El torbellino

La Biblia dice en Job 38: 1 Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino y dijo.

Después de expresar su gran desconcierto por los grandes sufrimientos que padeció y que sus tres amigos ­­–Bildad, Zofar y Eliud— no pudieron encontrar la razón de los padecimientos en un justo, Dios se dispone a contestarle a Job muy a la manera del Creador: con preguntas, más que con respuestas.

El capítulo treinta y ocho del libro de Job esta repleto de interrogantes que el Creador hace a Job, todas ellas sin posibilidad de contestar porque ningún ser humano por más conocimiento que tenga puede responderlas. Son muchas preguntas las que Dios le hace a Job, que se prolongan en los capítulos treinta y nueve, cuarenta y cuarenta y uno.

La idea del Señor es hacerle ver a su siervo y a nosotros que hay interrogantes en la vida que solo Dios sabe su respuesta. ¿Por qué un hombre o mujer piadoso sufre? Es justamente una de ellas. Nunca lo sabremos, como no sabemos, por ejemplo, ¿tiene la lluvia padre?, ¿cazarás tú la presa para el león?

Este capítulo es muy interesante, pero más interesante resulta que Dios le habló a Job desde un torbellino. No escogió hablarle desde el apacible silbido del viento como lo hizo con Elías, ni con el humo y el fuerte sonido como lo hizo con Moisés. Dios optó por un torbellino para mostrar su majestad.

Dios quería que Job escuchara y escuchara bien. Su voz sería inconfundible y por eso decidió hacerlo por medio de un torbellino. Esa palabra hebrea se traduce también como tempestad o tormenta. Todos sabemos que una tormenta siempre es sobrecogedora y Dios quería subrayar su carácter ante su servidor.

Dios deseaba remarcar sus palabras. Quería establecer su autoridad de manera categórica. Es una forma peculiar de hablar cuando de repente no entendemos o comprendemos quién es él. Dios recurre a este tipo de maneras ante la necesidad que nosotros tenemos de evitar toda duda sobre la procedencia de sus palabras.

El torbellino o la tempestad fue el instrumento del que el Señor se valió para hablarle a Job y con ello dejar constancia de que cuando habla lo que dice hay que tomarlo con toda la seriedad del caso. Importa el mensaje, pero también importa cómo se da el mensaje. En Dios son inseparables el mensaje y cómo lo comunica.

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