Hebreos 11: Abraham, una fe rendida incondicionalmente a Dios

La Biblia dice en Hebreos 11:17-19

17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.

Introducción

Abraham atravesó muchas pruebas con lo que nos deja en claro que la fe se prueba. La fe debe brotar o manifestarse siempre en medio de dificultades circunstanciales o provocadas por el propio Señor. Esta característica de la fe nos debe hacer entender que los problemas o circunstancias adversas son medios para conocer el estado de nuestra fe.

El ángulo que estudiaremos de la vida de Abraham en esta ocasión nos deja ver con toda claridad que Abraham fue probado. El autor de los Hebreos lo dice claramente: Cuando fue probado. La confianza del padre de la fe tuvo que ponerse a prueba para comprobar si efectivamente confiaba en Dios.

La historia de esta prueba la encontramos completa en el capítulo 22 de Génesis:

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. 9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

El autor de la carta a los Hebreos resalta en su relato que ofreció a Isaac en quien tendría descendencia. Lo que quiere el escritor es que nos asomemos a la vida del patriarca que no tuvo ninguna consideración ante Dios para devolverle lo que él le había dado. El ángulo o la perspectiva de la fe de Abraham que nos muestra es sumamente profunda.

Abraham entregó no solo lo más valioso a Dios, sino que mediante esa entrega se deshizo de sus apegos y luego perdió el único medio que tendría de hacerse el padre de una gran nación. El valor de su fe o la lección de su fe a todos nosotros es que confió ciegamente en lo que Dios hacía.

Una fe que se prueba y aprueba

Abraham: Una fe rendida incondicionalmente a Dios

I. Que acepta las pruebas
II. Que ofrece lo que más ama
III. Que renuncia a sus anhelos
IV. Que confían en el poder de Dios

Abraham nos legó uno de los más bellos ejemplos de lo que significa confiar en Dios. Abraham no dejó absolutamente ningún resquicio de duda en su corazón de que Dios sabe lo que hace y que lo que nos pide siempre tiene una motivación sagrada y de beneficio para nosotros.

Recordar la fe de Abraham es una manera de alentarnos porque solo a Abraham Dios le pidió a su hijo. Ningún otro hombre, de los mencionados en el capítulo once de la carta a los Hebreos, recibió una petición semejante. El corazón del patriarca fue examinado por parte de Dios y lo encontró integró.

Abraham había depositado su fe en Dios. Dios probó la fe de Abraham y la aprobó. La fe se anida en nuestro corazón y allí llega Dios para conocer si en realidad confiamos en él o solo simulamos que creemos en él.

I. Que acepta las pruebas

El autor de la carta a los Hebreos declara tácitamente que Abraham fue probado. Y fue probado por Dios. En el caso del patriarca la prueba consistió en darle a Dios su hijo. Fue una prueba durísima por varias razones: la primera Abraham quería mucho a su hijo. Era la alegría de su corazón.

¿Por qué Dios le pedía a su hijo? Porque era una manera de conocer si Dios seguía ocupando el primer lugar en su vida o su hijo se había vuelto en la razón de su vida. La palabra prueba procede de la raíz griega “peirazó” que se traduce en ocasiones como tentar o tentación. De allí una de las grandes confusiones de algunos en cuanto a prueba y/o tentación.

Para definir cuando se trata de prueba o tentación debe prevalecer el principio del contexto. En este caso la palabra tiene la idea de un examen para probar si puede hacer algo o no puede hacerlo. Dios probó a Abraham para conocer hasta donde podía llevarlo su fe y el creyente Abraham salió aprobado.

La fe se prueba siempre. Es una ley espiritual que no debemos nunca perder de vista. Dios nos pone en lugares o circunstancias para conocer lo que hay en nuestro corazón. Son situaciones complicadas como las que vivió Abraham para darnos cuenta de si le seguimos en verdad o solo de labios.

II. Que ofrece lo que más ama

A Abraham Dios le pidió su hijo Isaac. Con unos cuantos años apenas de vida, Dios le pidió al feliz papá que le entregara a su vástago a quien tanto amaba, según leemos en Génesis veintidós. El subrayado de esta característica nos ofrece el tamaño de la petición o lo difícil de cumplirla.

Dios sabía perfectamente que si le pedía algo material o económico se lo daría. De hecho, Abraham ya había entregado a Dios los diezmos de sus posesiones y bienes que había recuperado de Bera, el rey de Sodoma que había llevado cautivo a Lot, su sobrino. Sin que nadie le dijera que tenía que entregar esa cantidad porque no había ley, lo hizo.

Entregar Isaac a Dios fue más complicado para Abraham porque involucraba sus sentimientos. La relación de un padre e hijo siempre es de amor y cariño. En su vejez Abraham se había contentado con su hijo y entregarlo a Dios fue muy duro para él, pero no lo dudó y lo hizo.

La fe de Abraham fue incondicional al Señor porque le entregó algo que es incuantificable desde el punto de vista de valor. Un hijo es algo invaluable. No tiene precio. Nadie en su sano juicio podría decir cuánto se puede pagar por la vida de una persona y mucho menos por un descendiente.

La fe del patriarca nos conmueve y nos hace reflexionar seriamente sobre la clase de confianza que nosotros tenemos para con Dios. El padre de la fe nos muestra que debemos estar dispuestos siempre a darle a Dios lo que más amamos o queremos, con la certeza de que él siempre sabe lo que hace.

III. Que renuncia a sus anhelos

La orden que Dios dio a Abraham era un contra sentido. Hablo en términos humanos. Si le había dicho que en su vejez y en la vejez y esterilidad de Sara tendrían un hijo, cómo era posible que ya nacido y crecido Isaac ahora se lo pedía para que se lo diera en sacrificio. Parecía algo contradictorio.

Era una manera de pedirle a Abraham que renunciara a sus anhelos y sus sueños de convertirse en el padre de una gran multitud para seguir su vida como la de un hombre sin descendientes. Abraham estuvo dispuesto a ceder a sus pretensiones con tal de obedecer a Dios.

La clase de fe que Dios prueba y aprueba es aquella que se deshace de sus anhelos y sueños y se arroja a los brazos del Creador confiado en que Dios siempre tendrá algo mejor para consolar.

La carta a los Hebreos dice que Abraham se le había dicho que en Isaac le sería llamada descendencia. Es decir las promesas de Dios para Abraham se cumplirían en ese hijo que ahora Dios le estaba pidiendo para ofrecerlo en sacrificio. Una verdadera prueba para renunciar a lo que ya había soñado y planeado.

Que difícil resulta para todos cuando Dios nos pide algo que él mismo nos ha dado como resultado de una gran carencia en nuestra vida. Cuando Dios nos retira algo que nos ha dado es sumamente doloroso, sobre todo si hemos llegado a apreciarlo grandemente. Esa fue el tipo de prueba que Abraham enfrentó.

IV. Que confía en el poder de Dios

El verso diecinueve de nuestro estudio dice así: pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.

La fe tiene como cimiento el poder de Dios. Abraham confió en el Señor porque sabía perfectamente que Dios es poderoso para hacer obras más allá del entendimiento humano. Abraham e Isaac subieron al monte Moria con la certeza de que Dios haría una obra poderosa, tal como ocurrió.

El autor de la carta a los Hebreos dice que Abraham ya creía en la resurrección de los muertos cuando fue con su hijo a ofrecerlo en sacrificio.

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