Eclesiastés: El hombre debe disfrutar de sus afanes

La Biblia dice en Eclesiastés 2:24-26

24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. 25 Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? 26 Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Introducción

Después de decir que el hombre no encuentra en el conocimiento, las riquezas y el placer el sentido de la vida y luego de llevarnos a pensar en que al final de la existencia la desilusión por haber perseguido esas actividades humanas hace que el hombre se sienta frustrado, Salomón nos presenta la conclusión de lo que debe hacer el hombre en su vida.

La idea presentada en el verso 24 se repite cuatro veces a lo largo de todo su discurso. El sinsentido del placer, la vanidad de las riquezas y lo vano del conocimiento, solo pueden ser evadidos o superados a través de Dios. 

Es importante señalar que la recomendación de alegrarse y disfrutar de sus afanes con Dios aparece en los siguientes versos: 3: 12-13, 5: 17, 8: 15 y 9: 7. Salomón ha mirado y ha descubierto que el desencanto del hombre puede reducirse significativamente si Dios interviene en su vida, particularmente en su búsqueda de sentido.

Porque si ni el placer, ni el conocimiento, ni las riquezas logran darle sentido a la vida de los seres humanos, entonces, ¿qué hacer?, ¿dónde buscar la razón de vivir?, ¿a qué dedicarnos?, ¿en dónde encontrar la realización plena sobre esta tierra?, ¿a quién o a qué recurrir para no vivir sin sentido?

Justamente estos versos nos ayudan a entender y comprender la forma en la que el hombre puede vivir debajo del sol para al final de sus días no terminar ni decepcionado ni triste. Es una especie de gran conclusión, sin que eso signifique el fin del discurso porque después de esta primera mención del verso, Eclesiastés sigue mirando la vanidad de la vida del hombre.

La primera de muchas verdades que aprenderemos en el libro de Eclesiastés es que Dios no está ni reñido con el placer, el conocimiento o las riquezas, siempre y cuando ellas no separen al hombre de su Creador. Salomón escribe este libro desde la perspectiva donde el hombre se afana por vivir a su manera sin Dios y eso lo define como una gran vanidad.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno 

VII. Por eso debe disfrutar de sus afanes

A. Su alma debe alegrarse
B. Es parte de la voluntad de Dios
C. Una vez que ha agradado a Dios

A. Su alma debe alegrarse

En un mundo tan desolador, donde nunca se sabe qué será del día mañana la recomendación que Salomón da a sus escuchas es que se alegren. Es una invitación a disfrutar la existencia comiendo y bebiendo, sin que eso signifique un llamado al hedonismo porque la alegría de la que habla es la que tiene como referente a Dios.

Lo que nos abre paso para recordar que Dios es un Dios de alegría. No quiero decir que el Señor viva carcajeándose, lo que quiero decir es que una y otra vez en la Escritura encontramos siempre la convocatoria para alegrarnos en el Creador. Cuando su pueblo se entristecía Dios lo llamaba a alegrarse. (Nehemías 8: 10).

Salomón nos dice en el verso veinticuatro lo siguiente:

No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo.

Me gusta como traduce este verso la versión Biblia de Jerusalén que dice de la siguiente forma:

No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas.

Ambas traducciones nos acercan mejor a la conclusión que nos presenta Salomón. En medio de un mundo desolador donde todo los días del hombre son dolorosos y su paso por el mundo es penoso y ni aún de noche su mente descansa, como dice el verso veintitrés, la humanidad debe disfrutar el fruto de su afanoso trabajo.

La frase “comer y beber” debe entenderse como un llamado a degustar placenteramente una buena comida y no un exceso. De lo contrario Salomón estaría llevando a sus lectores al placer que solo enloquece. Disfrutar el fruto del trabajo será grato cuando dejamos que Dios nos acompañe en esos momentos.

B. Es parte de la voluntad de Dios

La última parte del verso veinticuatro dice así:

También he visto que esto es de la mano de Dios.

Salomón dice que el Señor no está en desacuerdo con quienes disfrutan de la obra de sus manos. A Dios no le desagrada que las personas puedan gozar con el resultado de la labor de sus actividades materiales.

Por supuesto que esto será difícil para quien ha expulsado de su vida a Dios. Por eso lo que en realidad está diciendo el Predicador es que los hombres deben dejar intervenir al Creador en sus vidas para que puedan hacer un alto a su afán al momento de dar paso al disfrute de lo que han hecho.

El verso veinticinco lo confirma. En la Nueva Versión Internacional ese texto dice así:

¿Por qué quién puede alegrarse, si no es por Dios?

Esta versión discrepa con la Reina Valera 1960 es una realidad. Pero lo hace porque algunos manuscritos en lugar de decir “mejor que yo”, dicen “por Dios”.

Por el contexto parece más apropiado la traducción de la Nueva Versión Internacional porque el tema central que Salomón viene escribiendo es justamente disfrutar de lo que Dios nos ha dado y eso lo debemos hacer recordando o teniendo presente que solo lo que Dios nos da es eterno porque Dios es eterno.

Salomón nos ha dicho que el hombre busca en el placer, el conocimiento y las riquezas lo que llene su alma y nada de eso lo logra hacer. Propone entonces que el hombre se alegre, pero ahora permitiendo a Dios el ingreso a su vida para que de esa forma cobre sentido su paso por la tierra.

Cuando Dios puso a Adán en el huerto del Edén lo puso para disfrutar su creación. Podía disfrutar de todo, solo con una restricción: prescindir del fruto prohibido. El pecado hizo que el trabajo se convirtiera en una pesada carga para todos. «Con el sudor de tu frente harás producir la tierra», le advirtió.

Lejos de Dios la vida del hombre transcurre en medio de la vanidad, la desilusión y la sin razón y todo le resulta sin sentido. Por eso el Eclesiastés dice que no hay nada mejor que disfrutar los logros que alcance con Dios. Disfrutar lo que se obtiene de nuestros afanes forma parte de la voluntad de Dios.

Y todo aquello que es la voluntad de Dios tiene el bendito beneficio de disfrutarse y llenar el corazón del hombre. Dios jamás estará reñido con que sus criaturas la pasen bien con el resultado de su trabajo. Es lo único que se puede hacer en medio de un mundo marcado por la vanidad.

C. Una vez que ha agradado a Dios

Dice el verso veintiséis así:

Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Salomón nos dice con toda claridad que no todos los seres humanos pueden disfrutar gratamente el fruto de su trabajo. En realidad esa posibilidad o esa bendición es un don que Dios otorga. No es que de la noche a la mañana un hombre afanado en lo que hace, diga voy a disfrutar lo que he logrado.

No. Salomón explica que es una capacidad divina la de sentarse a comer y beber placenteramente. Dios es el que permite que ese tiempo sea un tiempo de regocijo para quien le ha agradado.

En estos versos Salomón hace un contraste entre quienes agradan a Dios y quienes no le agradan o los pecadores. A quien agrada a Dios, el Señor mismo le dará sabiduría, conocimiento y alegría, pero al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar bienes para dárselo al que agrada a Dios.

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