Las preguntas de Jesús ¿Quién me ha puesto sobre ustedes como juez o partidor?

La Biblia dice en Lucas 12:13-15

13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? 15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

Introducción

Sobre Jesús se tejieron muchas conclusiones equivocadas. Aseveraciones alejadas de la realidad. Percepciones equivocadas que llevaron a muchos a errar sobre su persona. Algunos pensaron que era un maestro como muchos de los que habían en ese tiempo. Otros pensaron que era un profeta o Juan el Bautista.

Para otro en cambio era un galileo manipulador y por su origen jamás se reconocería como profeta porque nunca ningún profeta emergió de esa región. Los fariseos fueron quienes más se equivocaron sobre Jesús. Sanar en día de reposo los llevó a concebir a Cristo como un pecador que quebrantaba el día de descanso.

Solo quienes le siguieron de cerca pudieron saber con exactitud quien era ese hombre tan ordinario físicamente como todos los demás, pero extraordinariamete distinto con todos los demás porque no solo reclamaba ser el Hijo de Dios, sino lo demostraba con sanidades, milagros y maravillas como caminar sobre el agua, ordenar al viento y la lluvia y otras.

La pregunta que hoy estudiaremos nos lleva a ese terreno. Al terreno de descubrir quien es Jesús. Nos conduce también a las grandes equivocaciones que las personas tienen sobre Cristo cuando en lugar de acercarse a su persona para conocerlo bien, lo hacen con una motivación equivocada.

A Jesús debemos seguirlo siempre con las mejores intenciones, siempre como el único capaz de salvar nuestras almas y no como un personaje dispuesto a bendecirnos materialmente. A Jesús lo buscaron personas que tenían necesidades materiales y pensaron que él las resolvería, pero él vino a salvar en primer lugar los problemas del alma.

No vino a resolver problemas de índole económico o social. No vino a enriquecer a nadie. Vino a salvarnos del pecado que nos conducía al infierno. Verlo de otra manera es perder de vista lo que el Señor representa en nuestra vida. Algo que ocurrió muy repetidamente entre sus contemporáneos.

Serie: Las preguntas de Jesús

¿Quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?

Una percepción equivocada de quién es Cristo

I. Por nuestros intereses personales
II. Por nuestras ambiciones

Cuando Cristo les preguntó a sus discípulos que decían de él los hombres o con quién lo confundían, le contestaron que algunos decía que era Elías, otros que era Juan el Bautista y otros algún profeta. Ante ello, le preguntó a sus seguidores quién era él. Pedro contestó que el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mucha gente incurre en el mismo error cuando se trata de definir quién es Jesús, a qué vino y sobre todo qué quiere hacer con nosotros. La pregunta que hoy estudiaremos tiene como finalidad aclarar la función de Cristo en la tierra y uno de los grandes errores que suceden cuando no identificamos bien a quien estamos siguiendo.

La pregunta que le hizo Jesús a un hombre que lo buscó para que interviniera en un problema de herencia nos permite comprender que Jesús buscó siempre alejar a sus seguidores de la ambición desmedida, de buscar las riquezas a toda costa y en cambio confiar en la provisión de Dios.

I. Por nuestros intereses personales

El verso trece de nuestro texto base para este estudio dice así: Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Esta solicitud fue completamente distinta a todas las que recibió Jesús. La mayoría quienes buscaron a Cristo lo hicieron por grandes necesidades de salud o problemas de familiares endemoniados.

Pero este hombre buscó a Jesús para pedirle que interviniera en un conflicto familiar relacionado con unas propiedades que su padre había dejado y que ahora disputaba con su hermano. Este hombre, que no se identifica, buscó a Cristo para una dificultad que a la luz de Cristo tenía una solución muy sencilla.

Su problema de esa persona era que no le daban su terreno. Lo estaba consumiendo un asunto estrictamente material. No tenía un problema de salud u opresión material, sino un problema de carácter estrictamente legal y quería que Cristo interviniera en su “necesidad” para sentirse bien y satisfecho al tener una posesión material.

Es evidente que este hombre buscó a Jesús con la motivación equivocada. Estaba este hombre confundiendo a Cristo ya no como un maestro o rabino, sino con un juez encargado de resolver problemas legales. O como alguien que podría intervenir para darle materialmente más a una persona.

Que tragedia para este hombre que sus intereses personales le nublaron la vista y no pudo comprender que estaba frente a quien podía salvar su alma y retribuirlo con la vida venidera. Jesús vino para salvar y rescatar todo lo que se había perdido, pero los deseos materiales de este hombre le impidieron verlo así.

Pero hay personas que llegan así ante Cristo. Llegan ante él con problemas que si bien les causan algunos agravios, no son materia de Cristo porque se pueden resolver si las personas pudieran comprender el mensaje de Cristo que ofrece una solución rápida y sencilla a quienes lo oyen con atención.

Este hombre pensó que Cristo era un juez o partidor de herencias. Creyó que Jesús resolvería el pleito entre él y su hermano. Pensaba que el Señor sería un arbitro que fallaría a su favor. Pero Jesús no estaba interesado en intervenir en ese problema porque había un problema de fondo y era el de la avaricia.

II. Por nuestras ambiciones

Jesús no atendió a este hombre porque según leemos en el verso quince su problema no era una falta de lugar para vivir o una manera de resolver sus problemas económicos, sino una triste y falta dificultad con la avaricia, que según Pablo es una forma de idolatría porque pone a las riquezas por encima de Dios.

La razón por la que hago esa afirmación es porque el verso quince dice lo siguiente: Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Lo que nos hace entender claramente que su problema es que quería acumular más. No era un pobre o necesitado.

La petición de este hombre y la pregunta que Jesús le lanzó sirvieron y sirven para abordar uno de los grandes males que aquejan a todos los seres humanos: la avaricia que sencillamente se puede definir como el deseo de las personas por acumular para sí bienes y riquezas.

Este hombre era un ser ambicioso y en esa condición confundió gravemente quien era Cristo. Como les decía al principio del estudio saber quién es Jesús nos ayudará mucho para no confundir o perder de vista porque lo seguimos o que es lo que podemos esperar de él. Nadie se sentirá frustrado si sabe detrás de quien va.

Con esta pregunta Jesús nos regala una de las grandes verdades para bien vivir o habitar en esta tierra sin sobresaltos o equivocaciones que tarde o temprano nos llenarán de frustración o molestia.

Jesús nos dio una lección de vida cuando afirmó que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Una verdad para vivir con lo esencial. Es importante notar la expresión abundancia de bienes. Eso quiere decir que debemos buscar los bienes esenciales, pero una vez alcanzados debemos ser agradecidos.

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