Una oración diferente

La Biblia dice en 1º Libro de Reyes 3: 9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este pueblo tan grande?

Dios se le presentó a Salomón en sueños al inicio de su gobierno en Israel, luego de la muerte de su padre David y le ofreció atender cualquier petición que presentara ante Él. Podía pedirle lo que quisiera, Dios se había manifestado para atender cualquier necesidad que presentara Salomón.

Según el relato, podría haber pedido tres cosas que son las que mueve a todos los hombres: 1. Vivir mucho. Una larga vida es una de los grandes anhelos en la existencia de las personas. 2. Riquezas. Los seres humanos soñamos con ser ricos. Tener mucho para disfrutar. 3. La vida de sus enemigos para que su gobierno se afirmara y pasara muchos años en el poder.

Pero Salomón no pidió nada de esas tres cosas. La petición del nuevo monarca dejó gratamente sorprendido al Señor porque le pidió sabiduría para dirigir a su pueblo. Esa petición marcó definitivamente la forma en que el recién ungido rey de Israel se movería como gobernante.

Su petición nos enseña mucho de cómo debemos acercarnos a Dios a la hora de suplicarle por nuestras necesidades. Claro que Salomón necesitaba vivir mucho, tener dinero y también que su enemigos fueran aniquilados para dejarlo gobernar. Pero había una necesidad superior: tener la capacidad para gobernar.

Esa necesidad que le presentó a Dios, además de revelar su humildad porque no se sintió con poder para conducir a los hebreos, revela que las necesidades que atiende Dios son aquellas que involucran como beneficiarios a muchas personas. Es decir, entre más sean los beneficiarios de lo que vas a solicitar, más rápido te escuchará el Creador.

No se trata de llegar ante Dios para exigirle, demandarle o solicitarle cosas que llenan solo nuestras expectativas personales, sino arribar a su presencia con sencillez para plantearle situaciones que ayuden a las personas más que a nosotros. Entre más sean los bendecidos con nuestra oración, más rápido nos escuchará Dios.

Fue de tal agrado para el Señor la petición del hijo de David que no solo le dio sabiduría, sino que también le entregó una larga vida, riquezas y la existencia de sus enemigos, como una manera de recalcar que la humildad y pensar en los demás más que en nosotros a la hora de acercarnos a Dios, nos llena de bendiciones.

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