Un manual para no decaer cuando sufrimos

La Biblia dice en Salmos 42: 8

Pero de día mandará Jehová su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo y mi oración al Dios de mi vida.

La adversidad ha pasado sobre el salmista como un huracán y lo ha dejado completamente afectado. Ha sido sometido a una presión sin precedentes que lo ha dejado exhausto y completamente abatido de tal manera que ni a la casa del Señor ha podido ir y eso lo ha llenado todavía más de tristeza.

Ante una situación como la que esta viviendo el autor o los autores de este salmo, encontramos al menos tres recomendaciones: 1. Esperar en la misericordia del Señor. 2. Elevar nuestro canto a Él y 3. Levantar nuestra oración o plegaria ante el Creador y Dador de nuestra existencia.

El salmista espera por completo en la bondad infinita de Dios que es la única que puede sacarnos adelante. El amor de Dios por nosotros es sin medida, aún en esos momentos difíciles y complicados que a veces enfrentamos. Nunca debemos olvidar esa verdad: Dios se compadece de nosotros como un padre se compadece de sus hijos.

No hay que olvidar que los hijos de Coré, que fueron los compositores de este salmo, eran cantores del templo de Jerusalén y en estos momentos de gran tribulación no dejaban de cantarle a Dios. Su llamado es a cantar al Señor, es una invitación para hacer a un lado todo y elevar nuestro cántico a Él. Cantar en el dolor es olor fragante para Dios.

Finalmente nos dice que elevemos nuestra plegaria a Dios. La oración es nuestra gran aliada en esos momentos de gran aflicción porque invocar a Dios siempre trae descanso al alma acongojada por los problemas, sobre todo aquellos que parecen sin solución o son tan intensos que nos abruman.

Este salmo es una especie de manual que podríamos llamar “Que hacer cuando las dificultades nos apartan de la casa del Señor.” Resumido podría quedar así: 1. No olvide el amor de Dios. Él lo ama y nunca lo dejará de amar. 2. Cante, no deje de cantar. El poeta Díaz Mirón solía decir: El ave canta, aunque la rama cruja.

Y 3. Por ninguna razón deje de invocar el nombre de Dios. La oración será de gran utilidad para tranquilizar su alma. Dios siempre sabe todo y siempre nos auxilia cuando lo invocamos con todo nuestro corazón.

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