El bien y el mal

La Biblia dice en Proverbios 14: 22 ¿No yerran los que piensan el mal? Misericordia y verdad alcanzarán los que piensan el bien.

La tentación de hacer el mal a nuestro prójimo siempre esta presente y se agranda cuando se nos ha dañado gravemente. El tamaño del agravio hace que el deseo de vengarnos crezca a veces de manera inmensurable. El creyente batalla contra esos pensamientos que si no se controlan pueden dañar no solo al ofensor sino al propio vengador.

Actuar en sentido contrario, es decir, dominar nuestros deseos de desquitarnos nos lleva a la compasión y  a la verdad. Lo que quiere decir que cuando dañamos a quienes nos hicieron daño o también a quien nada nos ha hecho nos dirigimos directamente al odio y la mentira, dos grandes males en la existencia humana porque la hacen miserable.

Me gusta como traduce este verso la Nueva Traducción Viviente: “Si te propones hacer el mal, te perderás; si te propones hacer el bien recibirás amor inagotable y fidelidad.” Pensar el mal y ejecutarlo trae condenación y perdición a quien lo hace sin considerar que daña su propia alma.

En cambio quien desiste de pensar mal y lo transforma en pensamientos buenos para hacer el bien, trae como consecuencia a su vida amor inagotable de Dios y su gran fidelidad a su vida, dos bienes sumamente importante para llevar una existencia sin sobresaltos y con gran paz mental.

Salomón contrasta en este proverbio dos actitudes diametralmente opuestas. Hay personas que piensan el mal y así actúan, pero también hay persona que piensan el bien y bajo esos principios se conducen. A propósito el rey sabio de Israel vincula o contrapone el mal y el bien para advertirnos de las consecuencias de vivir bajo el dominio de cada uno de ellos.

El mal solo trae destrucción para todos. Contra quien se ejecuta y contra quienes se ejecuta, en cambio el bien trae beneficios para todos, pero particularmente para quien obra bajo sus criterios porque recibe beneficios directos del Bien supremo al rechazar dejarse llevar por los engaños y mentiras de la maldad.

Salomón quiere que frente a la disyuntiva o el dilema entre escoger el bien y el mal, sus lectores opten por seleccionar el bien, aun cuando parezca una debilidad o sientan que están haciendo algo absurdo. Tarde o temprano la bondad rendirá sus frutos a quien se decide pensar y hacer el bien.

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