ha llenado de temor al mundo entero y que ha provocado que todos se resguarden en sus casas.

Machacar esa idea -que Dios reina-, repetirla o reiterarla cobra sentido porque con mucha facilidad olvidamos que Dios siempre esta al cuidado de su creación y la dirige hacia la consumación final de los siglos y eso no nos debe entristecer, sino al contrario nos debe alegrar al saber que nuestro Señor gobierna el mundo y nosotros somos sus hijos.

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