El lenguaje de Dios

La Biblia dice en Job 26: 14 He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡Y cuan leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?

Job dialoga con sus amigos Elifaz, Bildad y Zofar su repentina desgracia. Ellos están casi seguros de que la calamidad que ha llegado a la vida de su amigo es resultado de algún pecado oculto. Su argumentación la basan en que Dios solo castiga a los malvados, en tanto que los justos nada les puede ocurrir. Algo totalmente equivocado.

El patriarca se defiende de estos argumentos y esgrime sus razones delante de ellos y en ocasiones directamente al Creador ante quien pide piedad y compasión deseando con toda el alma morir para dejar de sufrir tanto los dolores del alma por la perdida de sus hijos y los achaques físicos por la grave enfermedad que padecía.

Este piadoso quisiera comprender a Dios. Entender por qué vive lo que esta sucediéndole. Este piadoso desea con todo el ser asimilar lo que ocurre en su vida y nos ofrece en este verso una gran verdad que debemos tener presente siempre: el lenguaje de Dios para con los seres humanos es sencillo y complejo a la vez.

Job dice que los hombres pueden oír el leve susurro de Dios. Es decir, todas las personas aún aquellas que no tienen un relación estrecha con Dios saben distinguir cuando están recibiendo bendiciones. Ese lenguaje o ese susurro es fácil de comprender porque los bienes siempre traen alegría.

Dios nos habla a todos de forma suave y amorosa. El susurro es una manera delicada de dirigirse a otra persona. Contrasta con el ruido o hablar en voz alta. Dios suele hablarle así a la humanidad. Muchos entienden este lenguaje o forma de comunicarse, pero otros ni así logran escuchar al Señor.

Pero cuando su poder resuena como un trueno y su fortaleza se desborda en la vida de una persona, como fue en el caso de Job, que complicado resulta comprenderlo. Cuando Dios alza su voz para hacerse notar en medio de la vida de los seres humanos mostrando su poder ilimitado, entonces resulta complejo asimilar su grandeza.

Job había escuchado los susurros de Dios y ahora vivía oyendo su voz como de trueno. Lo primero lo entendió, pero la segunda le fue difícil porque el poder de Dios lo había arrasado. Job nos enseña que Dios habla de dos formas: suavemente o fuertemente. Pidamos que nos pueda ayudar cuando alza la voz y nos resulta difícil entender lo que está diciendo.

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