Hebreos 11: Enoc, una fe que agrada a Dios

Hebreos 11: 5-6

5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 

Introducción

El autor de la carta a los Hebreos se remonta al lejano pasado para hablarnos de un personaje llamado Enoc que junto con Elías comparten el honor de no haber visto muerte, debido a su piedad Dios se los llevó al cielo por una razón que esa carta nos revela: agradaron a Dios.

En estos dos versos encontramos tres veces la palabra traspuesto al referirse a Enoc. Parece que el autor esta empecinado en demostrar que Enoc no murió sino que partió con el Señor sin mediar la muerte como generalmente ocurre con todos los piadosos: una vez que expiran se encuentran con Dios, pero en el caso de Enoc no fue así.

Su fe interrumpió ese proceso natural. Pero no cualquier clase de fe, sino una fe que agrada a Dios. La confianza con la que Dios se complace. Enoc vivió de tal manera su existencia que Dios decidió hacer un portento, no permitiéndole conocer la muerte, sino que lo tomó para sí, vivo.

En los versos que hoy estudiaremos encontramos contrastado de manera muy clara quienes sí agradan a Dios y quienes no agradan a Dios. La fe es la que hace la diferencia. Con fe se agrada a Dios, sin fe es imposible agradar a Dios.

Enoc es mencionado solo tres veces en el Nuevo Testamento. En Lucas 3 en la genealogía de Jesús, en este pasaje que hoy estudiamos y en Judas 1:14. En este último pasaje se le menciona como el séptimo desde Adán que nos lleva a la genealogía de Génesis capítulo cinco.

Contrasta fuertemente el séptimo de Adán con el séptimo de Caín porque Lamec fue el número siete de la descendencia de Caín. Lamec fue el primer gran opositor de Dios en la tierra. Fue el primero en tener dos mujeres y fue también el primer gran blasfemo que negó a Dios y dijo que sería peor que Caín.

La comparación nos sirve grandemente para comprender lo que se dice de Enoc y lo que sucedió. En Génesis se nos dice que Enoc caminó con Dios.

Para mejor entender este pasaje nos será útil leer lo que dice Génesis 5: 22-24: 22 

Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas.  23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años.  24 Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. 

Enoc, entonces, caminó con Dios, según nos dice el libro de Génesis y por esa razón desapareció. Es interesante notar que todos lo que son mencionados en ese capítulo se subraya que murieron, pero al llegar con Enoc esa palabra no se utiliza. El autor de los Hebreos nos dice tres veces que fue traspuesto.

Otro rasgo que tenemos que subrayar es que fue un profeta de su tiempo. Así entendemos los que Judas 1: 14. Fue un hombre que proclamó la verdad de Dios en medio de una generación que desconocía a su Creador.

Una fe que se prueba y se aprueba

Enoc: Una fe que agrada a Dios

I. Conduce al cielo sin morir
II. Se practica convencidos de que Dios existe
III. Se ejerce con la seguridad de que Dios premia

Enoc agradó a Dios con su fe. Esa es la declaración con la que comienza el autor de los Hebreos la mención de este personaje descendiente de Adán y Set. La razón por la que agradó a Dios fue porque, según nos dice Génesis, caminó con Dios. La frase implica una relación estrecha con Dios. Y Génesis 5: 22-24 lo reitera dos veces.

La palabra “caminó” se debe entender como el andar de alguien que vive bajo la voluntad de Dios, bajo su sujeción o en obediencia. Se resalta la actitud de Enoc porque en su tiempo no había revelación escrita, es decir el conocimiento de Dios se transmitía oralmente de padres a hijos. No había otro mecanismo de transmisión de la fe.

Esos días eran difíciles porque muchos vivían sin conocimiento de Dios o a pesar de saber que habían un Señor del cielo y la tierra optaban por vivir separados de él. Eran más quienes vivían sin caminar con Dios que aquellos que a pesar de no ver a Dios lo seguían incondicionalmente como Enoc.

Fue tan intensa la relación entre Enoc y Dios que el Creador lo traspuso. No murió como algunos suponen por la frase desapareció. Si la palabra estuviera sola podríamos decir que en efecto en lugar de decir que Enoc murió se usó el verbo desapareció, pero la frase “se lo llevó Dios” indica que no murió.

Un alto honor reservado solo a personas de una gran piedad como el profeta Elías. Al igual que Enoc este profeta no vio muerte porque Dios se lo llevó en un carro de fuego y por más que buscaron su cuerpo no fue posible encontrarlo porque Dios lo había traspuesto, usando las mismas palabras con las que se habla de Enoc.

Hebreos nos dice que Enoc agradó a Dios. La palabra agradar procede de la raíz griega “euaresteó” que se traduce sencillamente como complacer o ser complaciente. La palabra solo se usa tres veces en todo el Nuevo Testamento y únicamente ocurre en la carta a los Hebreos.

La palabra denota a una persona que tiene toda la disposición de satisfacer a otra persona. En este caso Enoc tuvo la voluntad de rendirse incondicionalmente a Dios. Enoc alegraba a Dios con su conducta. Dios se contentaba de ver la piedad de Enoc, sobre todo porque vivía en medio de personas que no creían que Dios existiera.

La determinación de Enoc fue muy fuerte porque nunca será fácil mantener nuestra fe en medio de la oposición. Vivir de manera piadosa rodeado de malvados e impíos resulta sumamente difícil y el personaje del que hoy nos habla esta carta logró luchar contra corriente y además complació a Dios.

La fe de Enoc es un ejemplo para todos nosotros. Un reto y un desafío porque confió en Dios rodeado de malvados. Caminó con Dios cuando casi nadie o nadie quería tomar esa decisión y eso es lo que nos recuerda que la fe no tiene muchos practicantes, pero eso no debe importarnos, seguir a Dios implica sobreponernos a los incrédulos.

I. Conduce al cielo sin morir

El verso cinco del capítulo once de Hebreos dice así:

Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.

En este verso se usa tres veces la palabra “traspuesto”. La fe de Enoc hizo que fuera traspuesto para no ver muerte. Dios lo traspuso y antes de que Dios hiciera esa maravilla con él probó cabalmente que agradó a Dios. La palabra “traspuesto” procede de la raíz griega “metathesis” que significa transferir o cambiar de un lugar a otro.

Dios transfirió o cambió a Enoc de la tierra al cielo sin que mediará la muerte. Evidentemente fue un hecho sobrenatural. La regla general para toda la humanidad es que las personas mueran y luego esperen la resurrección de los muertos para ir con Cristo a la eternidad.

Pero en el caso de Enoc no ocurrió así. El fue transferido y transformado para ir al cielo por una gracia divina fuertísima. La fe lo llevó al cielo de una manera inusual. Dios se encargó de trasladarlo con el poder que tiene. Ese hecho nos habla de una persona que vivía en la tierra sin hacer diferencia alguna de cómo viviría en el cielo.

Enoc era una ciudadano del cielo habitando en la tierra. Enoc no espera ver a Dios para mejor vivir, sino vivía pensando que Dios lo veía y se conducía con tal justicia que complació a Dios durante su peregrinaje sobre la tierra.

II. Se práctica convencidos de que Dios existe

Después de decirnos que Enoc agrado a Dios, el autor de los Hebreos señala categórico que sin fe es imposible agradar a Dios. Alguien que no confía en Dios simplemente no puede agradarlo. Eso quiere decir que el Creador se agrada de personas que confían en él. Nada lo impresiona más que el tamaño de nuestra seguridad en él.

A Enoc se le reconoció haber creído que Dios existía en medio de la incredulidad de su generación. Cuando todos quienes lo rodeaban ponía en entredicho la existencia del Señor, él estaba completamente seguro de que Dios era real. Era un extraño en medio de una generación que ignoraba a Dios.

Para agradar a Dios es indispensable creer que existe y una vez que aceptamos esta verdad en nuestro corazón vivir de tal manera que él esta presente en todas las cosas que hacemos. Debemos dejarlo controlar nuestros pensamientos, nuestras emociones y dejarlo que gobierne todo aquello que tiene que gobernar.

Los que se acercan a Dios son los primeros convocados a creer que Dios existe. ¿Cómo acercarnos a alguien que simplemente no es? Uno no puede ni debe acercase al Dios del cielo y la tierra sin estar seguros de que al invocarlo él se manifestará con su portentosa gloria y mostrará su poder.

Esta es una necesidad, algo obligatorio. Nadie puede buscar a Dios si no está convencido de que es real y vuelve su rostro a quienes le llaman.

III. Se ejerce con la seguridad de que Dios premia

Dios premió a Enoc llevándoselo vivo de la tierra al cielo. Dios siempre galardona a quien confía en él. Pero primero se ha de confiar en Dios y luego él premiará esa confianza. Nunca será a la inversa. Hay mucha gente que primero quiere ver un milagro antes de confiar completamente en Dios.

El incrédulo dice: Señor si tu haces esto o aquello o me das estas cosas, entonces yo te serviré o me entregaré. El hombre de fe ora así: Señor yo haré todo lo que me pidas, hagas o no hagas lo que espero porque te sirvo por lo que eres y no por lo que haces. Dios reconoce la fe siempre y galardona a sus hijos que confían en él.

Un comentario en «Hebreos 11: Enoc, una fe que agrada a Dios»

  • el 29 julio, 2020 a las 07:09
    Enlace permanente

    Elias y Enoc nos enseñan como se puede vivir con fe y creer en nuestro,Dios altisimo .
    Tenemos que caminar en obediencia, sencillez y ser personas amorosas en el señor para poder ser aprobados y poder ganarnos la corona que es la vida Eterna.

    Respuesta

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: