Hijos sabios

La Biblia dice en Proverbios 2: 6 Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

Dios quiere hijos sabios. Lo tengo claro. Pero no me mal interprete. No es que Dios quiera eminencias académicas de cada uno de sus hijos, que no estaría mal, pero a lo que me refiero es que el Señor desea que cada uno de sus seguidores tenga sabiduría, conocimiento e inteligencia para dirigir su vida.

Día a día tomamos decisiones sencillas y básicas tales como: qué vamos a comer, qué voy a vestir y otras un poco más complejas parecidas a estas: qué le voy a contestar, qué le voy a decir a mi hijo, a mi nuera, a mi vecino y unas que definitivamente marcarán nuestra existencia: me iré de Oaxaca, me iré de México, le diré que sí para casarnos.

Para todos estos cuestionamientos es justamente donde Dios requiere hijos con sabiduría, conocimiento e inteligencia capaces de tomar las mejores determinaciones para su existencia que les lleven a la paz y tranquilidad y definitivamente les den la posibilidad de no errar en sus decisiones.

Lo más impresionante es que el texto que hoy meditamos dice exactamente que el Señor nos da las herramientas que necesitamos para decidir correctamente. No tiene que ir uno a ningún otro lado, sino dirigirnos a Él el cual como dice Santiago en su carta da sabiduría a todos abundantemente y sin reproche.

Su palabra nos capacita, nos entrena y nos prepara para afrontar todas las determinaciones que debemos asumir para que nuestra vida tenga los  menos tropiezos posibles, pero sobre todo para no frustrarnos, ni sentirnos desolados con tantos fracasos que a veces llegan a nuestra vida por no haberlo consultado.

Requerimos su asistencia porque en su bendita palabra dice que hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero al final son caminos de muerte. En una traducción simple podríamos decir que hay estilos de vida que parecen llenos de buenaventura, pero al final terminan por quitarle la existencia a quien los practica.

Sí, definitivamente, Dios quiere hijos sabios. No para beneficio de Él, sino para que no se hagan daño a la hora de decidir que van a hacer con su vida, un recurso, por cierto, no renovable y que se va gastando día con día.

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