Eclesiastés: El tiempo esclaviza al hombre

La Biblia dice en Eclesiastés 3: 1-8

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

Introducción

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno porque desconoce que cada cosa tiene una época o temporada oportuna y hay un tiempo apropiado para cada propósito debajo del cielo. Esa esa la premisa con la que Salomón discurre sobre el tema del tiempo en la vida de los seres humanos.

El tiempo que parece escurrirse de las manos de hombres y mujeres, que como una corriente de río se va para no volver más y que es cruel y despiadado porque no perdona a nadie, es un tema al que Salomón le dedica uno de los pasajes más completos sobre un asunto fundamental para toda la humanidad. El tiempo es un tirano para el hombre.

Salomón se ocupa de un tópico que nadie puede ni debe ignorar. El Predicador centra su discurso para hacernos ver nuestra realidad frente a la eternidad divina. El tiempo nos recuerda que no somos dueños de nada. Nos consume día a día hasta derrotarnos por completo.

La intención que el rey sabio de Israel tiene al ofrecer esta reflexión es comprender que no podemos vivir por vivir. Si de por sí la existencia humana es vanidad, aflicción del espíritu y sin provecho, conducir nuestra vida sin considerar que somos aves de paso sobre la tierra hace más angustiante la vida debajo del sol.

Para atender este importante asunto en la vida de todos, el Eclesiastés utiliza dos recursos muy comunes en la literatura bíblica: la repetición y el contraste. En los ocho versos del capítulo tres del libro que estamos estudiando utiliza veintinueve veces la palabra tiempo y recurre a catorce contrastes.

Este solo hecho nos puede señalar sin equivocarnos el propósito que persigue el escritor del libro. Quiere dejar completamente claro que el trato que le demos al tiempo o la manera en que dejemos pasar el tiempo en nuestra vida es fundamental para evitar la frustración y la amargura a la hora de salir de este mundo.

Pero también es evidente que desea que comprendamos que en la vida cuando hacemos algo dejamos de hacer otra cosa. El tiempo transcurre en un hacer y un no hacer. O si se quiere la vida pasa entre un aprovechar o desperdiciar el tiempo con lo que hacemos o dejamos de hacer.

Eclesiastés 3: 1 utiliza dos términos que parecen idénticos. Tiempo y hora. Aunque se relacionan ambos son distintos cuando los revisamos en el texto original hebreo. El Predicador esta hablando de tiempo usando la palabra zeman que se utiliza al menos cuatro veces en el Antiguo Testamento.

Zeman se utiliza en el sentido de tiempo definido, un tiempo programado o un tiempo planeado. Así se utiliza, por ejemplo, en Nehemías 2: 6, Ester 9: 27 y 9: 31. Es decir el hombre puede planear ciertas actividades. Puede tomar el tiempo a su favor y utilizarlo en beneficio suyo.

El otro término que usa Eclesiastés 3: 1 es hora que algunos textos de la Escritura traducen como temporada, momento, lapso, ocasión propicia y hasta como oportunidad. La expresión procede del vocablo hebreo weet y que nuestra versión Reina Valera 1960 traduce como hora.

La expresión weet tiene como sentido principal todos aquellos momentos que solo ocurren una vez o por una temporada y que después no vuelven nunca, aunque uno suplique, ruegue y llore. No hay más oportunidades y a veces es sumamente dolorosa esa situación porque uno desearía con todo nuestro ser que volvieran.

Salomón quiere que sus lectores logren entender y comprender el valor del tiempo en toda la extensión de la palabra. Quiere que aprendan a conciliar o manejar correctamente todo aquello que se puede planear junto con aquellas oportunidades que solo se presentan en un tiempo o época.

De esa decisión dependerá hacer menos dolorosa su existencia debajo del sol donde todo es vanidad de vanidades, hay aflicción de espíritu y hay demasiadas cosas sin provecho. Aprender a conocer nuestro tiempo es parte fundamental de una existencia sin muchos sobresaltos.

Serie: El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

VIII. Porque el tiempo lo esclaviza

A. Cuando lo deja pasar sin planear nada
B. Cuando descuida las oportunidades

El tiempo es un don de Dios. Esa premisa es fundamental para comprender el discurso que Eclesiastés nos ofrece sobre este tema. El tiempo de nacer y el tiempo de morir es una facultad exclusiva de Dios. Nadie puede hacer nada para saber con exactitud la fecha exacta de su nacimiento y mucho menos la de su muerte.

Nuestra existencia transcurre bajo la mirada de Dios. Vivimos porque él así lo determina. Llegamos al mundo y a partir de allí comienza nuestra cuenta regresiva. Durante todo ese tiempo los seres humanos debemos ser capaces de distinguir perfectamente qué hacemos y cómo lo hacemos.

Aprender a planear y saber aprovechar las oportunidades que aparecerán a lo largo de los meses y los años que tendremos disponibles en esta vida harán de nuestro paso por este mundo una experiencia menos lamentable. Ignorar esta verdad lo único que provocará es mayor angustia y desesperación.

Ese justamente es el sentido de la declaración con la que comienza este texto de Salomón: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo y hora u ocasión son dos elementos que debemos saber distinguir para que pasemos la vida con provecho.

A. Cuando lo deja pasar sin planear nada

Como lo dijimos anteriormente la palabra tiempo que utiliza el predicador en el verso uno procede de la raíz hebrea zeman que quiere decir tiempo planificado o días reservados para una actividad. En nuestro lenguaje podríamos decir que se refiere a horas, días semanas en los que agendamos actividades a realizar.

Uno de los recursos no renovables que tenemos todos los seres humanos es el tiempo con sus horas, días, semanas, meses y años. Dejarlos pasar sin utilizarlos correctamente es prácticamente un suicidio porque al final de la vida tendremos que responder por lo que hicimos con ellos.

Salomón dice que todo tiene su tiempo. Aquí usa la palabra zeman que quiere decir tiempo cronológico. Lo que quiere decirnos es que hay fechas determinadas en las que por ejemplo se tiene que sembrar y fechas en las que se tiene que hacer lo contrario. Salomon se refiere a los tiempos de agricultura. Existe un tiempo cuando los animales tienen que ser sacrificados o muertos y en otras curarlos porque aún no están listos o preparados para morir. Evidentemente no se refiere a la vida humana como algunos creen. La vida humana está mencionada en el primer contraste: hay tiempo de nacer y tiempo de morir.

El hombre no puede dejar pasar las horas y los días así sin planear o sin proyectar lo que ha de hacer con ellos. Debe reconocer siempre que el tiempo no es su aliado sino su tirano y debe tratarlo con respeto para ello debe permitir la intervención divina que la final de cuentas es el dueño absoluto de la eternidad.

Son en total catorce paradojas o contrastes que encontramos en estos versos. Todos ellos poniendo una acción que el hombre puede hacer y otra contraria a esa acción. El contraste o el recurso literario antitético es muy recurrente en la poesía hebrea. Sirve para presentar dos ideas contrarias a fin de resaltar una verdad.

El rey sabio nos ofrece una serie de actividades humanas que tiene su actividad contraria para reflexionar sobre lo que podemos hacer para planear con exactitud cada una de nuestras actividades.

B. Cuando descuida las oportunidades

Salomón pone dos acciones contrarias para hacerle entender a sus lectores que en la vida siempre habrá dos opciones a elegir. Nunca se podrán hacer dos cosas al mismo tiempo y le corresponde a cada persona elegir aquella que represente una oportunidad para su existencia.

Algunas versiones en lugar de hora traducen esa expresión como momento. Bajo esa traducción podemos afirmar que en la vida del ser humano hay momentos en los que necesita tomar la mejor determinación porque tal vez esas oportunidades no volverán nunca más a su vida.

Aquí empleo la idea contrastada entre abrazar y soltar o abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar. Abracemos a nuestros seres querido en todas las oportunidades que tengamos porque llegará un momento en el que eso ya no será posible aunque lo busquemos con todo nuestro ser.

Eclesiastés nos previene sobre el tiempo cronológico y el momento oportuno. Debemos planear, pero debemos sacar provecho de todas aquellas circunstancias que aparecen una sola vez en la vida. No nos podemos dar el lujo de desaprovechar las grandes oportunidades de aprovechar bien nuestro tiempo.

Hay ocasiones en las que nos tocará llorar y otras en las que reiremos. Sepamos bien nunca podremos hacer las dos cosas juntas.

Conclusión

El año 2020 para muchos ha sido un año perdido. Nadie planeó que pasaría en su casa por varias semanas o meses. Nadie tampoco planificó que no habría clases presenciales en las escuelas.

El Covid-19 destruyó todas las agendas.

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