La lucha contra el desaliento

La Biblia dice en Salmos 42: 6 Dios mío, mi alma esta abatida en mí; me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

El abatimiento, desesperanza, desaliento y desanimo es natural en la vida del creyente porque en muchas ocasiones la realidad es tan desgarradora, triste y deprimente que nos abruma y hasta nos derrumba emocionalmente, pero lo que no es natural ni bueno es quedarnos instalados en esa condición.

Eso fue lo que le paso al autor del salmo cuarenta y dos. Estaba abatido. Fue en ese estado en que compuso esta plegaria porque la palabra abatimiento la usa al menos tres veces y su dolor se transpira en todo el rezo, pero siempre encontramos su deseo intenso de salir de esa situación. De no quedarse allí. De luchar contra el desaliento.

Y en este verso nos dice como lo hizo y como lo podemos hacer nosotros cuando enfrentamos la desesperanza y el desanimo. Él dice: por tanto me acordaré de ti desde la tierra del Jordán, desde la tierra de los hermonitas, es decir desde el monte Hermón y también desde el monte Mizar.

El salmista menciona tres lugares o tres locaciones: el Jordán y los montes Hermón y Mizar que es una especie de recorrido por todo Israel porque el río Jordán recorre de Judá al norte de Israel hasta llegar a Hermón la montaña que sirve de frontera con Siria y que muy probablemente es donde se localizaba el monte de Mizar.

El salmista combate el abatimiento acordándose de Dios o trayendo a la memoria la tierra de Israel, testimonio fehaciente del acompañamiento continuo y amoroso de Dios por su pueblo, además de ser también prueba irrefutable de que Dios siempre cumple sus promesas. Le dijo a Abraham que se la daría esa tierra a su descendencia y se lo cumplió.

El salmista lo que hace y nos invita a hacer es a tener presente constantemente que Dios siempre estará por encima de nuestra realidad. Que ninguna circunstancia por más compleja o difícil que sea escapa a su saber. El desanimo se abate recordando qué clase de Dios seguimos.

El salmista nos enseña que no podemos ni debemos quedarnos en la desesperanza, que debemos traer a la memoria los favores inmerecidos del Señor. Su creación y sus promesas nos hacen ver que Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Así que ánimo, adelante. Dios ha estado y estará siempre con nosotros.

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