Salmo 20: Una súplica para que Dios preserve nuestra vida

La Biblia dice en el Salmo 20:

Al músico principal. Salmo de David. Jehová te oiga en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. 2 Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. 3 Haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto. Selah 4 Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo. 5 Nosotros nos alegraremos en tu salvación, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; conceda Jehová todas tus peticiones. 6 Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. 7 Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. 8 Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. 9 Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.

Introducción

La posesión de la tierra prometida fue a través de grandes conflictos bélicos. Los judíos tuvieron que conquistar la tierra prometida y para ello requirieron pelear y luchar contra enemigos poderosos. Decenas de reyes cayeron en manos de los hebreos encabezados por Josué. Los jueces lucharon contra monarcas que sometieron a Israel.

En el Antiguo Testamento da cuenta de esas guerras y batallas. En el tiempo de los reyes, los conflictos continuaron y en su tiempo David enfrentó grandes enemigos que trataron de subyugar a los israelitas. Peleó duro contra los filisteos, siempre bajo la dirección divina. Siempre confiando en que eran batallas del Señor y no suyas.

El salmo veinte es de la autoría de David, un rey guerrero. Un monarca valiente que sabía que el valor no era suficiente para salir a la guerra. La oración de este salmo es una gran reflexión de que a pesar de saber que Dios está con nosotros debemos implorar su auxilio al salir a la guerra.

Es una plegaria construida para que la recitará el pueblo justo antes de salir a la guerra. En ella se expresa lo que esperan y desean que el Señor haga con el rey y con los soldados que salen a la batalla. Es un salmo antifonal. Una parte la recita el pueblo y otra parte el rey que sale a la batalla.

Para comprender su significado debemos tener presente que David entendía perfectamente el miedo y el temor que se apoderaba no solo de los combatientes y soldados, sino de las familias que se quedaban a la espera de un hijo, un hermano, un esposo o un papá.

El salmo está diseñado para rezarse o recitarse cuando los grandes enemigos de nuestra vida desean vernos fracasados, hundidos en la desgracia, marchitos en la desesperanza y consumidos por la derrota. Está construido para suplicarle encarecidamente a Dios que nos libre de la muerte.

Salmo 20: Una súplica para que Dios preserve nuestra vida

I. Apelando a su acompañamiento
II. Con la seguridad de que nos ayudará
III. Con el compromiso de que pelearemos con valentía

Nada más peligroso en la vida que salir a la guerra. Las historias que hemos leído en libros o visto en películas nos estremecen cuando se presenta ante nosotros la salida de miles de soldados a los frentes de batalla y el regreso de uno cuantos porque la guerra es así.

Eso la sabía perfectamente el rey David. Nadie como él que desde su diecisiete o dieciocho años estuvo en la guerra, enfrentando al paladín de los filisteos, Goliat, quien lo superaba no solo en edad, sino también en estatura, fortaleza y experiencia en esas lides.

¿Cómo no encomendarse a Dios en esos momentos de gran peligro, cuando la única certeza que se tiene es la de salir, pero no saber si volverá? Esa verdad la tenían claro los judíos que establecieron una serie de requerimientos para quienes tenían que salir a luchar por su pueblo y por su libertad.

En Deuteronomio 20: 5-9 encontramos las siguientes palabras para quienes iban a la guerra:

Y los oficiales hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la estrene. 6 ¿Y quién ha plantado viña, y no ha disfrutado de ella? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la disfrute. 7 ¿Y quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y algún otro la tome. 8 Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo. 9 Y cuando los oficiales acaben de hablar al pueblo, entonces los capitanes del ejército tomarán el mando a la cabeza del pueblo.

Una vez hecha esta depuración de quienes iban a la guerra se procedía a realizar el rezo del salmo veinte para alentar a los guerreros que iban a pelear por su patria y por su libertad.

I. Apelando a su acompañamiento

El salmo está escrito para leerse entre los soldados y el rey que en esa época era el general de los ejércitos. De esa manera entendemos correctamente los pronombres personales que se utilizan. Hablan los soldados y habla el rey. El monarca lo hace únicamente en el verso seis y en todos los demás versos lo hacen los guerreros y el pueblo.

Los soldados, sacerdotes y levitas piden por su rey para que Dios lo acompañe. Encontramos en todos los versos al menos ocho peticiones que le hacen a Dios por su general o rey. Ocho solicitudes o ruegos para que Dios se compadezca de él y en consecuencia de ellos que son los que enfrentarán a los enemigos de Israel.

Todo el pueblo reza para pedir su acompañamiento y en este salmo piden al menos ocho cosas para con su rey.

A. Dios te oiga

Salir a la guerra sin la seguridad de que Dios este atento a las súplicas y responda a lo que le pedimos garantiza la derrota en el mejor de los casos y la muerte en el peor. La expresión oiga no solo tiene el sentido de alguien que escucha y ya. El sentido de la palabra es que escuche y haga algo, el sentido de alguien que al oír se mueve para ejecutar una acción.

B. Dios te defienda

Desde tiempos de Josué los judíos tenían claro que las batallas que peleaban, las peleaba Dios con ellos y por ellos. Jericó cayó por la obra de Dios. Los judíos solo tuvieron que rodearla por siete días. Dios estaba con ellos. La experiencia con Faraón les debía recordar siempre que en sus luchas Dios siempre los defendía y eso les garantizaba la victoria.

C. Dios te ayude

La ayuda divina en esa clase de conflictos era y es indispensable. Sin la ayuda de él es más que difícil salir a la guerra. Josué lo experimentó en su batalla en Hai, una pequeña ciudad que le hizo resistencia a un número elevado de efectivos militares que la trataron de conquistarla. Nadie puede ir a la guerra confiándose de su buena suerte.

D. Dios te sostenga

En una guerra el trabajo o labor es extenuante. No solo en términos físicos, sino aún emocionales. Necesitaban como nadie una fuerza superior. Un poder que les permitiera sostenerse o mantenerse firmes. Que nada ni nadie los apocara, sino al contrario los animara y reanimara siempre que fuera necesario.

E. Dios se acuerde de tus ofrendas

La mención de las ofrendas en esta plegaria nos revelan el gran valor que para Dios tenía un hombre piadoso que iba a la guerra. Las ofrendas son una expresión del amor a Dios. Los soldados pedían a Dios que recordara las ofrendas que su rey había presentado ante su presencia. Que Dios tenga presente que eres un hombre que vive bajo sus preceptos.

F. Dios reciba tu holocausto

La recepción del holocausto era una señal de la buena voluntad de Dios para quien la ofrecía. El rey habría de presentarlo y de la aceptación o rechazo de Dios dependía grandemente su destino al ir a la guerra. Esto tiene que ver con una actitud correcta de parte de quien se presenta ante Dios.

G. Dios cumpla tus deseos

Los deseos del rey eran salir triunfante, regresar con vida y que su ejército sufriera el menor número de bajas. El anhelo de su corazón era pasado por el salmo para suplicarle a Dios que atendiera lo que quería el monarca.

H. Dios te conceda tus peticiones

Como punto culminante de lo que iba a hacer el rey sus súbditos anhelan que Dios le conceda las peticiones a quien sería el responsable de salir con el ejército de Israel. La palabra “peticiones” algunas versiones la traducen como “planes”. Dios ayudándonos en nuestros planes es la más grande ventaja en una guerra.

II. Con la seguridad que nos ayudará

La única parte o el único verso donde el rey habla es justamente el verso seis que dice:

Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra.

El rey esta convencido. No tiene duda que saldrá a la batalla y Dios lo salvará. Su oración más que una petición es una confesión. El verbo salva está en presente. No en futuro. Revela una profunda seguridad en el Señor. Confianza en la diestra del Señor. Una diestra potente o de mucha fuerza.

La versión de la Biblia Dios Habla Hoy traduce este verso de la siguiente manera:

Estoy convencido de que el Señor dará la victoria al rey que ha escogido; de que le contestará desde su santo cielo, dándole grandes victorias con su poder.

David salía a la guerra confiando en Dios que lo había hecho rey. Sin merecerlo y sin esperarlo de la noche a la mañana se convirtió en el ungido del Señor. Se hizo rey por la pura voluntad de Dios y confiado en esa bendición sabía que lo salvaría o rescataría de los peligros que se cernían sobre él durante la guerra.

La seguridad en el cuidado de Dios es una convicción que cada persona tiene de acuerdo a su relación personal con Él. David no tenía duda que el Creador lo iba a cuidar y lo declaraba frente al pueblo.

III. Con el compromiso de que pelearemos con valentía

Los soldados recitaban todos los versos menos el sexto y en ellos asumían el compromiso de tener una actitud adecuada frente a las adversidades que plantea un conflicto bélico de grandes proporciones. Hay por lo menos cuatro compromisos que ellos toman como suyos en esta plegaria:

A. Nosotros nos alegraremos en tu salvación

Ellos también salían a la guerra confiados y declaraban que al ver la salvación del rey que era la salvación proporcionada por Dios, ellos se alegrarían o disfrutarían el triunfo que obtendría su comandante en lo que representa la mejor actitud a la hora de salir a pelear contra sus enemigos.

B. Nosotros lucharemos en el nombre de Dios

Dice el verso cinco así: Alzaremos pendón en el nombre de Dios. Ellos levantarían su bandera, una manera de decir que no se acobardarían. Desplegar las banderas significa valentía. Una valentía que nace de saber que luchan en nombre de Dios. Los pusilánimes no sirven para esta clase de conflictos.

C. Nosotros confiamos en Dios

La frase carros y caballos y la expresión tendremos memoria irremediablemente le recordaba al pueblo hebreo como Dios los salvó de los egipcios que los perseguían para matarlos frente al Mar Rojo. Faraón confió totalmente en su armamento, pero fue destruido por Dios en medio de las olas.

D. Nosotros nos levantamos y estamos en pie

Una guerra es extenuante, fatigosa y desalentadora. Los soldados saben que sus enemigos flaquean y caen y por eso se comprometen a, en caso de caer, levantarse. No quedarse tirados ni emocional ni físicamente. En una guerra se corre el riesgo de caer, lo que es natural, lo que no es normal es quedarse postrado.

El salmo concluye con una petición: Salva, Señor. Una manera de pedirle a Dios que preserve su vida en medio de la lucha a la que se dirigen. Y que el rey quede con vida para que los siga dirigiendo. 

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