Comprar sin dinero

La Biblia dice en  Isaías 55: 1 A todos los sedientos: Venid a las aguas; a los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche.

En un mundo completamente mercantilizado, ¿qué se puede comprar sin dinero? Nada. Si desde los tiempos bíblicos ya se hacían transacciones comerciales y había intercambios de bienes a través del dinero, hoy en día nada parece escapar de esta realidad. En Oaxaca existen algunos lugares donde todavía se práctica el trueque, pero son muy pocos.

El profeta Isaías parece ir a contrapelo con sus palabras. A sus compatriotas les hace un llamado que repite tres veces la palabra “venid” o “vengan”. No es usual que en un solo verso aparezca tres veces una misma palabra. Bastaba con una ocasión. Pero la reiteración de la invitación necesariamente nos hace pensar que quiere que todos vayan o lleguen.

Pero si las tres veces del llamado nos hace pensar, comprar sin dinero, es todavía más complejo y descabellado. ¿Qué podemos adquirir en estos tiempos sin recursos financieros? Pues casi nada. Ese casi se lo quitaríamos si no fuera porque en lugares como Oaxaca todavía uno puede intercambiar productos con otros productos. Truque le llamamos.

Hoy en día hasta el agua se vende. Isaías llama sus contemporáneos a acudir a adquirir vino y leche. En realidad son tres comestibles los que oferta el profeta: agua, vino y leche, artículos indispensables en la dieta de los judíos. Pero, ¿a qué se refería el vidente de Dios cuando hacía este llamado?

Desde siempre los judíos han creído que la convocatoria de Isaías estaba dirigida o hecha de manera metafórica. En realidad el llamado que hace el profeta es para que los hebreos se vuelvan a la Escritura como se busca el agua, el vino o la leche. Con necesidad, por placer y para ser sustentados.

Buscar la palabra de Dios como el sediento busca el agua es la mejor manera de comprender que debemos reconocer nuestra profunda necesidad de ella. La necesitamos todos los días. No puede pasar un momento sin que nosotros podamos prescindir de lo que Dios ha dejado escrito para nosotros. Como el sediento muere si no bebe agua, así nosotros sin la Biblia.

El vino es placentero. Así debe resultar la Escritura para todos nosotros. Gozarla, disfrutarla, deleitarnos en ella. De ninguna forma debemos acercarnos a ella con pesadez o como si cargáramos una gran losa.

Luego la revelación escrita del Padre debe ser como la leche al cuerpo humano: sustento para tener fuerzas. Pedro decía que la palabra de Dios la debemos desear como la leche a fin de crecer como el niño recién nacido, que la bebe para desarrollarse.

Si buscamos la Biblia como nos esforzamos para tener el  agua, vino y leche, hará posible que todas las demás necesidades sean suplidas.

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