Justificados por fe

La Biblia dice en Romanos 3: 20 Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

El libro de Romanos es pilar del cristianismo. Su lectura, estudio y comprensión es vital para una vida cristiana balanceada, una practica de fe equilibrada y un quehacer espiritual apegado a la voluntad de Dios a fin de evitar yerros y equivocaciones a la hora de distinguir el gran valor de la fe para nosotros los gentiles y así evitar confundirnos.

Pablo escribe esta estrujante carta para marcar claramente la diferencia entre Israel y la iglesia cristiana. Le parece importantísimo que los creyentes sepan distinguir bien la función de la ley mosaica dada a los judíos y la fe en Cristo Jesús como piedra de toque en el cristianismo.

Pablo establece categóricamente que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado. Los judíos reconocen 613 mandamientos del libro de Génesis a Deuteronomio. Cada uno de ellos debe cumplirse cabalmente al fallar en uno de ellos se ha fallado en todo ese grupo de ordenanzas.

Así resulta muy difícil que alguien pueda agradar a Dios. Eso no quiere decir que la ley sea imperfecta o inservible. Pablo dice en el texto que hoy meditamos que a través de la ley es como se conoce el pecado. Los primeros cinco libro de la Escritura nos señalan o nos exhiben ante Dios como pecadores irredentos.

El apóstol tiene muy claro que los escritos de Moisés han resultado una especie de ayo o tutor que nos lleva a Cristo para encontrar la salvación. Esa fue su función. Una vez que ha aparecido Cristo como cordero sacrificado por nuestros pecados, descansamos en la fe que nos hará herederos de la vida eterna.

Pablo quiere que todos sepamos esta verdad porque la salvación que hemos obtenido en Cristo tiene como base exclusiva la fe. Para sostener esta afirmación Pablo les recuerda a sus lectores que Abraham fue justificado por la fe, la confianza y seguridad en Dios y no por las obras de la ley, porque ni siquiera la conoció. Murió mucho antes que Moisés.

Ante Dios solo podemos presentarnos por medio de la fe. Eso es solo lo que tenemos para ofrecerle. Descansamos en la obra del Hijo de Dios que vertió su sangre preciosa en la cruz del calvario para darnos salvación eterna. Ofendemos su santo nombre cuando creemos o pensamos que nuestras obras pueden hacer algo por nosotros.

Las bendiciones que vienen del cielo para nosotros son resultado de su amor. La fe que hemos puesto en su nombre nos hace producir obras buenas. La fe produce obras. Pero las obras no producen la fe. Solo la confirman. La fe nos declara justos ante Dios.

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