Sin miedo porque confiamos en Dios

La Biblia dice en Salmos 27: 3

Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mi se levante guerra, yo estaré confiado.

David vivió varios años perseguido por Saúl. Tuvo de enemigos para siempre a los filisteos y por si hiciera falta su propio hijo, Absalón, lo persiguió por un breve tiempo. Era un hombre fogueado en la adversidad, experimentado en los peligros y, sin duda alguna, entrenado en las contrariedades que traen consigo los temas bélicos.

Todos los combates que enfrentó le enseñaron que de un momento a otro un ejército enemigo podía acampar en su contra y también de la misma manera se podría levantar guerra contra su vida y en esas dos situaciones él tenía que asumir dos actitudes: no temer y estar confiado.

David está hablando de la situación más angustiante que puede experimentar una persona: ver su vida en peligro de muerte. Saber que estamos ante una circunstancia que puede arrebatarnos de este mundo produce en todos mucho miedo y si ese miedo no se controla nos puede llevar a condiciones de vida sumamente deplorables.

Desde su juventud David vivió así, cuando cuidaba sus ovejas y tenía que defenderlas de osos y leones. Luego cuando se volvió un guerrero del ejército de Saúl y finalmente cuando se hizo rey y la guerra fue parte de su labor. En consecuencia de todo esto vivió en peligro de muerte constante.

Este hombre, experimentado y trabajado en esas lides nos hace dos recomendaciones importantes cuando el peligro acecha a nuestra vida: no tener miedo y confiar en Dios. La razón por la que él no tenía miedo fue porque siempre supo del cuidado de Dios. Una de las frases favoritas de David al respecto fue: Dios no me entregó en su mano.

David tenía claro que su vida dependía de Dios y cuando así lo determinara el Creador él partiría de este mundo con un ejército y con guerra o sin ellos. David basaba su falta de temor en la certeza de que Dios estaba con él y sabría librarlo de sus grandes enemigos que querían verlo muerto.

Luego acompañaba a la falta de temor, su confianza en Dios. David confiaba en Dios. Una de las formas más importantes de honrar a Dios es confiar en Él. De hecho la palabra fe tiene una relación estrecha con confianza. La confianza es la capacidad de entregarle a Dios el control sobre nuestra existencia, seguros de que bajo su cuidado estará siempre segura y que nada pasará si esa no es la voluntad de Dios.

Cuando arrecia el peligro de muerte en nuestro entorno son dos las cosas que tenemos que hacer: no temer y confiar en Dios. La primera es una decisión personal y la segunda involucra a Dios. A mí me toca no temer, el Señor va a cuidar de mí.

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