Las preguntas de Jesús: ¿Creen que puedo hacer esto?

La Biblia dice en Mateo 9: 28

Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ello dijeron: Sí, Señor.

Introducción

Mateo es el único evangelista que registra esta pregunta y en consecuencia este pasaje. Jesús está en Capernaum, una ciudad en la que se trasladado al comenzar su ministerio. Era una ciudad de la región de Galilea, una zona comercial que unía el sur y el norte de Israel a través de una ruta de negocios relacionados con el mar de Galilea.

Para comprender la pregunta que Jesús hizo a estos dos ciegos debemos tener presente que en esa ciudad no ocurrieron muchos milagros a causa de la incredulidad de sus habitantes. Es el propio Mateo quien señala esta particularidad en el capítulo once, versos veintitrés al veinticinco.

Ese texto dice así:

23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades[a]serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, permanecido hasta el día de hoy. 24 Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.

El problema de la incredulidad es que se pega. La duda suele contagiarse y en Capernaum había muchos que dudaban que Jesús podría hacer algo. Así es como podemos comprender que Jesús no se detuvo ante los gritos de estos dos hombres privados de la vista, como si lo hizo con otras personas que lo aclamaron con gritos para que los atendiera.

Jesús quería que este par de individuos estuvieran realmente convencidos de quien era él. Por eso los hizo caminar desde el lugar donde los encontró hasta su casa. Algo sumamente inusual en Jesús, pero comprensible si tenemos en mente que era Capernaum y sus habitantes eran muy incrédulos.

El trayecto que tuvieron que recorrer sirvió para afianzar su fe, para convencerlos de que su necesidad solo podía ser suplida por ese hombre que se afirmaba como el Hijo de Dios.

Las preguntas de Jesús

¿Creéis que puedo hacer esto?

Cerciórate de confiar sin fingir

I. Revisando tu paciencia
II. Revisando el tamaño de tu fe

La pregunta que Jesús hizo a estos dos ciegos tenía como finalidad hacerles ver si estaban conscientes a quien se dirigían. Si conocían bien a bien que le estaban dando a Jesús un poder que sus demás paisanos le habían escatimado. La interrogante es fundamental para todos a la hora de acercarnos a él: debemos estar completamente seguros de su persona.

Cuando sanó a Bartimeo, que también era ciego, no le pregunto si estaba seguro de que él podría hacerlo, sino más bien le cuestionó sobre qué quería. En cambio con estos dos personajes el cuestionamiento fue distinto: les interrogó si confiaban que él era capaz de hacer un milagro de ese tamaño.

Resultaba fundamental para ellos y resulta fundamental para nosotros estar plenamente convencidos de que lo que estamos pidiendo a Dios. Él quería diluir todo resquicio de duda en ellos. Desea fervientemente Cristo que nosotros desalojemos de nuestra vida toda inseguridad sobre su poder y amor hacia nosotros.

Para mejor comprender esta pregunta nos resulta muy útil acercarnos al pasaje completo donde aparece la interrogante. Mateo 9: 27-31 dice así:

27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: !Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra.

I. Revisando tu paciencia

Estos dos ciegos tuvieron que caminar desde donde encontraron a Jesús en Nazaret hasta su casa. A pesar de que gritaban y gritaban, el Señor no se detuvo como generalmente lo hizo con todos los que se les acercaban y por su condición física tenían que gritarle para que los atendiera. Así fue los diez leprosos. Así fue la mujer sirofenicia y muchos otros.

Pero con ellos, Jesús no hizo lo mismo. De hecho no paró hasta que llegó a su casa, según nos relata Mateo en su evangelio. Me imagino que estos invidentes tuvieron que caminar y caminar hasta llegar a la casa. En todo ese tiempo se afirmó su certeza de que Jesús era quien podía sanarlos.

Ninguno de ellos se sintió defraudado o frustrado porque Jesús no los atendió de inmediato. Uno de ellos o los dos pudieron decir: por qué no se detiene, por qué sigue caminando, por qué no se da cuenta de que somos ciegos. Pero ninguno de ellos se amilanó o se doblegó por “que Jesús no los atendió” como ellos esperaban.

Tuvieron que esparar y allí nos dan una muy buena lección de que uno se cerciora de su confianza sin fingir cuando somos capaces de esperar todo el tiempo necesario para ver un milagro en Jesús. La pregunta tiene como razón hacernos ver que a veces nuestras peticiones en Dios demandan mucha confianza y paciencia infinita.

La interrogante que les hizo a estas dos personas estuvo acompañada de un tiempo de espera. No fue un milagro que eocurrió de inmediato. Cristo quiso saber si después de ese tiempo de espera estas personas seguían convencidas de que él podía ayudarlos.

A nosotros nos sucede que si Dios no nos contesta cuando necesitamos las cosas, pensamos que no le importamos o que la oración no fue escuchada. Tal vez lo que en realidad está haciendo Dios con nosotros es que quiere que nos cercioremos de confiar plenamente en su persona para que no quede ninguna duda de nuestra seguridad.

II. Revisando el tamaño de tu fe

Cuando Jesús le preguntó a los dos ciegos si creían que podía devolverles la vista, ellos contestaron afirmativamente. La palabra “creen” que usa Mateo en este texto procede de la raíz griega “pisteuó” que generalmente se traduce como fe, pero que tiene la idea de confiar en Dios.

Jesús les preguntó a estos hombres sin en realidad estaban depositando toda su seguridad en él y ellos dijeron que sí. Es muy llamativo que lo llamaron, primero Hijo de David cuando estaban gritando, pero ya cuando estuvieron en la casa lo reconocieron como Señor, un cambio sumamente interesante.

A su respuesta de ellos, Jesús les dijo: Conforme a su fe sea hecho. Una revisión en nuestra fe es siempre necesario porque dependiendo de su tamaño recibiremos lo que le pedimos a Dios. La pregunta que Cristo les hizo iba encaminada a que echaran un vistazo a su confianza en Cristo para cerciorarse de su estado.

No era una fe racional o mental, que es muy común en las personas. La fe de estos hombres tenía que pasar por ese momento para hacer efectiva la solicitud que tenían ante el Señor.

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