Locura y pánico

La Biblia dice en Deuteronomio 28: 28 El Señor te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu.

La desobediencia, la rebelión, la obcecación y la dura cerviz ante los mandamientos de Dios tienen castigos severos. Se puede decir que darle la espalda a Dios tiene consecuencias muy severas para quienes han disfrutado de sus bendiciones y han gozado de su favor y de la noche a la mañana deciden olvidar su compromiso con Él.

El capítulo veintiocho de Deuteronomio señala claramente que si no se oye la voz de Jehová nuestro Dios para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que ha establecido en su santa y bendita palabra y al contrario se abandona su ley contrariando abiertamente su voluntad los castigos son muy duros.

El verso veintiocho que hoy reflexionamos señala tres sanciones, dos de las cuales atañen directamente a la salud mental de las personas: la locura y la turbación de espíritu, la ceguera se localiza entre ellas para señalar la gravedad de quedarse sin el sentido de la vista en este mundo.

Por mucho tiempo la locura, el desvarío o los problemas mentales se atendían de una manera muy triste. Las personas que padecían estos males eran expulsadas de sus comunidades y condenadas a vagar el resto de su vida hasta encontrar la muerte. Solo después de muchos años se instalaron centros de ayuda a esta clase de males.

La turbación de espíritu algunas versiones la traducen como confusión, otras como pánico, en tanto que algunas más como delirio, que son males cercanos a la locura porque afectan la psique humana y trastornan severamente la conducta de una persona al grado que le hacen perder la noción de la realidad.

Dios nos ama tanto, pero también cuando decidimos rebelarnos contra él, su mano de poder es durísima. No en balde el autor de la carta a los Hebreos cuando habla de la rebelión contra Dios dice que “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo”. La obcecación siempre será sancionada y de que forma. Dios nos guarde de semejante ejemplo de desobediencia.

Siempre será mejor obedecer al Señor. Mantenernos fieles a su palabra. Guardar sus mandamientos que no son gravosos. El final de quienes se han mantenido firmes en su fe es glorioso. Pero el fin de quienes le dan la espalda al Creador es infinitamente triste. Evitémoslo a toda costa.

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