Buena conciencia

La Biblia dice en 1ª Timoteo 1: 19 Manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto la fe algunos.

Después de plantar la iglesia de Éfeso, Pablo salió de esa ciudad para seguir compartiendo el evangelio a otras regiones del imperio romano. Su ausencia provocó severos conflictos doctrinales en la congregación y fue necesario enviar a Timoteo para que corrigiera no solo esas irregularidades, sino también la exposición de falsas enseñanzas.

En su estancia en ese lugar, Timoteo recibió esta misiva en la que su padre espiritual le señala lo que tiene que hacer, le hace las recomendaciones pertinentes ante una serie de problemas que hay en la comunidad cristiana a la que le ha tocado pastorear. Es sumamente interesante las directrices que le da.

Una de ellas es que mantenga dos actitudes o acciones: la fe y la buena conciencia. Pablo sabía perfectamente que para servir a la iglesia se requiere tener fe. Confiar en Dios para dirigir a las personas es algo sumamente necesario porque los conflictos son de toda índole y aparecen en cualquier momento. Servir sin confiar en Dios puede ser frustrante.

La segunda recomendación que le da en este texto es que mantenga la buena conciencia. Esta expresión es muy recurrente en el apóstol Pablo la cita en otras epístolas y el contexto en que se lo dice a Timoteo es muy clara: la conciencia del creyente es renovada cuando llega a Cristo y sirve para saber si lo que está haciendo es justo, bueno y edificante.

Uno debe seguir los mandatos que dicta la conciencia y de esa manera garantizar que nuestra conducta se ajuste a las demandas benditas del Señor. La conciencia juega de esa manera un papel importantísimo para el creyente porque le guía en su accionar cotidiano en su practica de fe.

La fe se puede extraviar si se naufraga al no seguir nuestra conciencia. Así les ocurrió a Himeneo y Alejandro quienes tuvieron que salir de la iglesia porque la fe no estuvo acompañada de una buena conciencia. Todos tenemos la conciencia instalada en nuestra mente y corazón.

Pablo quiere que se mantenga buena. La única manera de lograrlo es escuchándola y viviendo bajo sus dictados. De esa manera lo que hagamos dentro de nuestra fe bendecirá nuestras vidas y la de quienes nos rodean. Por el contrario desatenderla llenará nuestra vida de conflictos porque reñirá con nuestra fe y a la postre la derrotará.

No es una tarea fácil. Pablo luchaba con ello. En Hechos 24: 16 leemos: Y por eso procuro tener siempre una conciencia sin ofensas ante Dios y ante los hombres. Es una batalla que tenemos que dar siempre.

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