La ira del Cordero

La Biblia dice en Apocalipsis 6:12-17

12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. 15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

Introducción

El sexto sello del Apocalipsis retoma uno de los temas que el Antiguo Testamento anunció, trató, y explicó como uno de los grandes eventos en el futuro de Israel y de toda la humanidad. Me refiero a la ira de Dios que Juan llama en este texto como la ira del Cordero que fue inmolado y que por ello alcanzó el honor de abrir los siete sellos.

Las personas que sobreviven a la apertura de los cinco primeros sellos, reconocen o admiten que están frente a la ira del Cordero. A ellos les queda claro que los sucesos que están viviendo no pueden ser otra cosa que el resultado o consecuencia del gran enojo de Dios para con los hombres.

Si los cuatros jinetes del Apocalipsis que han salido ya por el mundo portando hambre, escasez, guerra y muerte han dejando una estela de terror, la apertura del sexto sello deja sin respiración a todos los sobrevivientes de los primeros cinco sellos porque la tierra es sacudida con un terremoto de grandes proporciones y fenómenos naturales sin precedentes.

Estamos ante una de las más angustiantes y horrorosas manifestaciones del poder de Dios, anunciada por profetas y adelantada por los propios apóstoles en sus predicaciones y ahora sí, manifestadas de manera clara y contundente a una humanidad que rechazó el mensaje de salvación de Cristo.

La ira del Cordero o la ira de Dios son conceptos que hombres y mujeres creyentes han anunciado desde hace muchos siglos. El sexto sello nos introduce en ese tema para advertir lo que le espera a este mundo. Nadie debe sentirse sorprendido ni engañado porque a todos se les ha avisado lo que viene.

Los siete sellos del Apocalipsis

El sexto sello: La ira del Cordero

I. Sobre la creación
II. Sobre los seres humanos

La ira del Cordero es la misma ira de Dios. Un Dios enojado y fastidiado por la conducta de los seres humanos y su pueblo fue un tema recurrente a lo largo de toda la Escritura. El primer atisbo de esta realidad fue con el diluvio. La maldad de los seres humanos fue castigada con una destrucción masiva. Sólo ocho personas se salvaron de aquel gran castigo.

Luego con el pueblo de Israel ya escogido. La ira del Señor se mostró a lo largo de su trayecto por el desierto. Un viaje que se podía hacer en unos cuantos días demoró cuarenta años por la dura cerviz de los hebreos. Una y otra vez se encendió la ira del Señor sobre ellos y todos los que salieron de Egipto quedaron postrados en el desierto.

A la tierra prometida solo entraron los hijos de quienes salieron de la esclavitud egipcia, todo ello a causa de la ira del Señor. Imposible disociar de el enojo de Dios con una manifestación poderosa de su diestra. La ira de Dios siempre implicó la exhibición de su fuerza y poder sobre los hombres y sobre la naturaleza.

El tema fue tomado y retomado desde el principio de la creación. Job, que fue uno de los primeros libros escritos del canon hebreo dice así: Perecen por el aliento de Dios, y por el soplo de su ira son consumidos. (Job 4: 9). Y así hasta el Apocalipsis. Algunos profetas que trataron el tema escribieron:

A proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de la venganza del Dios nuestro. (Isaías 61: 2). Habacuc 3:12 dice así: Con indignación marchaste por la tierra; con ira hollaste las naciones.

El propio Pablo escribió en Romanos 2: 5 Mas por causa de tu terquedad y de tú corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

El tema de la ira de Dios es un asunto señalado, experimentado y anunciado en toda la Escritura. El Dios de amor y la compasión que extiende su mano a los pecadores es una verdad absoluta, pero incompleta si no se habla de que ese mismo Señor se aíra y se enoja ante la maldad de los hombres.

El sexto sello nos recuerda esa verdad y lo hace de una manera espantosa y terrorífica. Por supuesto que lo hace para recordarle a la iglesia que la humanidad que aparentemente se muestra poderosa e insolente ante el Creador será sometida a los juicios de Dios que representan una manifestación de su ira.

I. Sobre la creación

Los primeros versos de nuestro estudio dicen así:

Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Los fenómenos que a continuación menciona Juan tienen que ver directamente con la creación. Son hechos que solo puede hacer Dios. Son el resultado de su intervención directa en el cielo y en la tierra. Nadie más puede hacer esa clase de acciones porque escapan de su dominio. No así para Dios.

A. Un gran terremoto

Si hay un fenómeno que llena de temor a todos los seres humanos ese es un temblor. Juan anuncia que en el sexto sello habrá un terremoto que cambiará la geografía hasta ahora conocida. Juan escribió este libro hace dos mil años, sin el menor conocimiento del desarrollo para acercarse a los terremotos.

Juan dice que este temblor será de tal magnitud que todo monte y toda isla se movió de su lugar. Se avecina para la humanidad un movimiento telúrico de grandes dimensiones. Inimaginable que los hará padecer un temor sin precedente en toda la historia de la humanidad.

B. El sol se puso negro

Juan vio en su visión al sol convertido en una especie de tela de cilicio. La tela de cilicio era una prenda de color negro que se utilizaba en el Antiguo Testamento para humillarse ante Dios. Quien lo portaba se veía sombrío. Era una manera de expresar su humillación ante Dios. El sol se pondrá negro por lo que dejará de dar luz.

Las tinieblas entonces se apoderarán de este mundo. La oscuridad será permanente sin que nada puede evitarla. En una situación que afectará gravemente la vida en este planeta, pues la tierra existe a merced del calor que recibe del sol.

C. La luna se volvió de sangre

Este hecho lo anunció el profeta Joel. Lo dijo así: El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre. Antes que venga el día grande y espantoso de Jehová, la luna será de color rojo, lo que hará estremecerse a quienes vivan en esa época porque el color blanco de ese astro cambiará de manera dramática.

Lo visto por Juan nos acerca a una experiencia sumamente terrorífica y no puede ser de otra manera porque estamos ante la ira del Cordero.

D. Las estrellas cayeron sobre la tierra

Los meteoritos que de repente caen sobre la tierra nos dan cuenta de lo que ha de significar que una estrella caiga sobre la tierra y todavía más: cuando sean muchas estrellas las que caigan lo que viene sobre la tierra es en verdad inimaginable para quienes sobrevivan a los cuatro jinetes de los cuatro primeros sellos.

Cuando leemos y meditamos en estos juicios muchas personas creen que es una exageración, que eso no puede ocurrir. Pero así mismo pensaron los hombres de la generación de Noé. Que un diluvio no ocurriría. Que eso no pasaría, pero sucedió y destruyó a miles.

E. El cielo se desvaneció

Juan nos dice que la inmensa bóveda celestial que tenemos arriba se desvaneció o desapareció o se recogió como se enrolla un pergamino. El cielo dejará de ser inabarcable.

La descripción que Juan hace sobre lo que sucederá en la naturaleza es espantosa, pero creíble porque el dueño de la creación es Dios y ésta sirve exactamente a sus intereses. Hará con ella justamente lo que quiera hacer. Nadie le puede decir nada porque es su dueño. Del Señor es la tierra y su plenitud. El mundo y los que en él habitan, dice el Salmo 24:1.

El sexto sello nos presenta apenas un atisbo de lo que viene para la humanidad incrédula, para aquellos que rechazaron el glorioso evangelio de Jesucristo. Porque la ira de Dios se manifestará no contra la iglesia o contra los redimidos del Señor, sino contra todos aquellos que se burlaron de la salvación, que la despreciaron y que negaron la existencia de Dios.

La ira de Dios es una expresión que siempre ha recaído en aquellos que vivieron apartados de Dios, que se mantuvieron en sus creencias y que a sabiendas de las demandas del Dios santo de la Escritura optaron siempre por hacer su propia voluntad e incluso abrazaron otras creencias.

Pero Juan no solo nos presenta todos los fenómenos naturales que sucederán cuando sea abierto el sexto sello, el autor del Apocalipsis lo que hace también es presentarnos la reacción que habrá de suscitarse entre los seres humanos que todavía vivan en esos momentos de gran aflicción.

La gran tribulación apenas comienza y Juan hace una reseña de lo que será el sexto sello, antes de que se abra el séptimo.

II. Sobre los seres humanos

La reacción de quienes vivan en esos días es presentad por el apóstol Juan de la siguiente manera:

15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

Es interesante notar que Juan menciona a siete clase de personas que vivirán estos sucesos: reyes (gobernantes), grandes, ricos, capitanes, poderosos, siervos y libres. Un abanico social que va desde gente con mucho poder hasta personas de los estratos sociales más bajos. Y es que Juan resalta que la falta de fe no solo ocurre entre la gente de dinero.

¿De que tamaño será lo que vivirán que escondidos en las cuevas y entre las peñas,  clamarán para pedirle a los montes y a las peñas que caigan sobre ellos porque no pueden estar ante la ira del Señor?

La interrogante que lanzan los sufrientes hombres de esa época resalta la frágil condición humana frente a Dios: ¿quién podrá sostenerse en pie? La respuesta es nadie porque como escribió Pablo toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor para siempre.

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