Ojos abiertos

La Biblia dice en Números 22: 31

Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano.

La historia de Balaam es única. Fue el único profeta gentil de todo el Antiguo Testamento. Tenía una estrecha relación con Dios. Dios le hablaba. Cuando el rey Balac vio al pueblo de Israel en inmediaciones de su territorio lo llamó para que maldijera a los hebreos porque los consideraba una amenaza a su reinado.

Y lo citó porque sabía que las palabras que hablaba se cumplían. Tenía cierto prestigio como vidente de Dios, pero en esa ocasión Dios le prohibió que lanzará maldiciones contra los judíos por una razón importantísima: nadie puede maldecir a quien Dios ha bendecido y así no pudo hacerlo.

El libro de Números nos ofrece la historia completa de donde sobre sale, además de que no pudo maldecir a la nación israelita, la manifestación del ángel de Jehová, quien acudió a ese evento en el que el Balaam tenía una grande tentación de ceder a la petición de Balac debido a que de por medio había mucho dinero que recibiría si cumplía lo que se le pedía.

Dice la Escritura que Dios abrió los ojos de Balaam. Esta es una frase recurrente en la palabra de Dios. El Señor abre los ojos para que las personas puedan ver la realidad espiritual frente a la que están. Los ojos naturales alcanzan a ver solo lo material, lo que tienen frente así, pero cuando los ojos espirituales se abren se puede ver más allá de lo natural.

Balaam no se había percatado que lo que la burra que montaba veía era el ángel de Jehová y por eso se hizo a un lado, luego buscó como pasar en el estrecho camino que lastimó el pie de su amo y luego finalmente se echó sobre tierra lo que terminó de enojar al profeta que la golpeó. Desde el punto de vista espiritual, Balaam caminaba a ciegas.

Cuantas veces en la vida no nos parecemos a Balaam porque caminamos sometidos exclusivamente a nuestros sentidos. Caminamos encadenados a lo que la realidad nos muestra, incapaces de abrir nuestros ojos a la realidad espiritual que hay en nuestro entorno porque pensamos que esa es la única verdad.

La historia de Balaam nos enseña que es necesario tener nuestros ojos muy despiertos cuando enfrentamos dificultades. La Escritura tiene esa virtud de abrirnos los ojos espirituales. La revelación divina nos da discernimiento para comprender lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Permitamos a Dios abrirnos nuestros ojos a través de su bendita palabra para ver como él ve las circunstancias. No dejemos que las circunstancias se sobrepongan por encima de la verdad que Dios ha declarado en la Escritura.

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