Animar para no desanimarse

La Biblia dice en Deuteronomio 1: 38 Josué, hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale.

Dios no dejó a Moisés entrar a la tierra prometida. Le anunció que solo la vería desde el Monte Nebo, pero que no ingresaría a ella, ni siquiera como un hebreo más y el encargado de instalar al pueblo de Israel sería Josué, quien la había servido en todo momento desde la salida de Egipto.

Al anunció de que solo vería de lejos la tierra que fluye leche y miel, Dios le agregó un mandato: debería de animar a Josué. El último encargo que Dios le dio a Moisés antes de morir fue animar a quien sería su sucesor y quien se encargaría de conducir a una nación que había sido la causa de que el gran legislador judío fuera excluido.

Cuarenta años de travesía por el desierto conduciendo a una nación rebelde y obstinada, pero a la que amaba Moisés, terminaba con un llamado a animar a un joven que se encargaría ahora de dirigir a esos millones de personas para luchar contra los pueblos que habitaban la tierra de Israel.

Moisés no tendría tiempo de desanimarse por no haber podido entrar a la tierra prometida. Dios utilizó a Josué para que Moisés no se desalentara hasta el último de sus días porque le pidió que se encargará de alentar a quien fue su mas cercano colaborador para la enorme tarea de introducir a los israelitas a la tierra prometida.

Animar a otros implica, necesariamente, estar animados. Moisés no tuvo tiempo de desalentarse. Este varón dedicó la parte final de su vida a estimular e impulsar a su apreciado servidor en momentos que posiblemente la tristeza embargara su corazón por no poder llevar a su pueblo al cumplimiento de la promesa divina.

Cuanta faltan hacen personas como Moisés que antes de pensar en sus pesares se aprestan a mantenerse firmes en su fe y de esa manera consolar a quienes tienen frente así grandes retos. Personas que anteponen los mandamientos de Dios antes que sus sentimientos o deseos con tal de que otros sean fortalecidos.

En días en lo que todos parecen descorazonados necesitamos fortalecernos en Cristo para animar y alentar a todos aquellos que comienzan proyectos o defienden planes que Dios les ha dado. No hay ni debe haber tiempo para desanimar a otros. Si hemos de hablar en estos momentos, debemos hablar palabras que estimulen a quienes nos oyen.

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