Una verdadera conversión

La Biblia dice en 1ª Carta a los Tesalonicenses 1: 9 Porque ellos mismo cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero.

El apóstol Pablo le escribió dos cartas a la iglesia establecida en la ciudad de Tesalónica a la que llegó en su segundo viaje misionero junto con Silas. Fue una experiencia durísima para ellos porque su paso por esa villa romana estuvo marcada por la persecución y la violencia de tal forma que tuvieron que salir de noche luego de predicar el evangelio.

Pero el esfuerzo y las penurias valieron la pena porque los tesalonicenses dejaron su vida idolátrica y se dedicaron a servir con entusiasmo al Dios verdadero, dos consecuencias que complacían gratamente al apóstol porque tenía como meta presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús y esa perfección o madurez se manifiesta de dos maneras.

La primera es una conversión genuina. La palabra “convirtieron” que usa el apóstol procede de la raíz griega “epistrephó” que también se traduce como “dar un giro”, “regresar”, “volver”, “retornar” y “dar la vuelta”. La conducta que los tesalonicenses convenció al apóstol porque dieron una giro total a la idolatría.

Esos creyentes dejaron todo aquello que ocupaba el lugar de Dios en sus vidas. En esos tiempos era común la adoración a toda clase de ídolos. La cultura romana estaba plagada de idolatría. Ellos dejaron todo eso y se volvieron a Dios, un ejercicio que demanda mucha fuerza de voluntad para permitirle a Dios reinar sobre nuestras vidas.

Pensar que la idolatría consiste exclusivamente en dejar de adorar imágenes es una grave equivocación. La avaricia es una forma de idolatría dice el propio Pablo. Los judíos suelen enseñar que el enojo es una manera de idolatría al ego de los hombres, por eso Santiago dice que la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Los tesalonicenses nos dan ejemplo del sentido de una conversión. Es dejar todo aquello que quiere usurpar el lugar de Dios. Una vez destronado de nuestro corazón nuestro ego o nuestras inclinaciones, entonces el Señor se puede sentar para gobernar. Esa es una manifestación clara de una conversión, un giro o un dar la vuelta en nuestra vida.

La segunda actitud que tomaron los cristianos de Tesalónica fue que determinaron servir a Dios. El resultado de hacer a un lado los ídolos falsos es una vida entregada a servir a Dios desde las formas más sencillas hasta entregar nuestra vida por la causa del evangelio sin importar nada más que agradar a Dios.

Cuando nos preguntemos sin en realidad nos hemos convertido a Dios, sencillamente debemos revisar si hemos dejado todo tipo de idolatría y si servimos a Dios. Esas dos características nos ayudarán a percatarnos de nuestra condición espiritual.

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