A Jesús lo quisieron apedrear

La Biblia dice en Juan 10: 31 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.

El evangelio de Juan registra en dos ocasiones la intención de los judíos de apedrear a Cristo. La primera la encontramos en Juan 8: 59 que dice así: Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.

La primera ocasión en que se violentaron contra Cristo ocurrió cuando les dijo: Antes que Abraham fuese, yo soy, lo que les resultó “blasfemo” y fuera de toda proporción teológica porque le argumentaron que no tenía ni cuenta años y como podía decir que había visto al padre de la fe. Y procedieron a atacarlo arrojándole rocas.

En esa ocasión se escondió y los dejó con las ganas de lapidarlo como era su intención bajo a la acusación de blasfemia. La segunda ocasión en que intentaron hacer lo mismo sucedió cuando les dijo que él y el Padre era una misma persona. Fue demasiado para ellos que se hiciera igual a Dios y de nueva cuenta lo amagaron con matarle arrojándole piedras.

Mientras leía estos pasaje meditaba la contrariedad que atravesaba el corazón de nuestro bendito Salvador ante la incomprensión de sus coterráneos, quienes nunca quisieron entender su mensaje. Los cegaba el hecho de saber que era un galileo. A cualquier argumento a favor de él de inmediato argüían que de Galilea no hubo nunca profeta.

Si ni siquiera aceptaba que fuera un profeta, menos iban a aceptar que fuera el Mesías y su odio contra él lo expresaron una y otra vez. Cada que pudieron le manifestaron su rechazo, pero nuestro Señor siguió compartiendo su mensaje para dejarnos un gran ejemplo de resistencia y perseverancia.

A Jesús lo quisieron linchar por predicar y hacer el bien. Pero él se mantuvo fiel a su llamado dejándonos a todos nosotros un imperecedero referente cuando el mundo nos maltrata o cuando sufrimos. Las contrariedades que padeció nos alientan día a día cuando pensamos que nadie sufre como nosotros.

Nuestros dolores ante la incomprensión de nuestra fe por amigos, compañeros de trabajo, vecinos y familiares es poca cosa porque al Maestro lo trataron de matar a pedradas por predicar y no se quejó. Que demostración de paciencia ante un mundo hostil que se negó a aceptarlo y recibirlo.

Cuando sentimos que no podemos más con las cargas que nos ha tocado llevar o cuando creemos que nadie ha pasado lo que nosotros estamos pasando o cuando a nuestra mente llega la idea de que nos ha tocado lidiar con situaciones que solo nosotros vivimos, volteemos los ojos a Jesús y seguro encontraremos comprensión y fuerzas para seguir.

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