Eclesiastés: El hombre es como un animal

La Biblia dice en Eclesiastés 3: 18-22

18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. 19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. 21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? 22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

Introducción

Tomás Hobbes autor de la obra El Leviatán y precursor de lo que hoy conocemos con Ciencia Política escribió en ese libro que “El hombre es el lobo del hombre”, frase con la que sustenta la necesidad de un contrato social que permita evitar lo destructivo que puede resultar el ser humano si no se le pone un dique o un límite.

El ser humano es egoísta por naturaleza. Piensa en suplir necesidades y placeres sin importar que con ello haga daño o perjudique a su semejante. Por el contexto de este texto que meditamos nos queda claro que en el tema de la justicia humana podemos ver claramente que hay personas que no tienen escrúpulos para dañar a su prójimo.

En cada generación comprobamos que el homo sapiens no ha logrado superar el estado animal y parece empeñado en demostrar una y otra vez que tiene un gran parecido con los animales. Madres que abandonan a sus pequeños hijos sin importar que no puedan valerse por sí mismos. Padres que dejan a sus hijos para siempre. Los animales no hacen eso.

Y ni qué decir de aquellos seres humanos que con armas en la mano disparan contra personas en cines, centros comerciales y cualquier espacio público. Sin contar con aquellos que detonan bombas para matar al mayor número de personas en lugares cerrados. La fiereza del hombre es impresionante.

Y qué podemos hablar de aquellos insaciables depredadores de los presupuestos públicos en nuestra sufrida América Latina. Aquellos para quienes robar al pobre no merece ningún miramiento. A quienes ya no les bastan hurtar millones de pesos porque ahora roban y roban miles de millones para empobrecer todavía más a los ya de por sí pobres.

Unos tres mil años antes, Salomón observó al ser humano y descubrió que es semejante a los animales. Algunas versiones en lugar de traducir animales, traducen bestias, lo que le da un sentido más fuerte a la expresión. Las injusticias que se cometen en los lugares donde debería declararse el Derecho comprueban esa tesis.

Salomón nos lleva a esa parte oscura que hay en cada ser humano. Esa sección donde el animal que todos llevan adentro parece despertarse de tiempo en tiempo y salir para dañar y maltratar al prójimo. Es un texto profundo por lo que nos hará entender y nos ayudará a comprender porque el hombre se debate entre lo vano y lo eterno.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno 

Porque es como un animal

I. Es cruel
II. Vive y muere como animal
III. Que hasta llega a dudar si hay una sola diferencia
IV. Debe diferenciarse disfrutando de su trabajo

I. Es cruel

El contexto anterior nos permite hacer esta afirmación. La injusticia es una de las expresiones más tristes de la conducta animal con la que un ser humano se puede conducir. Por dinero o bienes materiales es capaz de matar, herir, golpear, amenazar e intimidar y salir sin culpa.

La crueldad con la que se comporta es terrible. Historias sobre personas que con tal de preservar beneficios o mantener privilegios no les importa pasar sobre quien sea se multiplican por doquier. Enriquecerse a costa de la pobreza de millones es uno de los grandes ejemplos que tenemos en México y América Latina.

Salomón dice que Dios prueba a los hombres para que se convenzan de que son iguales que los animales. Las grandes injusticias en este mundo comprueban esa tesis. Empresarios que venden medicinas caducadas o productos de primera necesidad en mal estado o en el peor de los casos con material radioactivo, nos muestra que el rey sabía de lo que hablaba.

Podríamos hacer un recuento de tantas y tantas historias en estos tiempos recientes para comprobar que algunos seres humanos son la personificación de lo que el monarca sabio de Israel escribió hace casi tres mil años: el hombre se asemeja a las bestias porque parece conducir sin razón. Al igual que los animales se maneja instintivamente.

II. Vive y muere como un animal

El Eclesiastés afirma una verdad que todos podemos comprobar: el hombre y los animales mueren. La idea es recalcar que el hombre es tan parecido a los animales que deja de existir al igual que ellos, esto con la intención de buscar de todas las maneras posibles que los seres humanos se percaten de ese parecido y busquen trascender.

La idea del Predicador es presentar su tesis no para sucumbir o claudicar en nuestro esfuerzo por evitar parecernos a los animales porque al morir con ellos somos idénticos en esa parte o en esa situación. Los animales pierden la vida y absolutamente nadie quiere parecerse a ellos o nadie debería ser semejantes a ellos.

Dice Salomón que para vivir el hombre necesita respirar igual que los animales. Es interesante notar que a lo largo de los versos que hoy estudiamos una palabra se repite una y otra vez: “lo mismo”, que se utiliza para reiterar que somos tan parecidos a ellos que no necesitamos más oxigeno que ellos, sino igualmente.

III. Que hasta llega a dudar si hay una sola diferencia

Es tan similar el hombre con el animal que Salomón presenta una inquietante pregunta al respecto:

¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

Para entender este texto como siempre debemos recurrir al contexto anterior y posterior y sobre todo al libro completo de Eclesiastés. Salomón esta presentando como lo hemos dicho en otras ocasiones su visión de lo que sucede en el mundo de los seres humanos. Su conducta está revisándose y el hombre, dice, Salomón no quisiera aceptarlo, pero así vive.

Es una pregunta retórica para discutir y evidentemente responder que a diferencia de los animales el hombre trasciende. El lo ha dicho con toda claridad en el verso once que dice así: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”

Luego más adelante en Eclesiastés 12: 7 dice así: “Y el polvo vuelve a la tierra, como era, y el espíritu vuelve a Dios que lo dio.” Entonces, ¿por qué Salomón hace esta interrogante? La razón por la que hace esta pregunta radica en que hay seres humanos cuya conducta llega a ser tan bestial o animal que es muy complicado encontrar una diferencia.

Salomón ha dado con uno de los grandes males entre los seres humanos, personas que incurren en acciones que ni los mismos animales hacen. De tal tamaño es la gravedad de la conducta humana que el rey de Israel nos pone en esa delgada frontera entre lo que hace una persona y lo que hace un animal.

Fiel a su estilo lo hace a manera de pregunta, cuestionando ¿quién sabe?. Así lo hace en 2: 19 “¿Y quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo…? En 6: 12 “¿Quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida…? Y en 8: 1 ¿Y quién como el que sabe la declaración de las cosas?

La interrogante es un método utilizado para razonar y aprender luego de una rigurosa revisión de reflexión para responder que el hombre claro que es distinto que los animales, pero para efectos prácticos del Predicador la pregunta nos ayuda a lanzarnos a ser distintos a los animales.

IV. Debe diferenciarse disfrutando de su trabajo

En el verso veintidós encontramos de nueva cuenta la recomendación que ha hecho en Eclesiastés 2: 24, 3: 13 y ahora lo vuelve a hacer: 

Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

El hombre debe diferenciarse de los animales alegrándose en su trabajo. Es lo mejor que puede hacer porque tiene completamente vedado saber que va a ocurrir cuando desaparezca de este mundo. Qué será de todo su afán con que paso por esta tierra, nunca lo sabrá.

Salomón nos ofrece de nueva cuenta la única alternativa que tiene el hombre. Disfrutar el esfuerzo con el que logra sustentar su vida. El hombre está de paso en esta tierra y para no asemejarse por completo a los animales puede y debe buscar pasarla bien tratando a toda costa diferenciarse de las bestias.

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