Eclesiastés: El conocimiento decepciona al hombre

La Biblia dice en Eclesiastés 2: 11-17

11pero al observar todo lo que había logrado con tanto esfuerzo, vi que nada tenía sentido; era como perseguir el viento. No había absolutamente nada que valiera la pena en ninguna parte. 12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. 13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas. 14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. 15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. 17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

Introducción

Salomón se sincera con sus lectores y manifiesta su enorme desilusión y su absoluto estado de decepción al encontrar o descubrir que por más sabiduría que atesore, por más grande que sea su intelecto para lo cual se ha esforzado muchísimo, morirá como muere una persona que jamás cultivó el conocimiento.

Es tanto su desencanto que Salomón dice que aborrece la vida cuando se da cuenta que a pesar de todo el conocimiento que acumule al final de cuentas morirá al igual que quien vivió sin conocimiento o de manera necia. Al final del día nada los diferenciará. Ambos desaparecerán físicamente.

El rey de Israel declara su fastidio ante esta verdad y reitera que la experiencia humana sobre la tierra es vanidad y aflicción de espíritu. Le resulta insoportable la verdad que descubrió: muchos hombres que ponen todo su esfuerzo en adquirir grandes conocimientos tienen el mismo fin que aquellos que ni siquiera desearon conocer.

Salomón comienza a partir de aquí a plantear las grandes contradicciones que se presentan a lo largo de la vida de los seres humanos. Primero en el área del conocimiento, pero hará lo mismo con el tema de las riquezas y el placer. Salomón nos presentará sus primeras conclusiones.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

V. El conocimiento lo decepciona 

I. Aun cuando es como la luz en las tinieblas
II. El sabio y el necio morirán
III. No habrá memoria ni del sabio ni del necio

Salomón se lamentó cuando se percató que el conocimiento por más profundo, amplio o extenso que sea no logra evitar hechos o sucesos que acontecerán a todos los seres humanos, como la muerte. Un hombre inmensamente sabio se dio cuenta que el conocimiento tiene sus límites.

Cuando eso sucedió se sintió sumamente contrariado. Porque comprendió que ni siquiera el conocimiento puede satisfacer esa profunda necesidad interna que tienen los seres humanos porque de ningún modo resuelve la insatisfacción permanente que atraviesa su corazón.

El autor del Eclesiastés se siente desengañado, frustrado, desilusionado y disgustado cuando mira que los hombres sabios terminan en un panteón igual que terminan aquellos que no se dedicaron a cultivar su intelecto como él. Al sabio y al necio los espera de igual modo la muerte.

I. Aun cuando el conocimiento es como luz en las tinieblas

A pesar de la frustración que llena su alma, Salomón no dice que el conocimiento sea malo y por ello lo rechace o lo desprecie. De ningún modo. El conocimiento es útil y debe buscarse, pero solo como un medio para aprender, pero no como un fin o como la panacea de los males de los hombres.

Para llegar a esa conclusión Salomón no solo se dedicó a cultivar su conocimiento, sino también a ver los desvaríos y la necedad que son los extremos opuestos de la sabiduría para poder compararlos y sacar conclusiones sobre las diferencias abismales entre ambas condiciones.

Cuando algunos leen el texto que estamos estudiando, piensan que Salomón está autorizando desentendernos del conocimiento o está argumentando a favor de la ignorancia. De ninguna forma. Por eso dice que el conocimiento es como luz en las tinieblas, una expresión que nos ayuda a entender que conocer es mejor que ignorar.

Sirve este punto para recordar siempre que la ignorancia es más cara que el conocimiento. En la era del conocimiento es imposible justificar no aprender. Existen muchos medios para conocer temas y materias que hasta hace unos años parecían inalcanzables. Aprender para conocer es un imperativo.

El que estudia y adquiere conocimiento y ese conocimiento lo puede ayudar. Es una verdad innegable. Salomón lo compara como una persona que puede utilizar el sentido de la vista, mientras que una persona que carece de conocimiento es como alguien que camina sin poder ver.

El rey sabio dice que el hombre con conocimiento tiene sus ojos en su cabeza, una manera de señalar el entendimiento de quienes aprenden y buscan conocer. Es una frase que trata de resaltar la diferencia entre un sabio y un necio. La ignorancia es la madre de todas arbitrariedades.

Decir que la sabiduría es vanidad, no es un menosprecio absoluto por el conocimiento, sino una severa crítica al hecho de hacer del conocimiento un “dios” para el que se vive exclusivamente sin disfrutar lo que Dios ha hecho por nosotros. El conocimiento tiene una utilidad por supuesto, pero no sirve para resolver el dilema del ser humano.

II. El sabio y el necio morirán

Esta es la grave conclusión que hace Salomón. Esta es su desilusión. ¿De qué sirve saber mucho? Eso no hará posible saciar el hambre y sed interna que tienen los hombres y las mujeres. Y además no lo salvará de morir como una persona que no adquirió conocimientos.

El verso quince de nuestro estudio dice así:

Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

En su pregunta: ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio?, el rey de Israel nos presenta el gran problema que los seres humanos enfrentan cuando se dan cuenta que su esfuerzo de vida no tiene o no alcanza el valor que le dieron y en consecuencia llega la frustración.

Salomón se siente frustrado. La verdad de que el sabio y el necio morirán, independientemente de si saben o no, de si conocen o no lo llenó de tristeza. Ellos morirán y eso lo contraría en demasía porque él ha dedicado mucho tiempo de su vida en conocer y saber. Ha gastado neuronas y otros no. Qué caso tiene todo su esfuerzo.

Reconoce que esa realidad es una vanidad o una desilusión que lo atormenta gravemente y que le hace aborrecer la vida.

Dice Salomón que es vanidad saber o reconocer que al sabio y al necio lo espera la muerte. Qué tremenda desilusión para un hombre que se entregó en cuerpo y alma a cultivar su intelecto. Se siente decepcionado porque le resulta muy triste saber que su esfuerzo no hizo la diferencia.

III. No habrá memoria ni del sabio ni del necio

El verso dieciséis dice así:

Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

La muerte además de separación entre los vivos y los muertos es olvido. Salomón lo sabe. Los seres humanos suelen olvidar con facilidad. La desaparición física de las personas conduce a su extinción en el sentido absoluto del término. Los panteones llenos de tumbas abandonadas son el mejor testimonio de esta verdad.

Evidentemente hay excepciones y hay personas que por todos los medios buscan que sus seres queridos permanezcan en su memoria y en algunos casos procuran que la sociedad no los deje en el olvido. Pero de no ser así nadie se acuerda de nadie y cuando se acuerdan lo hacen en determinado momento, no siempre.

El sabio y el necio correrán la misma suerte. Serán olvidados. El necio claro que no aportó nada y no merece ser recordado, pero el sabio que dedicó su vida a adquirir y difundir conocimiento ¿por qué habrá de correr con la misma suerte que quien no aprendió nada durante su existencia?

Esto produjo en Salomón una profunda frustración al grado que dice que aborreció la vida. Otras versiones traducen este texto así: “Llegué a odiar la vida, pues todo lo que se hace en este mundo resultaba en contra mía.”

No es para menos pensar que todo el esfuerzo que se hace para lograr algo no tenga valor llena de mucha desilusión a todos. La decepción puede ser tan profunda que nos haga resentirnos contra la propia existencia.

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