El Maestro está aquí y te llama

La Biblia dice en Juan 11: 28 Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.

Ese fue el mensaje que recibió María de su hermana Martha mientras enfrentaba en solitario la desaparición física de su hermano Lázaro. Eran momentos de gran dolor para ella. La soledad del duelo provocaba en ella esa intensa sensación de abandono que acompaña los momentos de gran sufrimiento.

Martha le dijo: El Maestro está aquí y te llama. La presencia de Cristo es una presencia que alivia y calma el dolor de esos momentos y siempre está allí dispuesto para abrazarnos y consolarnos con su tierno amor. La manifestación real y evidente de su compañía la encontramos a través de su Espíritu Santo.

María recordó con esas palabras todos los momentos de gran sosiego y tranquilidad que tuvieron ella y su hermano Lázaro cuando los visitaba en Betania, cerca de Jerusalén. Jesús había convertido la casa de ellos y de su hermana Martha en el lugar de descanso cuando quería huir del bullicio y persecución de la que era objeto en Jerusalén.

Porque la presencia de Cristo en nuestra vida trae una paz inigualable. Ella lo sabía porque con qué calma llegaba a su casa y a pesar de la feroz persecución en su contra, Jesús siempre irradiaba esa tranquilidad que a ella y a sus hermanos neutralizaba cualquier preocupación o carga emocional.

Por eso cuando le dijo su hermana que la llamaba el Señor de inmediato acudió a su llamado y salió al sepulcro donde Cristo estaba detenido porque no había llegado a su casa, sino que se había parado en el panteón de Betania y hasta allá fue María para enfrentar su dolorosa realidad, pero ahora con la compañía de Jesús.

Cristo pudo haber llegado hasta su casa, pero se detuvo en el lugar del sepulcro de Lázaro para que María enfrentara sus miedos y tristezas, pero ahora con su ayuda y socorro. Qué diferente se ve el dolor cuando Jesús está con nosotros. No es que ya no duela, sino que su presencia es un bálsamo que sana las heridas.

El dolor por la partida de un ser que queremos nos puede llevar a la locura si lo vivimos solos, pero la compañía de Jesús nos inyecta resignación y reposo con su voluntad.

El Señor está aquí y te llama, le dijo Martha a María con lo que nos recuerda que su presencia en nuestras vidas es siempre una invitación a confiar en su poder soberano para apaciguar todos nuestros quebrantamientos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: