Resuelve el pasado

La Biblia dice en Filemón 1: 12 El cual te vuelvo a enviar; tu pues recíbelo como a mí mismo.

Pablo evangelizó a Onésimo en Roma, un esclavo que había escapado de la ciudad de Colosas de casa de un acaudalado liberto llamado Filemón que se había convertido al cristianismo y servía junto con su familia en una iglesia instalada en su propia casa de manera dedicada y con mucho entusiasmo.

En aquellos años la esclavitud era permitida y hasta alentada por los romanos que obtenían muchas ganancias comercializando personas para labores domésticas, agrícolas y muchas otras, incluso las que atentaban contra su dignidad. Poseer esclavos era tan natural en esos días que nadie lo veía mal.

La carta a Filemón es un documento excepcional porque revela claramente el trato que debía ocurrir entre los creyentes sea cual fuera su condición. Pablo evangelizó a Onésimo y conoció a Filemón que era su dueño. La historia entre ellos es singular. Onésimo había escapado de Filemón huyendo a Roma. En esa ciudad Pablo alcanzó para Cristo a Onésimo.

Cuando conoció su historia, el apóstol tomó una determinación: Onésimo debía regresar con su dueño y para tal efecto escribió esta breve carta donde intercede por quien llama “a quien engendré en mis prisiones”. Pablo lo regresa cuando podía haberse desentendido, para darnos una importante lección sobre los daños hechos en nuestro pasado.

El perdón de Dios es importante y valioso, pero en muchos casos además de ponernos a cuentas con el Señor, debemos ponernos a cuenta con quienes ofendidos, lastimamos o defraudamos para resarcir a quienes en el pasado dañamos. En ocasiones no basta un “perdóneme”. Es necesario enfrentar nuestros yerros.

Onésimo había huido de Colosas de casa de Filemón y aunque ambos eran ya creyentes y Onésimo pudo haberse quedado con Pablo fue necesario que regresara a enfrentar su pasado para resolver las cuentas que tenía pendientes. Pablo los animó a ambos para reencontrarse y resolver su situación.

Pablo sabía perfectamente que huir de nuestras equivocaciones del pasado tarde o temprano volverán y si nos los resolvimos nos pondrán en un gran predicamento. En el cristianismo no opera el borrón y cuenta nueva. Se debe tomar el tiempo para revisar nuestras faltas y resarcirlas;  a veces con un disculpa o con una reparación de daño.

Onésimo enfrentó sus equivocaciones del pasado. Se confrontó con sus yerros. Un cristiano asume sus faltas y las repara. De no hacerlo construirá su vida cristiana sobre cimientos falsos. Las faltas del pasado suelen regresan en el momento y lugar menos esperado. La vergüenza y oprobio nos pueden hundir por lo que hicimos antes de llegar a Cristo. Evitémoslo.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: