Una salvación por fe

La Biblia dice en Romanos 3: 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley.

Siempre será importante leer y releer la Carta a los Romanos porque a mi juicio es la piedra de toque respecto a las doctrinas más relevantes del cristianismo, lo que nos permite valorar y estimar muchísimo nuestra salvación en Cristo porque en ese documento Pablo explica la relevancia de la fe y su aplicación entre los gentiles.

Para Martín Lutero esa epístola fue fundamental para la revolución teológica que encabezó en el siglo XV porque el texto de Romanos 1: 17 “Mas el justo por la fe vivirá” caló profundamente el atribulado corazón del monje agustino al vivir una fe basada en obras, las cuales fueron incapaces de quitarle el sentido de culpa y condenación que los atosigaba.

En los primeros capítulos de la epístola Pablo explica y esclarece la condición de los judíos y la ley frente a Cristo. Los judíos son el pueblo de Dios. El pacto de Abraham con ellos quedó sellado mediante la circuncisión, pero fue posterior a la justificación del patriarca que primero le creyó a Dios o tuvo fe y de inmediato fue justificado.

La ley hebrea es buena si se usa legítimamente dice Pablo y uno de sus usos legítimos es haber sido el hayo o tutor que nos llevó a Cristo y una vez encontrados con Cristo los judíos dejaron de vivir por obras para desarrollar su fe a través de la obra salvífica de Cristo Jesús en la cruz en lo que es una de las grandes columnas sobre la que descansa la nueva vida.

La fe se convierte de esta manera en la única manera de ser justificados o recibir la salvación y no la condenación que viene por causa del pecado. El creyente ha quedado liberado para siempre de ese error de pensar que con lo que hacía alcanzaría el cielo. La salvación es gratuita y viene de creer y aceptar a Dios en nuestras vidas.

¿Entonces no tengo que hacer nada para salvarme? Nada. Nosotros no podemos salvarnos. Lo que si podemos y debemos hacer son obras como resultado de nuestra fe. Como decía Santiago no podemos decir tengo fe y no obrar o hacer nada. Pero tampoco podemos decir tengo obras y así demuestro mi fe.

Nuestra redención tiene como base la fe. Nada más. Todo lo demás es resultado de confiar en Dios y cuando digo todo lo demás me refiero a los dones y talentos, bendiciones y galardones que Dios nos ha dado. Pablo nos recuerda en este texto que todo es obra de Dios y que nosotros en realidad éramos inmerecedores de tanta gracia.

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