Celo

La Biblia dice en Deuteronomio 32: 21 Ellos me movieron a celos, con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo; los provocaré a ira con una nación insensata.

Cuando los judíos del tiempo de Jesús veían a los samaritanos adorar a Dios, los descalificaban de inmediato. No podían soportar que esos mitad judíos y mitad gentiles se acercaran al Creador. Para desalentarlos en su intento de buscar al Señor les decían que el único lugar autorizado para invocarlo era Jerusalén y esa ciudad era de ellos.

Los hebreos se escandalizaron todavía más cuando supieron que un hombre llamado Pablo le predicaba a los gentiles en todo el imperio romano y en el colmo de profanación éstos creían en Dios y comenzaban a adorarle, como si pudieran acercarse a un Dios santo y puro que tenía por pueblo solo a Israel.

Para ellos resultó insoportable que los gentiles o paganos e idolatras como llamaban a las naciones de este mundo pudieran conocer a Dios, adorarle y servirle por varias razones porque eran incircuncisos, cómo poder acercarse al Señor si carecían de la principal señal del pacto abrahámico, el padre de la nación israelita.  

Lo que ellos olvidaban es que el propio Moisés había anunciado que eso ocurriría como consecuencia de la idolatría de ellos. Ellos habían dejado a Dios para seguir los dioses de las naciones que circundaban la tierra prometida. Llegaron incluso a profanar el santo de templo de Jerusalén introduciendo deidades repugnantes de los cananeos.

Entonces Dios decidió darles una lección: llamaría a naciones que no eran su pueblo y que además eran insensatas para hacerles ver que si bien ellos eran el pueblo elegido del Creador, también podía tomar otros pueblos, tribus, naciones y lenguas para que le adoraran. Y así lo hizo por eso fue que nos escogió a nosotros.

Pedro quedó impresionado que escribió: ustedes que no eran pueblo, ahora son pueblo. De esa manera Dios nos demostró que jamás debemos sentirnos imprescindibles. Que Dios tiene mucho pueblo en lugares donde a nuestros ojos pareciera que nadie podría buscarle. Dios sigue todavía moviéndonos a celo.

Lo hace tomando personas que a nuestro juicio sería imposible que se acerquen a Dios. Lo hace para recordarnos que desea que nosotros le sirvamos con todo el corazón y no desviarnos de sus santos caminos. Jesús lo explicó de una manera contundente cuando dijo: Si éstos callaran, las piedras hablarían.

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