Pescadores de hombres

La Biblia dice en Marcos 1: 17 Y les dijo Jesús: Venid es pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.

Estas palabras Jesús se las dirigió a Pedro y Andrés, hijos de Jonás a quienes encontró pescando en el mar de Galilea. Jesús llamó a cuatro pescadores a su grupo de doce que convocó para seguirlo. Los hermanos Juan y Jacobo, hijo de Zebedeo fueron los otros dos que se dedicaban a la pesca.

La vida de Pedro y Andrés cambiarían diametralmente de pasar horas y horas en el mar de Galilea arrojando una y otra vez sus redes para obtener una abundante pesca, ahora serían pescadores de hombres para el reino de los cielos. El mundo sería su mar para sacar a los hombres de las garras del pecado.

Seguir a Jesús transformó por completo la vida de estos hombres que tenía por labor una de las actividades en la que se ocupaban los estratos sociales más bajos del tiempo de Jesús y allí llegó el Señor para invitarlos a seguirlo y cambiar radicalmente su forma de existir para siempre.

Jesús comenzó a reunir a sus apóstoles y no recurrió a las escuelas rabínicas de su tiempo, sino acudió a lugares comunes y ordinarios donde vivía gente sencilla y de allí tomó doce hombres que serían los encargados de difundir su mensaje por todo el mundo comenzando desde Jerusalén hasta lo último de la tierra.

A los hermanos Andrés y Pedro les dio rápidamente la labor que tendrían. No sería difícil que entendieran la labor a la que los estaba citando. Ellos habían sido toda su vida pescadores. Sabían perfectamente que se tiene que tener disciplina y paciencia para llenar sus barcas de pescados.

Sobre el peligro que se cierne en esa actividad también lo conocían. No sería para ellos nada sorprendente el hecho de arriesgar su vida por el evangelio, toda vez que el mar habían experimentado esos mismos temores cuando se desataba una tormenta y tendría que aprender a adaptarse a la supervivencia.

Pescar hombres no era un idea romántica que Jesús les estaba pidiendo. Era una actividad arriesgada que demandaba arrojo y valentía para salir tal vez de madrugada y en la oscuridad adentrarse al mar y posiblemente arrojar una y otra vez sus redes hasta capturar lo necesarios para el autoconsumo y para vender en el mercado de Capernaum.

Pedro y Andrés aceptaron el reto y siguieron a Jesús. Pedro logró su gran pesca el día de Pentecostés. El bravucón y a la vez temeroso hombre fue transformado para ni avergonzarse ni sentir miedo para hablar abiertamente de Cristo. Estaba listo para ser un pescador de hombres por la gracia del Espíritu Santo.

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