Maravillados por las obras de Dios

La Biblia dice en Salmos 139: 14 Te alabaré porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.

David descubrió que la omnisciencia y omnipresencia de Dios –la capacidad de saber todas las cosas y estar en todos lados– siempre lo acompañó desde mucho antes que saliera del vientre de su madre y eso lo llevó a reconocer que las obras de Dios son formidables y maravillosas y en consecuencia se sintió impresionado, listo para alabar a su Creador.

La vida de David es un ejemplo para todos nosotros porque encontró en cada meditación sobre Dios una razón para adorarlo sin perder la espontaneidad que a veces se presenta en la vida de los creyentes. David descubrió en cada obra de Dios una razón para bendecirle con todo su ser.

Para el rey de Israel las obras de Dios son formidables y maravillosas. La creación de Dios y sus criaturas comunican el inmenso poder de Dios y su infinita sabiduría. Al llegar al punto de su gestación en el útero de su madre, David cae rendido ante el Señor que desde allí lo conoció.

Saber o descubrir que somos un plan perfecto de Dios que no comenzó cuando teníamos mayoría de edad, sino que inició desde el vientre de nuestras madres debe resultar sumamente consolador y alentador porque nuestro buen Dios nos conoció desde antes de llegar a este mundo.

En este salmo David quiere dejar en claro que su presencia jamás nos dejará porque esta con nosotros aún cuando no éramos conscientes de ella. Si Dios nos acompañó en esas horas solitarias donde nadie veía lo que nos ocurría, cuánto más estará con nosotros en todo tiempo, ahora que lo invocamos.

David está maravillados y extasiado al convencerse de que Dios es un Dios presente y no ausente. Nada puede poner en temor a alguien que sabe que Dios siempre está en todo momento y en todo lugar. Saber que está con nosotros antes de que lleguemos a este mundo dejó a David impactado.

Y como no quedar impactado si su bendita presencia siempre nos garantiza paz y tranquilidad, aún en medio de toda desesperanza y todo aquello que nos ocurre y en lo que pensamos que él nos ha abandonado. Cómo, entonces, no alabarle y maravillarnos con sus acciones.

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