Salmo 29: Aprende a escuchar la voz de Dios

La Biblia dice en el salmo 29: 

Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder. 2 Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad. 3 Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. 4 Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria. 5 Voz de Jehová que quebranta los cedros; quebrantó Jehová los cedros del Líbano. 6 Los hizo saltar como becerros; al Líbano y al Sirión como hijos de búfalos. 7 Voz de Jehová que derrama llamas de fuego; 8 Voz de Jehová que hace temblar el desierto; hace temblar Jehová el desierto de Cades. 9 Voz de Jehová que desgaja las encinas, y desnuda los bosques; en su templo todo proclama su gloria. 10 Jehová preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre. 11 Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.

Introducción

David escuchó la voz de Dios y escribió este salmo. Pero no fue una voz audible como la que escuchó Adán en el huerto del Edén. Ni como la que oyó Abraham, Isaac, Jacob o Moisés, todos esos grandes hombres de fe. David oyó la voz de Dios en una potente tormenta que destruyó todo a su paso.

Una torrencial lluvia cargada con tormentas eléctricas dejó impresionado a David y en lugar de sentirse temeroso o cargarse de miedo, el rey de Israel compuso el salmo veintinueve que en la versión Reina Valera 1960 la palabra “voz” se repite siete veces para dejar bien claro que en los torrenciales aguaceros en realidad es Dios quien habla.

Para componer este salmo, no fue cualquier clase de lluvia la que vio David, sino una tan intensa que le recordó el diluvio que menciona en el verso diez y que además sacudió el mar, arrasó los bosques del Líbano, donde afectó los cedros, árboles muy frondosos y alcanzó hasta el desierto de Cades.

El salmo tiene una composición muy sencilla, pero profunda que hace pensar a muchos que se trata de una lírica parecida a la de los pueblos cananitas y hasta llegan a creer que es una especie de rectificación de los fenómenos naturales, ya que mientras esos pueblos lo atribuían a sus dioses, en realidad es una manifestación del inmenso poder de Dios.

Dios hablando a través de una tormenta, un torbellino o una intensa precipitación pluvial sirve a David para enseñarnos a aprender a escuchar la voz de Dios. No todo lo que parece un castigo en realidad responde a una intención divina de asustar o llenar de miedo a sus hijos, sino más bien a su interés porque aprendamos a oírlo.

Salmo 29: Aprende a escuchar la voz de Dios

I. Para tributarle gloria
II. Para evitar el miedo
III. Para conocer su forma de gobernar

El anhelo de todo piadoso es escuchar la voz de Dios de manera inequívoca porque oír la voz del Creador trae consuelo, fortaleza y, sobre todo mucha confianza. Sin embargo, en tiempos donde cualquier persona se ufana de haber oído o escuchado la voz de Dios es indispensable aprender de manera personal a saber distinguir cuando es Dios quien habla.

El rey David nos ofrece una gran lección en este salmo porque encontró o escuchó la voz de Dios donde tal vez muchos lo único que oyeron fueron truenos estremecedores, el mar embravecido, cerros que se desgajaron, árboles que se cayeron y una cauda de daños materiales a la naturaleza y tal vez en vidas humanas.

¿Cómo creer que Dios puede hablar de esa manera? ¿No resulta ilógico pensar que el Señor puede tener algo que ver en esa clase de fenómenos naturales? ¿Cómo podemos sentarnos tranquilamente en una tormenta con rayos centelleantes y pensar que Dios se va a comunicar con nosotros allí?

Allí radica justamente la bendición de este salmo porque nos lleva a la pedagogía que Dios quiere ejercer hacia nosotros para aprender a escuchar a Dios donde muchos tal vez son incapaces de reconocer que es el Señor quien está haciendo acto de presencia con su voz tronante.

I. Para tributarle gloria

Oír la voz de Dios debe servir exclusivamente para tributarle, rendirle y darle la gloria debida a su nombre. Así lo considera David, quien en los dos primeros versos utiliza tres ocasiones la palabra “dad”. La versión Reina Valera usa la expresión tributad, pero en el original es dad. Escuchar a Dios nos debe conducir irremediablemente a adorar a Dios.

Los versos uno y dos de este salmo dicen de la siguiente manera:

Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.

Si ponemos atención a nuestra lectura podemos observar que el llamado se le hace a “los hijos de los poderosos” para que glorifiquen a Dios de acuerdo a su grandeza y de acuerdo al honor que merece su nombre. El tamaño de lo que le entregamos a Dios es la medida de lo que él significa para nosotros.

La palabra o el verbo “dad” o “denle”, que utiliza el salmista en los dos versos procede de la raíz hebrea “yahab”, que se traduce simplemente como dar, entregar, ofrecer, proporcionar, ceder y permitir. David esta pidiendo que se le entregue a Dios el poder y la gloria, en éste último caso dice: la gloria debida a su nombre. No más, no menos.

El llamado es a los hijos de los poderosos. Esta expresión aparece cuatro veces en la Biblia. Una ocasión en Job 41: 25 y la versión Reina Valera 1960 la traduce como fuertes. En otra ocasión en Salmos 89: 6 y se traduce también en esa versión como “hijos de los potentados”, mientras que en Daniel como “dioses”.

La versión hebrea de los salmos la traduce sencillamente como ángeles, apegándose al término que se encuentra en Job 1: 6 que dice así: Un día vinieron a presentarse los hijos de Dios, que es el mismo término que se utiliza en el salmo 29:1. Por el contexto del salmo puede ser un llamado a quienes se consideran tan fuertes como los potentados.

Me inclino a pensar que es un llamado a quienes se creen tan grandes que se sienten imbatibles como si fueran dioses. En ese sentido es una ironía de David para que se den cuenta de lo equivocados que están al ponerse en esa condición.

Una de las razones por las que se ha de escuchar la voz de Dios es justamente para reconsiderar nuestras actitudes. Cuando una persona oye la voz del Señor jamás vuelve a ser el mismo. Cuando una persona presume que ha escuchado la voz de Dios el mejor instrumento para medir la veracidad de su afirmación es el cambio operado en su vida.

Una persona que ha oído al Señor entrega poder y gloria. Dos palabras que generalmente aparecen juntas cuando se trata de Dios o sus atributos. Las palabras comunican la idea de entregar al Creador fuerza y honor. Dios merece todo, incluyendo reconocimiento de su grandeza incomparable.

El verso dos de nuestro texto termina con un llamado a adorar al Señor en la hermosura de su santidad. Alguien que escucha la voz de Dios lo hace evidente no por lo forma estridente o ruidosa que lo diga, sino por una vida apartada del mal. Una vida pura y limpia delante del Señor.

David nos presenta una de las razones esenciales por las que debemos buscar oír la voz del Creador. No para sentirnos superiores a los demás, ni más piadosos o mejores que los demás, sino para entregarle una vida apartada del mal que le dé un permanente reconocimiento de su grandeza.

II. Para evitar el miedo

Del verso tres al verso nueve encontramos siete veces la palabra “voz”. El siete es número que representa la plenitud de Dios. Es un número que nos hace pensar en algo que está completo y no le falta nada. Algunos ven en las sietes veces que aparece la palabra voz una especie de la plenitud de la revelación de Dios para David. Es decir, Dios siempre habla completamente.

David observó una tormenta de enormes proporciones y en lugar de sentir miedo, escuchó la voz de Dios. Esa es la relevancia de aprender a escuchar a Dios. Nos libera del temor, nos quita todo miedo justamente con lo que aparece como algo insoportable por su fuerza, sobre todo en la naturaleza.

David no vio una tormenta de grande tamaño, lo que el oyó fue la voz de Dios y en este salmo explica como es que pudo cambiar el miedo natural que produce un fenómeno meteorológico como este en una manera de escuchar la voz del Señor hablándole tan fuerte que compuso un salmo en lugar de esconderse lleno de abatimiento.

Las siete ocasiones que se menciona la palabra voz la podemos dividir en tres grandes categorías o en tres aspectos:

A. El lugar donde se escucha la voz de Dios

David escucho la voz de Dios sobre las aguas, sobre las muchas aguas, según leemos en el verso tres de nuestro salmo:

Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas.

Ninguna tormenta más fenomenal que la que se presencia en el mar. El rugido del mar y una tormenta fuerte hacen palidecer y atemorizar a cualquiera. David presenció ese evento y quedó conmocionado, como quedamos todos impresionados cuando oímos una lluvia intensa en nuestras casas. Solo que David la oyó en el mar y con truenos.

B. La manera en que se escucha la voz de Dios

El verso cuatro de nuestro salmo dice así:

Voz de Jehová con potencia; voz de Jehová con gloria.

La lluvia o la tormenta que presenció David le dejó en claro que Dios habla con fuerza y gran peso. Así es la voz de Dios: fuerte, impactante y determinante. No deja lugar a dudas que es él quien habla.

El mar embravecido y una furiosa tormenta le mostraron a David a un Dios que se comunica con sus criaturas para revelarse de tal manera que se debe tener temor no a la tormenta, sino a quien la produce. Los cananitas se estremecían y adoraban deidades nacidas en su mente creyendo que la lluvia era un dios, David nos dice que adoremos al Dios que da la lluvia.

C. Los resultados de escuchar la voz de Dios

Del verso cinco al verso nueve encontramos los resultados de la voz de Dios en medio de la tormenta:

1. Quebranta los cedros del Líbano

Los cedros del Líbano son mencionados en la Biblia de manera poética muchas veces. Su resistencia, aroma delicioso y fortaleza los han hecho uno de las maderas más codiciadas para elaborar muebles y construir casas. La voz de Dios los convirtió en simples becerros cuando habló.

La voz de Dios doblega al más fuerte. Nada puede resistirlo. Esa es la idea que comunica David cuando menciona a los cedros del Líbano que une con la expresión Sirión que utiliza el verso seis es una manera como se le llamó al monte Hermón. Lo que nos hace suponer que la tormenta que vio David fue intensa y abarcó no solo el litoral sino tierra adentro.

2. Hace temblar el desierto de Cades

La voz de Dios se escucha en los lugares más insospechados. Sí, a veces nos habla en su santuario, pero en muchas ocasiones lo hará en la soledad. El desierto siempre es sinónimo de ausencia de personas. Donde piensas que él no hablará, justamente allí es donde se comunica contigo.

La mención del desierto de Cades tiene la intención de hacernos ver que la lluvia alcanzó hasta el desierto.

3. Desnuda los bosques

Los efectos de una tormenta se notan en todos lados, pero particularmente en los bosques donde los árboles sufren grandes estragos y en consecuencia los animales que allí habitan. Por eso el salmo dice: “desgaja las encinas”. La traducción hebrea en este pasaje dice: La voz del Eterno hizo correr a los siervos.”

III. Para conocer su forma de gobernar

La voz de Dios nos enseña la forma en que gobierna al mundo. El ordenó un diluvio y las fuentes de agua de los cielos y la tierra se abrieron, mientras él se sentaba como rey para siempre.

La voz de Dios es fuerte, sí, pero su voz siempre traerá poder y bendición a su pueblo. Así concluye este hermoso salmo.

La voz de Dios nos ayuda a entender la manera en que Dios dirige su creación. Si los cielos cuentan su gloria y el firmamento anuncia la obra de sus manos, las tormentas intensas con rayos y truenos, que nos hacen sentir miedo, son una manera en que podemos notar su intención de comunicarse con nosotros.

De ningún modo es para hacernos sentir mal o sentir terror. Es una forma de expresarse para que podamos comprender que el Señor quiere comunicarse siempre con sus criaturas, que quiere hablarnos una y otra vez de las maneras menos sospechadas, pero que nosotros en ocasiones somos incapaces de escucharlo.

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