Eclesiastés: el fruto del trabajo del hombre es incierto

La Biblia dice en Eclesiastés 2: 18-23

18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. 19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad. 20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría. 21 !!Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande. 22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol? 23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

Introducción

Después de plantear lo vano del placer y la sabiduría en la vida de los seres humanos, Salomón nos acerca al tema de las riquezas o el trabajo afanado del hombre para hacerse de bienes sin saber el destino final de ellos. El rey de Israel declara que aborreció todo su trabajo y su corazón se llenó de desesperanza.

En los versos que leemos para nuestro estudio encontramos de nueva cuenta a un Salomón decepcionado, desilusionado y completamente desencantado. No es casual que repita en tres ocasiones que “Esto también es vanidad” y agregue que es un mal muy grande. En seis versículos describe su estado de ánimo y sus conclusiones acerca de un tema fundamental.

Salomón nos dijo en los primeros versos del Eclesiastés que se había hecho de muchas riquezas. Así enlistó todo lo que materialmente logró:

1. Engrandecí mis obras
2. Edifiqué casas para mí
3. Planté viñas para mí (con huertos, jardines, árboles de todo fruto y estanques de agua)
4. Compré siervos y siervas
5. Tuve ganado (vacas y ovejas)
6. Me amontoné plata y oro
7. Tesoros preciados de reyes

Pero a la hora de hacer el corte de caja llega a una penosa y triste conclusión, una conclusión que nos sirve como marco para nuestro estudio de este día: 

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque es incierto el fruto del trabajo

A. Por eso aborreció su labor
B. Por eso su corazón se lleno de desesperanza

Salomón se sintió profundamente vacío cuando contempló todo lo que había logrado gracias a su trabajo con el que se afanó y al que le dedicó no solo su esfuerzo físico, sino aún la sabiduría. Observó lo que ocurre cuando una persona con muchos bienes muere.

Ese es el planteamiento que nos presenta en estos versos. Un planteamiento muy útil para evitar que terminemos frustrados cuando lleguemos al final de nuestros días. Pero también para dirigir correctamente nuestros esfuerzos físicos durante nuestro paso por la tierra a fin de disfrutar nuestra vida.

Tenemos muchas historias de las que Salomón habla. Hombres que se esforzaron en vida y dejaron a sus descendientes mucho dinero, pero una vez muertos su riqueza se esfumó por un mal manejo o porque sencillamente ya no hubo alguien que tuviera cuidado con lo que recibió.

Grandes empresas y compañías, pequeños negocios familiares y hasta modestos talleres levantados con mucho esfuerzo por sus propietarios se han extinguido de manera casi inmediata una vez que desaparece el propietario o el creador del bien. Eso Salomón lo descubrió hace uno tres mil años y se llenó de desilusión.

A. Por eso aborreció su labor

En hebreo la palabra “aborrecí” procede de la raíz “sane” que se usa para referirse al odio o gran desprecio, pero también para señalar a los enemigos. Odio y enemigos son dos palabras que se origina de esa raíz. Salomón dice que aborreció toda su labor en la que se había afanado debajo del sol.

La expresión puede traducirse también así: Consideré como mi enemigo todo mi labor o mi trabajo que hice debajo del sol. Salomón descubrió como un enemigo suyo el afán y la ansiedad con la que se había ocupado para hacerse de sus bienes y riquezas. Pero ¿Por qué llegó a este punto?

La respuesta la encontramos en dos razonamientos que hizo:

1. Tendrá que dejarlo a otro

Definitivamente a la muerte de una persona todos sus bienes pasan a sus hijos, sus yernos, nueras, nietos y bisnietos. Nadie se puede llevar nada de toda su riqueza con la que levanta en esta tierra. Job un hombre inmensamente rico dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allí.

Es una ley inexorable e inevitable que el hombre ceda voluntaria o involuntariamente sus bienes a su muerte. Algunos lo hacen un poco antes si padecen alguna enfermedad que los hace perder sus facultades mentales o físicas. Nadie puede ir contra eso. Todo el esfuerzo para hacerse de dinero llegará a su fin.

Salomón se dio cuenta que sus contemporáneos morían y todos sus bienes acumulados pasaban a otros y supo que él moriría y sus bienes tendrían que pasar a otros voluntaria o involuntariamente y eso desgarró su corazón porque junto con la verdad de que tendría que dejar a otro sus bienes, surgió otra pregunta.

2. ¿Será sabio o necio el heredero?

El rey de Israel sabía que su heredero se enseñorearía de su legado material y se cuestionó si sería sabio o sería necio. Aunque fuera sabio, es un hecho que sin haberse esforzado mucho recibiría bienes que fueron obtenidos con mucho trabajo y mucho dolor. Ser sabio no eximía a Salomón de la angustia de dejar a otro su dinero.

Pero si su heredero resultaba un necio, los resultados serían catastróficos porque todo el esfuerzo para hacerse de bienes de parte suya, se perdería al dilapidarlos o descuidarlos y entonces todo el esfuerzo y toda la sabiduría empleada para obtenerlos resultaría simplemente sin sentido.

Era una situación apremiante para Salomón. Construir y construir para que quien se quede con el fruto de su trabajo lo dilapide o extinga sin el menor recato o sin la menor consideración de que fueron obtenidos con muchos trabajo eso si que es, como lo dice el autor de Eclesiastés, vanidad.

B. Por eso su corazón se lleno de desesperanza

La palabra desesperanza que usa Eclesiastés procede de la raíz hebrea “yaash” que se traduce como abatimiento por falta de esperanza. El autor de Eclesiastés se siente sin ganas cuando descubre que además de que dejará sus bienes y que no sabe si será a una persona sabio o necia quien reciba todo, además el heredero será alguien que nunca trabajo en ello.

Esto lo lleva a una situación insostenible dentro de sí mismo. Alguien que no sufrió, ni se desveló, ni padeció necesidades, se hará de la hacienda de un hombre que se afanó y ocupó con esfuerzo y dedicación.

Salomón dice que esto es vanidad y agrega que es “un mal grande”. Transferir todo el esfuerzo de uno a otra persona no siempre resulta bueno. Ejemplos sobran. Hijos irresponsables, sobrinos o familiares sin el menor sentido de responsabilidad y en algunos casos hasta carentes de gratitud.

1. Porque no encuentra provecho

Con una interrogante Salomón se cuestiona sobre los beneficios que trae consigo entonces tener muchos bienes. La fatiga y afán para alcanzarlos son a veces tan altos que lo que se obtiene muchas de las veces no paga todo lo que se pierde por alcanzarlos. Eso lo llena de congojas.

¿Dónde está, entonces, el provecho? ¿De qué sirve acumular y acumular? ¿Dónde esta el sentido de todo lo que se hace?

2. Porque la vida del hombre es difícil

El paso del hombre sobre la tierra está lleno de dolores y su trabajo es molestia. Estas dos verdades pesan en el corazón del rey sabio de Israel. Se sufre para alcanzar las metas y propósitos. Se padece toda clase de contrariedades durante la existencia humana y de paso el trabajo tiene sus molestias.

A veces ni siquiera las noches son de descanso. Por eso su corazón está abatido y reconoce que esto también es vanidad.

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