Librados de la angustia

La Biblia dice en Salmos 34: 6

Este pobre clamó, y le oyó Jehová y lo libró de todas sus angustias.

Este salmo fue compuesto cuando David fue llevado ante Abimelec, un gobernante filisteo que lo requirió para saber si era el mismísimo David que había derrotado a Goliat. Un midrash judío dice que comparecieron en el mismo lugar los familiares de ese guerrero filisteo y la vida de David peligraba gravemente. Ellos querrían vengar a su familiar.

Es de imaginar la angustia que vivió David. Qué hacer ante este peligro que se cernía sobre su existencia. Cómo librar un inminente peligro que pesaba sobre su vida. El propio rey filisteo estaría interesado en quitarle la vida a un enemigo declarado de su nación y eso lo sabía bien David.

Contra lo que muchos pensamos David vivió momentos angustiosos no solo de parte de los filisteos sino de parte también de Saúl por cuya causa se encontraba en esa peligrosa situación. En medio de la angustia David clamó a Dios. Le suplicó con todo su ser que lo librará del mal.

Y la respuesta vino de pronto como una idea. Se fingiría loco. Y así hizo. Llegó a la presencia del monarca de Filistea babeando y echando espumarajos que caían sobre su barba y rostro lo que lo hizo repulsivo a quienes lo vieron que pidieron de inmediato que retiraran a ese loco y demente.

Así salvó milagrosamente su vida y compuso este salmo en el que recuerda ese suceso y nos alienta a confiar en Dios en medio de la más grande angustia esperando siempre en su ayuda y auxilio porque solo el Señor tiene la capacidad de librarnos de todas nuestras angustias.

La desesperación llega a nuestra vida cuando nos acecha un peligro o un grave problema. Cuando estamos en grandes riesgos y no parece haber salida alguna para que seamos librados. Cuando todas las puertas parecen cerradas siempre será bueno clamar a Dios para que nos oiga y venga a nuestro rescate.

Me gusta la humildad con la que David registra este suceso. Dice de sí mismo “este pobre”. Reconoce su triste y bajísima condición. No presume que es el ungido del Señor y que Dios por esa razón tiene una obligación con él. Al contrario en humildad admite su profunda necesidad ante Dios.

Con esa misma sencillez invoquemos a Dios en medio de nuestras angustias, él sabrá librarnos siempre. A veces de las maneras menos pensadas.

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