Olvido y abandono

Dice la Biblia en Lamentaciones 5: 20 ¿Por qué te olvidas completamente de nosotros, y nos abandonas tan largo tiempo?

La destrucción de Jerusalén dejó perplejo a Jeremías. El sacerdote y profeta quedó maravillado de lo sucedido a la ciudad de Dios en la tierra. Nabucodonosor, rey de Babilonia la destruyó. Miles de judíos fueron llevados al exilio y el templo dejó de recibir los sacrificios del pueblo.

La desolación del remanente fiel era grande. La casa del Señor quedó en condiciones tristísimas. Nada podía consolar el corazón de todos aquellos que amaban al Señor y les dolía grandemente el estado en que quedó toda la ciudad y el centro de adoración del pueblo escogido de Dios.

El libro de Lamentaciones es un acróstico elaborado con las veintidós letras del alfabeto hebreo. Los primeros dos capítulos tiene justamente veintidós versos cada uno. El capítulo tres tiene sesenta y seis versos (tres veces el alfabeto hebreo) y los últimos dos capitulos veintidós versos cada uno.

Jeremías, que además de sacerdote y profeta era un consumado escritor, compuso la endecha para llorar por su ciudad y casi al final de su libro le hizo dos preguntas a Dios en las que se desahoga al ver su amada ciudad por la que lloró una y otra vez y a la que llamó también al arrepentimiento una y otra vez.

El profeta le pregunta a Dios por qué se ha olvidado completamente de ellos y por qué los ha abandonado tan largo tiempo. Ese era el estado de ánimo de Jeremías. Se sentía olvidado y abandonado. La destrucción de Jerusalén lo dejó completamente desconcertado y sin habla porque no habría más sacrificios al Señor del cielo.

La dureza del pueblo de Dios. Su obstinación y rebeldía provocó la ira del Señor y el resultado saltaba a la vista. Una horrible sensación de abanono, olvido y soledad que son siempre las consecuencias de distanciarnos de Dios. El pueblo de Israel pagó cara su osadía de rechazar el mensaje del Creador.

La nación hebrea había dejado al Dios que es manantial de agua viva y habían cavado para sí, cisternas rotas que no retienen aguas y el resultado se veía claramente: habían quedado en el desamparo, abandonados y en completo estado de indefensión que duró toda una generación.

Lamentaciones nos recuerda que lloraremos al abandonar a Dios. Nunca seremos felices dándole la espalda a Dios. Lo único seguro lejos de Dios es un intenso sentimiento de olvido y abandono.

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