Constancia en medio de las dificultades

 La Biblia dice en Santiago 1: 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna

 

Santiago, hermano de nuestro Señor Jesucristo, le escribe a creyentes judíos del primer siglo, para animarlos a seguir adelante en medio de grandes dificultades para ejercer su fe entre los de su propia nación. Les escribe cuando en Jerusalén todavía se hacen sacrificios y el judaísmo sigue tan vigente con todas sus ceremonias y preceptos. 

 

Y lo que es peor, el cristianismo parece una secta y como tal es perseguida donde se planta, no solo por los propios israelitas, sino también por los emperadores romanos que ven con recelo el crecimiento de esta nueva fe en todo su imperio. Son mal vistos por judíos y romanos lo que resulta para ellos sumamente complicado. 

 

A ello hay que agregar las dificultades propias de la vida como enfermedades, carencias materiales y problemas de toda índole. En esa condición los encuentra Santiago y por eso se dispone a escribir esta carta que comienza con un llamado a la alegría en medio de las grandes tribulaciones. 

 

Les pide que se sientan dichosos en medio de las dificultades sabiendo que la prueba de la fe produce paciencia. Las dificultades acrisolan la confianza, les enseña. Les lleva a reflexionar que es necesario comprender que los sufrimientos por causa de la fe tienen un propósito muy definido: pulir sus convicciones y certezas cristianas. 

 

Y justamente como requisito para que eso ocurra deben tener “la paciencia su obra completa”. La Nueva Versión Internacional traduce esta frase así: “Y la constancia debe llevar a feliz término la obra.” En tanto que la Traducción al lenguaje actual de la Biblia dice así: “deben resistir la prueba hasta el final”.

En otras palabras Santiago le pide a sus lectores y en consecuencia nos pide a nosotros que nos mantengamos constantes y que resistamos para terminar la prueba. Nos solicita vehemenemente que no desmayemos ya que la prueba tarde o temprano acabará y si nos mantenemos firmes llegaramos a la madurez. 

La madurez cristiana es la gran aspiración que Dios tiene para con sus hijos. Como padres sabemos lo que eso significa. Deseamos hijos que sean capaces de conducirse con madurez y que cuando alcancen la mayoría de edad sean capaces de asumir sus responsabilidades y dejar sus actitudes infantiles propias de sus primeros años. 

De igual modo, Dios quiere que nosotros seamos lo suficientemente maduros y eso pasa inevitablemente por permanecer constantes en medio de las tribulaciones que prueban nuestra fe. 

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