Hebreos 11: Sara, una fe que descansa en la fidelidad de Dios

La Biblia dice en Hebreos 11:11-12

11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

Introducción

Sara fue la esposa de Abraham. El autor de la carta a los Hebreos la recuerda como una mujer de fe. No podía ser de otra manera. Fue la compañera de un gigante espiritual y se comportó o se condujo a la altura de lo que se esperaba de alguien que vive junto a un hombre llenó de confianza en Dios.

A los atribulados judíos cristianos del primer siglo se les recuerda el valor de la convicción de esta mujer que tuvo su parte en la conformación de la nación israelita ya que se convirtió en el instrumento que Dios usó para convertir a Abraham en el padre de una multitud semejante a las estrellas del cielo y a la arena del mar.

El escritor de la carta explora una de las tantas vertientes que tiene la vida de Sara: su absoluta confianza en la fidelidad de Dios. Esta mujer confió en que Dios es fiel. Ella reposó en la promesa de que Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta.

En un mundo tan cambiante, Sara nos enseña a confiar en un Dios que no cambia. A depositar nuestra seguridad en un ser inmutable, en quien, dice Santiago, no hay mudanza ni sombra de variación. La fe de esta mujer nos recuerda que Jesucristo es el mismo de ayer, hoy y por los siglos de los siglos.

Cuando las circunstancias son tan adversas que parece que ya no hay esperanza alguna, mirar la fe de Sara nos auxiliará para tener presente que el Dios en el que creemos siempre cumple sus promesas. Que jamás dejará caer una de sus palabras que ha dicho o a la que se ha comprometido.

El autor de la epístola a los Hebreos es categórico al señalar que esta mujer le creyó a Dios y eso la posibilitó para derrotar sus limitaciones físicas y derrotar al tiempo que parecía su peor enemigo y gracias a esa determinación logró darle descendencia al padre de la fe, quien era también un anciano.

Una fe que se prueba y aprueba

Sara: Una fe que descansa en la fidelidad de Dios

I. A pesar de las limitaciones físicas
II. A pesar de “estar fuera de tiempo”
III. A pesar de no tener esperanza

Hablar de la fidelidad de Dios es hablar de uno de los temas preponderantes de la Escritura. Dios es fiel. Dios nunca falla. Dios cumple lo que promete. Dios se vale hasta de incrédulos e infieles para cumplir lo que ha dicho. Su fidelidad es aliento en medio de grandes dificultades porque nos sostiene saber que jamás nos dejará ni abandonará.

La fidelidad de Dios es un asunto profundo. A veces incomprensible. El hecho de que Dios sea fiel desafía nuestro entendimiento natural. Pablo fue quien mejor retrató o expresó esta profunda verdad: Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo, escribió en 2ª Timoteo 2: 11.

La fidelidad es la esencia misma de Dios. Sara nos acerca grandemente a esta verdad. La verdad de que Dios jamás dejará de ser Dios y en consecuencia jamás dejará de ser fiel. Su estado eterno es apegarse a lo que ha dicho. Tanto en la bendición para quienes deciden obedecerle, como en el castigo para quienes prescinden de su él en sus vidas.

Para comprender lo sucedido en la vida de Sara debemos tener en claro el hecho de que ella creyó con todo su ser en que Dios es fiel. Sólo de esa forma podemos comprender cómo fue que en medio de su esterilidad y vejez pudo concebir y dar a luz desafiando completamente las leyes naturales de la procreación.

I. A pesar de las limitaciones físicas

El autor de la carta a los Hebreos señala con toda claridad que Sara era estéril, pero recibió fuerzas para concebir. Desde el punto de vista humano esta mujer estaba imposibilitada para embarazarse. Sus condiciones físicas la limitaban. En términos ginecológicos su matriz no estaba en condiciones para albergar una criatura.

Me llama poderosamente la atención que el escritor de la carta diga que “recibió fuerzas”. La palabra fuerzas que se usa en este verso procede de la raíz griega “dunamis”. Esa palabra se utiliza de manera indistinta para referirse a una capacidad sobre natural. Por eso a veces se traduce como “milagros”, “maravillas”, “habilidad” y “virtud”.

La fe de Sara hizo posible que en su cuerpo operara un milagro. Su limitadas condiciones físicas no fueron impedimento para que concibiera. La palabra concebir se refiere al proceso mediante el cual el semen viril se deposita en el útero para procrear o fundar lo que en nueve meses será la vida humana.

La fe se sobrepone a esas limitaciones que parecen imposibles de superar. La lección de Sara es que confiar en la fidelidad de Dios nos ayuda a superar aquellas circunstancias que parecen aplastarnos. La fe hace posible superar todo aquello que parece irremontable en nuestras vidas.

II. A pesar de estar “fuera de tiempo”

El autor de la carta a los Hebreos enfatiza en el hecho de que Sara dio a luz fuera de tiempo. Cuando ya era grande. Sobre la vida de esta mujer pesaba no solo su esterilidad, sino también su edad avanzada.

La palabra que utiliza el autor e la carta para “tiempo” es kairos. A Sara se le había pasado la oportunidad, pero Dios hizo posible porque la fe logra recuperar las oportunidades. El valor de la fe de esta mujer residía justamente en que Dios le permitió dar a luz en un tiempo en el que humanamente era imposible.

La fe que descansa en la fidelidad de Dios nos permite recuperar muchas cosas que parecen perdidas. Nos inspira grandemente Sara porque a través de su confianza en Dios pudo alcanzar la posibilidad de ser madre y darle de esa manera el hijo que Dios le había prometido a Abraham.

La nación hebrea nació de una mujer y un hombre de fe. Ambos en sus respectivos roles o papeles supieron confiar en Dios, a pesar de su condición física. Hebreos nos presenta a Sara como una mujer llena de fe, la compañera ideal de quien Dios había llamado para forjar una nación numerosa.

La biografía de Sara es de suyo interesante. Dios le ordenó a Abraham que no llamara más a su esposa como Sarai, sino como Sara. Sarai significa “princesa mía” y el nombre de Sara quiere decir “princesa de todos”. El cambio de nombre estaba directamente relacionado con el nuevo rol que tendría Sara.

Sería la madre de un pueblo. En su venas llevaba ya la sangre de toda una nación. Pero para que eso se concretara tuvo que rendirse al Señor. Tuvo que depositar toda su confianza cuando su cuerpo le gritaba que era imposible que ella concibiera. No fue nada fácil para ella porque entre que se le dijo que tendría un hijo y el parto pasaron veinte años.

La fe que descansa en Dios es una fe que nos ayuda a alcanzar las promesas. A pesar de nuestras dudas y temores naturales ante una promesa de ese tamaño. Sara enfrentó sus luchas con sus fuerzas y sus debilidades, tropezó, pero supo levantarse para lograr el propósito que Dios tenía para ella.

De ningún modo podemos obviar su risa cuando se le dijo a Abraham que sería padre, ni tampoco su desesperación al pasar el tiempo y no engendrar y dar a Abraham a su esclava para convertirse en padre. Pero por encima de eso se levantó y le creyó a Dios.

III. A pesar de no tener esperanza

Dice el verso doce de nuestro texto:

Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

Sara fue el instrumento para que naciera Isaac. Acompañó a un hombre en el último periodo de su vida y de esa pareja salieron un multitud e innumerable cantidad de hombres y mujeres que llenaron el mundo y que en la actualidad se encuentran casi en todos los países del mundo.

Ella estéril y anciana y su esposo también en la vejez parecía la mezcla perfecta para solo esperar la muerte y dejar este mundo con la única satisfacción de haber vivido, pero la fe de ella hizo que la última etapa de su vida se convirtiera en los años en los cuales pudieron ver la mano poderosa de Dios.

Sara descansó en la fidelidad de Dios y alcanzó el mérito de ser llamada entre los judíos como la matriarca llena de fe y a la vez sumisa a su esposo al que llamaba señor.

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