Los planes de Dios

La Biblia dice en Hechos 16: 9 Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.

Pablo era muy minucioso a la hora de planear sus viajes misioneros. Los tres que realizó y que nos relata el libro de los Hechos fueron diseñados con propósitos muy definidos, todos ellos dirigidos por el Espíritu Santo, quien condujo al apóstol en la titánica tarea de anunciar la salvación a los gentiles en un mundo completamente pagano.

A diferencia del primer viaje misionero que hizo por mar junto con Bernabé y Juan Marcos, quien los abandonó en la isla de Chipre, el segundo periplo de Pablo fue por tierra. Retornó a las iglesias que anteriormente había visitado. Así llegó a Derbe, Iconio, Listra hasta la región de Misia.

Justo allí Pablo tenía decidido ir a Bitinia una zona colindante con el mar Negro, pero el Espíritu Santo no se lo permitió. Por el contrario lo hizo descender hasta la región de Macedonia en un cambio que no solo fue de planes, sino de viaje porque tuvieron que hacer un largo y pesado trayecto por la agreste región de Bitinia y Asia para llegar hasta Troas.

En una decisión soberana, el Espíritu Santo determinó que el evangelio se anunciara en la región de Macedonia y no en Bitinia. Para convencer a Pablo de esta determinación medió una visión. En Hechos encontramos seis visiones que Pablo tuvo, en las que Dios lo alentó para hacer determinada labor. El varón macedonio pidiéndole ayuda fue contundente.

Dios cambió los planes del apóstol Pablo de una manera sobrenatural. Recordándole y recordándonos que al final de cuentas es su obra. Nosotros somos simples obreros llamados a su servicio y de ningún modo podemos estar por encima del dueño de la mies que nos envió.

Pero también nos enseña que los planes de Dios son con una perspectiva a futuro. Nosotros planeamos en función de lo que alcanza a comprender nuestro corazón, pero Dios siempre planea en función de proyectos de gran alcance que al principio no comprendemos, pero con posterioridad logramos entender porque un “no” del Señor se convierte en bendición.

Sin saberlo Pablo se dirigió a la que sería la iglesia más solidaria con él. Sin percatarse el Señor lo estaba enviando a fundar una iglesia que sería la que más lo apreciaría y la que más lo ayudaría en su misión de llevar las buenas nuevas de Cristo, sobre todo en los momentos más críticos de su vida, cuando estuvo en la cárcel.

Sí, los planes de Dios siempre son mejores que nuestros planes. Los planes de Él son a futuro, los de nosotros a veces son a muy corto plazo. Gracias a ese viaje, Pablo nos legó una de las más hermosas cartas: la de los Filipenses que nos enseñan en valor de la alegría en medio de un mundo lleno de caos y amargura.

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