La alegría de Dios

La Biblia dice en Salmos 4: 7

Tú diste alegría a mi corazón. Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.

Los judíos dicen que esta plegaria la escribió David cuando huía de su hijo Absalón, —la  unen con el salmo anterior— quien usurpó el trono y en ella expresa sus emociones al ser perseguido por su vástago y un ejército de hombres que iban con el rebelde y obstinado primogénito del rey.

La tristeza y la angustia apresaban el corazón del monarca por la vergüenza que le provocaba su lamentable situación al estar peleando con su propio hijo y por eso le pregunta a quienes acompañan a Absalón en esa loca transgresión: ¿hasta cuándo volverán mi honra en infamia?

Su reputación o fama pública estaba en entredicho, la opinión del pueblo sobre su persona pasaba de la admiración a la lástima y eso lo llevaba a sentirse muy triste, pero se reanima recordando la clase de alegría que Dios ofrece a quienes temen a su nombre y lo plasma hermosamente en el texto que hoy meditamos.

Hay dos clases de alegría en el ser humano o que las personas pueden experimentar la que viene de experiencias buenas o situaciones en las que recibimos un gran beneficio. David se refiere a la cosecha de granos y uva para elaborar vino. Es inmensa la alegría de quien cosecha luego de sembrar y cuidar sus cultivos. Innegable sentirse muy bien.

La otra clase de alegría es la que da Dios y no necesariamente requiere de condiciones a nuestro favor. Es una alegría que surge a pesar, tal vez, de que las circunstancias estén en nuestra contra, pero Dios llena nuestro corazón con su presencia que nos hace mirar su rostro antes que la triste realidad.

Esa es la alegría que David está experimentando frente a un hijo que lo persigue, que lo  ha avergonzado y que quiere matarlo. Una alegría que no depende de lo que esta sucediendo en nuestro entorno, sino de que Dios ha llenado nuestro corazón con su bendita presencia y ha colmado nuestro ser con su luz.

Las dos alegrías son buenas, pero busquemos la que da Dios, porque el gozo del Señor es nuestra fortaleza por eso quiere que estemos contentos aún en la adversidad porque con alegría sabremos enfrentarla, en cambio con tristeza nos sumiremos en la depresión.

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