Eclesiastés: El hombre vive tan afanado que no comprende el tiempo de Dios

La Biblia dice en Eclesiastés 3: 9-15

9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? 10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. 12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; 13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. 14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. 15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Introducción

Salomón sigue hasta aquí el tema del tiempo que arrancó en los primeros versos de este capítulo, pero ahora le agrega una lección adicional y muy relevante: el tiempo de Dios. Primero analizó la perspectiva del tiempo desde el punto de vista humano o desde la experiencia humana y ahora presenta la eternidad de Dios para contrastarlos.

El rey sabio de Israel nos ofrece así dos ángulos o las dos caras de una misma moneda. El tiempo, visto desde nuestra experiencia humana y desde la manera como Dios la concibe. Presenta esta idea sobre nuestra realidad sobre los días, meses y años para que comprendamos que este mundo es afán y ansiedad.

La reflexión parte de una pregunta que ya se hizo en versos anteriores: ¿Qué provecho tiene el hombre del trabajo con que se afana? Para comenzar una visión o revisión de lo que es la experiencia humana debajo del sol. Para ello recurre a verdades indispensables para que hombres y mujeres no desfallezcan ante la falta de provecho en lo que hacen.

El hombre no tiene ningún provecho de su afán, pero esa es la asignación que Dios le ha dado: trabajar a su paso por este mundo. Su grande conflicto comienza cuando no logra entender lo que Dios ha hecho 1. Dios lo hizo todo hermoso en su tiempo y 2. Puso eternidad en el corazón del hombre.

El hombre tiene un tiempo determinado que Dios le ha fijado. Debe aprovechar todas las oportunidades que tiene a su mano porque los días no vuelven. Ese gran conflicto nace en el ser humano debido a una razón fundamental: vive tan afanado en su trabajo que Dios le ha asignado que no comprende el tiempo de Dios.

Salomón está seguro de este problema en la humanidad. No podemos entender las obras de Dios porque nos limitamos estrictamente a nuestro tiempo ocupados en tratar de adelantarnos a las cosas que queremos debajo del sol. El problema se puede resolver si logramos aceptar que Dios tiene un tiempo y debemos sincronizarnos con él.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque vive tan afanado que no comprende el tiempo de Dios

A. Ignora que todo lo hizo Dios hermoso en su tiempo
B. Desconoce que Dios puso en él eternidad
C. No sabe que lo que hace Dios es perpetuo
D. Olvida que nada humano es eterno

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno porque vive tan afanado que no comprende el tiempo de Dios. El hombre pasa por este mundo y desde que nace parece empeñado en olvidar que sus días son breves. Cuando logra comprender o entender que su existencia está limitada por el paso de los años comienzan sus conflictos.

Pero hay una incapacidad natural para comprender al Dios eterno. Este conflicto nace debido a que el hombre es temporal y Dios es eterno. Sin embargo el hombre logra conocer o tener chispazos de esa eternidad porque Dios lo hizo eterno, pero el pecado le provocó la muerte y desde entonces ignora la eternidad.

Salomón busca que el hombre cambie esa perspectiva a través de las verdades que nos comunica para que en lugar de permanecer en la ignorancia las personas podamos acercarnos con temor a ese Dios eterno que quiso en el principio compartir con el hombre su eternidad, pero el hombre prefirió el pecado.

Para llegar al corazón del hombre Salomón utiliza o recurre a tres acciones. Dice “he visto”, “he conocido” y “he entendido”, para hacernos ver que lo que escribe es producto de una minuciosa investigación a fin de que sus lectores logren comprender la importancia de lo que a continuación les explicará.

Salomón se apresta a hablarnos de la eternidad de Dios y sus consecuencias en la existencia humana. El contraste entre lo efímero y lo eterno es algo que no debemos ignorar.

A. Ignora que todo lo hizo Dios hermoso en su tiempo

En el huerto del Edén Dios hizo todo perfecto. En ese tiempo Dios conformó al hombre de tal manera que planeó vivir con él eternamente. La muerte no entró en los planes de Dios cuando puso a Eva y Adán en el paraíso. Fue tan perfecto que dotó al hombre de voluntad, es decir le dio la capacidad de decidir. Pero decidió mal.

La repetición constante en los seis días de la creación de la frase “y vio Dios que era bueno” y cuando creó al hombre la frase “y vio Dios que era bueno en gran manera” nos acerca perfectamente al estado de perfección con que Dios dirigió la creación de todos los elementos de la naturaleza.

¿Hubo un tiempo en que el mundo no estaba como ahora lo esta? Sí. La introducción del pecado en el mundo provocó que esa perfección se perdiera, sino completamente, sí en muchas áreas. Una de ellas fue justamente en la existencia humana que se tuvo que cortar para dejar de ser eterna.

El hombre pasa por alto esta verdad y vive pensando o creyendo que el mundo siempre ha sido como lo contempla, pero la verdad es que Dios hizo todo hermoso en su tiempo. El hombre viviría para siempre y no tendría los males que ahora tiene, pero optó por la desobediencia.

B. Desconoce que Dios puso en él eternidad

El ser humano desconoce que cuando Dios lo creó puso en su corazón la idea, el pensamiento o la intuición de la eternidad. No podía ser de otra forma puesto que Dios lo hizo o creó eterno porque él mismo es eterno. Esa es la condición humana. Tiene en su interior el conocimiento de que es eterno, pero su tiempo le impide ver eso.

Los seres humanos se debaten entre lo vano y lo eterno porque viven un conflicto permanente entre lo que “su tiempo” les dice y la idea de eternidad que llevan desde que nacen hasta que mueren. No saben qué hacer con esa idea o a donde llevarla para comprenderla.

Salomón dice que “Dios ha puesto eternidad en ellos sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios”. Dios colocó una especie de “chip” interno en cada individuo, pero el hombre desconoce esta realidad y en lugar de tratar de entenderla la evita, la ignora o trata de acallarla.

Pero ese sello “eterno” que tiene cada hombre es lo que hace que muchos busquen trascender. Es lo que provoca el ansia de no morir. Es lo que desespera o hunde a los hombres en la más profunda contradicción porque no quisieran morir nunca y vivir para siempre.

Estamos ante una de las verdades más profundas y trascendentes del libro de Eclesiastés. El hombre esta marcado por la eternidad de Dios y no debe luchar contra ello, sino tratar de ajustar su vida de tal manera que trascienda junto con Dios. Dios lo hizo eterno y sólo el lo puede dirigir para recuperar o alcanzar esa eternidad.

Debe recordar o tener presente que en le huerto del Edén el hombre era eterno solo que el pecado lo separó de Dios.

C. No sabe que lo que hace Dios es perpetuo

El verso catorce de nuestro estudio dice así:

He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

Mientras el hombre no sepa o desconozca que todo lo que hace Dios es perpetuo o para siempre vivirá bajo la zozobra de la temporalidad y en consecuencia vivirá de manera irreverente ante su Creador. Salomón lo comprendió y lo escribió para que nosotros honremos a Dios reconociendo la eternidad de sus obras.

Me gusta como traduce la versión de la Biblia Dios Habla Hoy este verso porque lo hace así:

Y también sé que todo lo que Dios ha hecho permanecerá para siempre. No hay nada que añadirle ni nada que quitarle; Dios lo ha hecho así, para que ante él se guarde reverencia.

Como el hombre no sabe que Dios ha hecho todo eterno vive deshonrándolo porque vive afanado, abrumado por la falta de expectativa eterna que se ha creado para sí mismo. El hombre solo puede hacer obras temporales porque es temporal. Solo Dios puede hacer obras eternas porque es eterno.

Esta situación obedece a la incapacidad del ser humano de reconocer que jamás podrá igualar a Dios, pero se empeña en tratar de alcanzar la idea de ser un super hombre, cuando en realidad no tiene nada que puede hacerle más que un ser mortal que termina sus días consumido por el tiempo.

Debemos saber que cuando el hombre logra trascender lo hace no por sí mismo o por su propia cuenta, sino que lo logra porque Dios se lo permite.

D. Olvida que nada humano es eterno

Una vez más Salomón recuerda que nada es nuevo debajo del sol. En el verso quince encontramos la siguiente afirmación:

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Es la misma idea que encontramos en el capítulo uno versos nueve al once.

La Nueva Traducción Viviente traduce el verso quince de la siguiente forma:

Los sucesos del presente ya ocurrieron en el pasado, y lo que sucederá en el futuro ya ocurrió antes, porque Dios hace que las mismas cosas se repitan una y otra vez.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno porque vive tan afanado que no comprende que el tiempo de Dios no es lineal sino cíclico. No hay nada nuevo debajo del sol, lo que sucede es que el ser humano no tiene memoria de todo lo que ha acontecido a lo largo de la historia del ser humano sobre la tierra.

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