Doble ánimo

La Biblia dice en Hechos 14: 12

Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.

Lucas relata esta extraordinaria historia que le sucedió a Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero en una ciudad llamada Listra, a la que habían llegado a predicar el evangelio y por el poder de Jesucristo habían sanado a un cojo de nacimiento que impresionó tanto a los habitantes de esa ciudad que de pronto le rindieron tributo como si fueran dioses.

El mundo romano estaba plagado de divinidades. Los romanos además de ser muy supersticiosos eran adoradores de las deidades del olimpo griego a quienes cambiaron su nombre. Cada cuidad tenía su dios. Por ejemplo en Éfeso se adoraba a Diana y en esta ciudad a la que llegó Pablo se adoraba a Júpiter y Mercurio.

Mercurio era hijo de Júpiter y de acuerdo a la mitología griega era el intérprete de los dioses. A Bernabé lo llamaron Júpiter y a Pablo lo creyeron Mercurio porque era el que hablaba o llevaba la palabra. Con una rapidez sorprendente estas personas encuadraron a los misioneros en su percepción religiosa y hasta les ofrecieron sacrificios.

Lucas escribió los sucesos en Listra para dejar constancia de las desviaciones y equivocaciones que vieron Pablo y Bernabé cuando salieron a compartir el evangelio entre los gentiles que estaban entregados a la idolatría con tal arraigo que en lugar de preguntar cómo había sanado ese hombre, concluyeron que los dioses romanos los visitaban.

Pero si leemos completo el relato de esa visita, vemos que luego de hablarles de Cristo, unos judíos llegaron a la ciudad a decirles que Pablo estaba propagando una creencia distinta a la suya y terminaron por apedrearlos a ambos y a Pablo lo arrastraron hasta fuera de la ciudad pensando que estaba muerto.

¿Cómo pasaron de creerlos dioses a lapidarlos? Simple: los habitantes de Listra eran muy manipulables. Primero alguien les dijo que habían descendido a la tierra Júpiter y Mercurio y lo creyeron, los veneraron, les ofrecieron sacrificios. El mismo sacerdote del templo de Júpiter se presentó ante ellos.

Luego alguien les dijo que esos mismos hombres eran propagadores de una fe en un tal Jesús de Nazaret al que nadie conocía y esos mismos hombres tomaron piedras y los expulsaron a pedradas de su ciudad.

La distancia entre ambos hechos se unió por la facilidad con la que los habitantes de esa ciudad pasaban de un pensamiento a otro. La separación que existía entre adorarlos como dioses y buscar su muerte se disipó porque los habitantes carecían de elementos firmes que les permitieran mantenerse en un mismo y solo sentir. En Listra había muchísimas personas de doble ánimo.

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