Siempre hacia adelante

La Biblia dice en Génesis 39: 2 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.

Qué difícil resulta para nosotros comprender el sentido de la bendición de Dios. A esa conclusión llego cuando leo la historia de José. La Biblia declara dos cosas que parecen contradictorias cuando se trata de comprender nuestra realidad, aquella en la que las circunstancias nos hacen creer que estamos sin bendición de Dios.

José fue vendido por sus hermanos a los ismaelitas, hijos de Abraham, y fue llevado cautivo hasta Egipto donde fue vendido como esclavo a un funcionario del Faraón, llamado Potifar. De un momento a otro José quedó lejos de su casa y su padre y de la libertad pasó a la esclavitud. Pensar que estaba bendecido, desde nuestra perspectiva, sería absurdo.

Pero el libro de Génesis nos dice claramente que Dios estaba con él y que por esa razón fue varón próspero. La pregunta que surge de inmediato es: ¿puede Dios estar con nosotros cuando nuestra condición social es la de un esclavo? Y la respuesta no es solo un sí contundente, sino también una maravillosa forma de concebir a nuestro Dios.

Mi condición material por más adversa que sea jamás será impedimento para que Dios me acompañe. Solo el pecado nos distancia de su presencia. Fuera de esa situación, que se resuelve pidiéndole perdón a nuestro bendito Salvador, la compañía de Dios está garantizada permanentemente.

Su presencia hace que seamos prósperos. El problema quizá para nosotros sea lo que entendemos por prosperidad. La palabra “prosperidad” procede de la raíz hebrea “tsalach” que se traduce en otras versiones como progresar, avanzar, ser rentable y triunfar. El sentido etimológico de la palabra es de alguien que “empuja hacia delante”.

Dios estaba con José y lo impulsaba para no quebrarse ante la situación que estaba viviendo. Pasar de la libertad a la esclavitud en una tierra desconocida por la envidia de sus hermanos a cualquiera “doblega”, pero no a José que vivió siempre consciente de la necesidad de la presencia de Dios en su vida.

No era próspero en el sentido que nosotros le damos a la prosperidad. No era rico, porque en realidad era un esclavo. Pero era un hombre gracias al acompañamiento de Dios en su vida no se quebró ni se deprimió por estar en un lugar que él no escogió y que no quería estar porque había llegado allí por la maldad de otros.

Bendita sea la presencia de Dios que siempre nos dará fuerza para luchar contra aquellas adversidades que nos quieren doblegar. Su presencia siempre nos dará fuerzas para resistir todo aquello que quiere aniquilarnos emocional y físicamente.

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