Verdadera adoración

La Biblia dice en Juan 4: 20

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es lugar donde se debe adorar.

Ya más apaciguada por ser un judío quien le pidiera agua en el pozo de Jacob de Samaria, luego de descubrir que estaba ante un profeta que le había dicho todo lo que había sido de su vida sin intimidarla, sin juzgarla y sobre todo sin condenarla, la mujer samaritana ofreció a Jesús un atisbo de su intención de adorar a Dios.

En sus palabras expresó el desencanto que le produjo el hecho de que cuando los samaritanos intentaban adorar a Dios en su propia tierra, los judíos les hacían ver que estaban equivocados, que Dios no los oiría porque el monte sagrado estaba en Sion donde se asentaba Jerusalén, la capital del gran Rey.

Esa confusión provocó que ella y muchos samaritanos desistieran en su intención de acercarse a Dios. Para qué hacerlo si todas maneras Dios no los oiría porque Dios solo escuchaba a los que lo hacían en Jerusalén y todos los samaritanos jamás podrían llegar allí debido a la discriminación que sufrían de los hebreos.

Que difícil y desalentador resulta pensar que hay un solo lugar donde el Señor oye y todavía más complicado es pensar que solo escucha a unos cuantos y no a todos. Desanima profundamente invocar a un Dios que tiene un lugar y un pueblo exclusivo y que hagas lo que hagas no te oirá.

Jesús escuchó el corazón de esta mujer que se parece mucho al de nosotros en estos días. Tal vez pensamos que por estar enfrente de una computadora oyendo y viendo alabanzas y escuchando sermones Dios no nos oye o que estamos afrentando su santidad y eso hace zozobrar nuestro corazón.

Pero Jesús consoló el alma atribulada mujer y también el de nosotros cuando le dijo que había llegado la hora cuando los verdaderos adoradores adorarían al Padre en Espíritu y verdad.

Eso significa que no será un lugar ni será un grupo exclusivo quienes puedan adorar a Dios, sino todos aquellos que con sinceridad lo busquen y con un corazón dispuesto invoquen su santo y bendito nombre. Dios mira siempre el corazón y se goza cuando lo encuentra lleno de gratitud a su persona.

Por supuesto que será importante tener un lugar para reunirnos, pero nunca será definitivo ni el único lugar para invocarlo. Será suficiente levantar nuestro corazón donde quiera que estemos y con toda el alma llamarlo, que seguramente él acudirá en nuestro auxilio.

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