Colar el mosquito y tragarse el camello

La Biblia dice en Mateo 23: 24 ¡Guías de ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!

Jesús utilizó a menudo hipérboles, que son figuras literarias que usan la exageración, para enseñar un principio o tema de tal manera que quedara claro y sin duda alguna para quien la escuchaba. En sus hipérboles Jesús recurrió a los camellos, animales de carga muy conocidos en Israel.

En uno de sus discursos contra los fariseos les recordó que uno de los grandes males en la vida de ellos era la importancia que le daban a ciertos detalles y el enorme descuido a grandes asuntos de la vida espiritual. Los fariseos atendían con celo aspectos sencillos, pero olvidaban cosas importantes de su relación con Dios.

Los fariseos diseñaron un sistema para evitar que los líquidos que bebían tuviera insectos ceremonialmente impuros. Colaban con tela el agua y el vino para que la tela detectara si algún mosquito se había introducido a sus bebidas para que de esa forma cumplieran con la ley ceremonial que establece el libro de Levítico. Pero se tragaban el camello.

Esa hipérbole la usó Jesús para hacerles ver que le daban tanta importancia a esos aspectos, pero descuidaban la justicia, la misericordia y la fe. En aras de sentirse puros ante los demás, dejaban de lado aspectos fundamentales de la Torá que era la piedad, la compasión y la confianza en Dios.

El legalismo de los fariseos ponía el acento en lo externo. El énfasis de la vida espiritual de ellos estaba en que los demás vieran que eran extremadamente rigurosos a la hora de cumplir con los preceptos de la ley mosaica para recibir el reconocimiento de los hombres y así aparentar una vida piadosa delante de los demás, no de Dios.

Lo que en realidad ocurría en su vida es que ese rigor los llevaba a olvidar que la vida piadosa se vive delante de Dios y no de los hombres. Que la compasión o misericordia es elemental para todo aquel que dice que conoce a Dios y que la fe es la confianza en Dios y no en las obras humanas.

Jesús les hizo ver y nos hace ver que podemos equivocarnos si creemos que nuestras grandes obras pueden ocupar el lugar de una vida piadosa genuina, el amor hacia el prójimo y la confianza en Dios. Estamos equivocados si nuestro acento está en lo externo antes que en lo interno.

Fuimos diseñados para buenas obras, pero éstas son el resultado de nuestra fe y de ningún modo pueden ser el instrumento para ganar el favor de Dios. Los fariseos colaban el mosquito y se tragaban el camello al pensar que sus buenas obras eran más eficaces que la gracia del Señor, una rotunda equivocación que los convertía en guías de ciegos.

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