Salmo 30: Dios te viste de fiesta no de luto

La Biblia dice en el Salmo 30:

Salmo cantado en la dedicación de la Casa. Salmo de David. Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. 2 Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. 3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. 4 Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad. 5 Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. 6 En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, 7 Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado. 8 A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré. 9 ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura?¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad? 10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador. 11 Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. 12 Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.

Introducción

La inscripción de este salmo dice que fue escrito cuando se dedicó la casa o templo del Señor. Además indica que fue escrito por David. Lo que nos ayuda a comprender que David lo compuso cuando supo que él solo podría decidir el lugar de la construcción ya que su hijo Salomón sería el encargado de edificarlo.

La ocasión sirvió para que David nos presentara esta hermosa plegaria en la que vierte una gran emoción. Está feliz porque Dios le permitió conocer el lugar donde sería exaltado. El tuvo miedo de que ese momento no llegará. En el salmo nos dice que estuvo a punto de morir. No solo a manos de sus enemigos, sino de una enfermedad.

David reaccionó como debemos reaccionar cuando somos rescatados de una inminente desgracia. Con una profunda gratitud y deseos de exaltar y engrandecer el nombre del Dios de Israel que lo redimió de la muerte. A lo largo de los doce versos que conforman este salmo encontramos de manera recurrente la idea de la muerte rondado a David muy cerca.

David experimentó esa sensación de abandonó que llegó a pensar que la muerte era inevitable. Pero Dios lo rescató, lo preservó, lo sanó y lo levantó de su penosa condición de enfermedad y lo llevó a poner los cimientos de lo que sería el templo de Jerusalén. En otras palabras pasó de una condena de muerte a la liberación para vivir.

Así fue como compuso este estupendo salmo que nos recuerda que de un momento a otro Dios puede cambiar la circunstancias adversas de nuestra existencia y de estar a punto de morir podemos pasar a encabezar proyectos a futuro, solo por la gracia infinita de nuestro Dios que cambia nuestro ropa de luto por vestimenta de fiesta.

En la Escritura encontramos que los judíos tenían ropas especiales para ocasiones como un funeral y una boda. Para el funeral o momentos de tristeza profunda se vestían con cilicio, una ropa áspera que expresaba su lamento por lo que estaban viviendo, pero también había una vestimenta especial para las bodas.

Salmo 30: Dios te viste de fiesta, no de luto

I. Porque nos salva de la muerte
II. Porque dura más su favor que su ira
III. Porque la muerte pone fin a todo
IV. Para no estar callados

El salmo está construido sobre paradojas muy marcadas relacionadas con la muerte y la vida, el luto y el júbilo, la tristeza y la alegría. David fue librado de la muerte y de manera poética nos presenta ese suceso que los dejó extremadamente agradecido con Dios y a la vez también reflexivo.

Encontraremos en este salmo la presentación de un Dios que transforma o cambia la tragedia, la desdicha, catástrofe, infortunio y la fatalidad en alegría y júbilo de tal forma que David lo expresa diciendo que un día dura su ira, pero su favor dura toda la vida porque hay un tiempo de llorar y otro de reír.

Este salmo nos impulsa para dejar la tristeza y recordar que seguimos a un Dios de bendición que sacia de bien nuestra boca de modo que nos rejuvenezcamos como el águila de tal forma que desea que vivamos en alegría, a pesar de todo “lo malo” que según nosotros nos ocurre.

Justamente para sostener esta verdad David recurre a uno de las figuras retóricas más bellas cuando escribe: Has cambiado mi lamento en baile, desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría. David nos esta diciendo que Dios lo vistió de fiesta y le quitó el ropaje de luto y das la razones para asegurar esa verdad.

I. Porque nos salva de la muerte

Los primeros tres versos de este salmo dicen de la siguiente manera:

Salmo cantado en la dedicación de la Casa. Salmo de David. Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. 2 Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. 3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.

David comienza su salmo diciendo que glorificará a Dios o engrandecerá al Señor. Ese es el sentido de la palabra exaltar: elevar, ensalzar, hacer grande a algo o a alguien. Y da dos razones por las cuales hará eso: la primer porque Dios evitó que sus enemigos se alegrarán de él. La alegría de sus enemigos sería al verlo destruido. Dios no lo permitió.

Pero la segunda razón es la que da pie al título de este punto de nuestro estudio. David dice que clamó a Dios y fue sanado. Se supone por lógica que David estuvo enfermo y esa enfermedad lo puso al borde de la muerte. El verso tres nos lleva a esa conclusión porque en él David precisa lo que le sucedió.

Le dice a Dios que hizo subir su alma del Seol. Estuvo muy cerca de la muerte o al borde de ella. Debió padecer una grave afectación de su salud para escribir que Dios le dio la vida y gracias a ese gran favor su cuerpo no descendió a la sepultura. Lo que no pudieron lograr sus enemigos, estuvo a punto de hacerlo una enfermedad.

Es muy probable que esa enfermedad a la que se refiere David es la que se menciona en el 2º Libro de Crónicas 21: 7-14. Fue una plaga que se llevó a setenta mil personas que perdieron la vida. Entre tantos muertos David salvó su vida gracias a la intervención del Creador.

II. Porque dura más su favor que su ira

Los versos cuatro y cinco dicen de la siguiente manera:

4 Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad. 5 Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida; por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.

En estos dos versos David hace un llamado al pueblo de Israel que lo acompaña para que canten a Dios, recordando que su favor, misericordia, bondad, compasión y benignidad son más duraderas que su ira. Para comprender esta verdad es necesario recordar que antes de dedicar la casa de Dios, el pueblo de Israel sufrió una terrible plaga.

De no haberse detenido esa mortandad hubiera perecido mucho pueblo, e incluso David. El salmista refuerza la convicción de que la ira del Señor es momentánea, mientras que su gracia es permanente, recurriendo a una verdad que vivió con esa plaga: por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.

Dios te viste de fiesta y no de luto porque es mas grande su favor y con ese favor la alegría llega a nuestra vida siempre. Su favor es motivo de regocijo, nunca de tristeza o depresión, sino de gozo constante y permanente.

La plaga que sufrió David como se llegó se fue. Eso se debió a que Dios no persistió en su ira, sino que antepuso su amor hacia su pueblo y en particular hacia David, quien al ordenar un censo desató el enojó de Dios que le propuso tres males para sancionar su actitud altiva al anteponer su ego antes que la humildad.

Le propuso que escogiera tres años de hambruna, tres meses bajo el asedio de sus enemigos o tres días de una gran peste. David optó por esta última que no duró los tres días, pero con lo poco que duró quitó la vida de setenta mil judíos. Pudo más la bondad de Dios que su ira. Bendito sea su nombre.

III. Porque la muerte pone fin a todo

David estaba consciente de la muerte rondó muy cerca de él y explica brevemente la razón por la que estuvo a punto de perder la vida. Los versos seis al ocho nos ofrece ese panorama:

6 En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, 7 Porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado. 8 A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré. 9 ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura?¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?

David iba a morir por haberse llenado de soberbia y pedir censar al pueblo de Israel. Lo hizo porque pensó que jamás sería conmovido o que nunca tambalearía, pero cuando Dios escondió su rostro de él descubrió que era infinitamente frágil y por eso hace tres preguntas para recordar que la muerte pone fin a todo.

No que David no supiera que todos mueren o que se negará a salir de este mundo. Sus palabras están más bien dirigidas a no salir sin haber cumplido el propósito para el cual Dios lo había traído a esta tierra. Una muerte prematura es de los sucesos que más nos impactan y más nos duelen.

Nada nos roba más la alegría que el luto. De hecho en muchos países existe la costumbre de vestir de negro en los funerales. Hay muchas explicaciones al respecto, pero la más difundida es que simbolizan la falta de luz y color, metáfora perfecta de la oscuridad de la muerte que es el fin de la vida material.

IV. Para no estar callados

El salmo cierra de la siguiente forma:

10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador. 11 Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. 12 Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.

David suplica la ayuda de Dios para que lo ayude y recuerda que Dios hizo con él algo que nadie más puede hacer: cambio su lamento en baile o danza como traducen otras versiones.

La cultura judía tenía y tiene como costumbre lamentar o endechar cuando alguien moría. Eran momentos de gran dolor y la gente lloraba y gemía despidiendo a su muerto. En el otro extremo estaba la ceremonia de casamiento que era una ocasión de danzas y regocijo entre todos los invitados.

David dice que Dios transformó, cambió, mutó esos días de gran tristeza a una alegría desbordada. Y justamente aquí señala que desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría. La versión hebrea de este texto dice así: abriste mi saco de duelo y me vestiste de alegría.

Los judíos cuando querían expresar su gran dolor vestía de cilicio. El cilicio era un ropa aspera y lúgubre que expresaba su gran pesar. David dice que Dios le quitó esa ropa y en su lugar lo vistió de alegría. Le dio un ropaje completamente distinto y eso era más que suficiente para que no callara. No iba a guardar silencio.

Al contrario le iba a alabar para siempre. David se compromete a cantarle siempre al Señor.

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