Eclesiastés: El hombre defrauda a su alma

La Biblia dice en Eclesiastés 4: 7-8

7 Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol. 8 Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto vanidad, y duro trabajo.

Introducción

Salomón se dispone a presentarnos un grave caso que observó entre los seres humanos. Es un caso patético que le hace resaltar en dos ocasiones su frase predilecta en todo el libro: vanidad. Lo hace tanto en el verso siete como en el verso ocho al relatar una de sus agudas observaciones en la tierra

Es tan deprimente lo que miró que le agrega: “duro trabajo”. Algunas versiones lo traducen como “penosa tarea”; otras, como “pesada carga” y algunas más como “no tiene sentido”, lo que nos lleva a considerar que el planteamiento que va a presentar en estos versos es sumamente grave.

¿Qué es lo que miro Salomón para llegar a esta nueva conclusión? ¿Qué fue lo que le provocó tal impresión que la calificó como algo sumamente penoso? ¿Hasta dónde puede llegar el hombre en su ignorancia de creer que este mundo es lo único que hay en la existencia humana?

Salomón nos va a presentar en estos versos una durísima verdad: defraudar nuestra alma. Si se quiere una traducción de este frase puede ser también engañarnos a nosotros mismos. No hay peor engaño en esta vida que el que perpetramos contra nosotros mismos. Nos engaña el mundo, nos engaña el maligno, nos engaña nuestro prójimo.

Pero engañarnos nosotros mismos es lo peor que nos puede suceder en esta vida y en esa dirección se enfoca Salomón para mostrarnos cómo se puede llegar a esa situación, condición o estado. Fallarnos a nosotros mismos es el más triste de los sucesos que nos pueden pasar en esta tierra.

Salomón encontró a un hombre que se falló a sí mismo y lo retrato en su libro de Eclesiastés para advertirnos que podemos caer en esa situación y debemos evitarla a toda costa y para ello nos presenta el problema, pero también la solución a fin de que seamos sensatos para atender sus palabras.

El rey sabio de Israel nos hablará de un tema de primer orden en la vida de los seres humanos: el alma que siempre será un asunto que debemos reflexionar a fin de tener claro lo que representa para el conocimiento espiritual.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Cuando defrauda a su alma 

I. Por vivir en soledad
II. Por vivir solo para trabajar y hacer riquezas

La palabra alma acompaña al lector y estudiante de la Escritura desde el libro de Génesis. En el origen de todas las cosas, ese primer volumen de la Biblia utiliza el término para referirse tanto a los animales como a los seres humanos. En Génesis 1: 20 encontramos la frase “todo ser viviente” para referirse a los animales que fueron creados en el quinto día.

La palabra hebrea para esa frase es “nefesh” o alma. La frase la volvemos a encontrar en Génesis 2: 7 que dice así: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.” El hombre es un ser viviente igual que los animales. Solo que en el hombre Dios fue el que sopló su aliento.

Es obvio que los seres humanos tienen la capacidad de pensar, aunque a veces como lo hemos estudiado anteriormente se comporten como bestias, la realidad es que a diferencia de los animales tiene intelecto y puede pensar o bueno debería pensar. La diferencia esta en que tiene una alma.

Para comprender el texto que estudiaremos resulta indispensable conocer el sentido y significado de esta palabra antes de comenzar con nuestra reflexión. ¿Qué es el alma? ¿Dónde se localiza? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Quién nos la dio? ¿Qué sucede con ella cuando perecemos? ¿Cuál es su diferencia con el cuerpo y el espíritu?

Todas estas interrogantes debemos responderlas para comprender bien a bien lo que es el hombre. Para conocernos a nosotros mismos y para saber como entonces conducirnos en este mundo. Se trata de una de las verdades más importantes que todos debemos conocer para nuestro bienestar.

Salomón nos dice que un hombre puede defraudar su alma. Eso es terrible y se debe evitar a toda costa. Una de las maneras de evitar que eso suceda debe comenzar con entender de que está hablando el rey de Israel cuando plantea la necesidad de tener mucho cuidado con esa parte inmaterial que todos tenemos en nosotros.

El punto de partida para este estudio es que todos los seres humanos tenemos una alma que representa la presencia de Dios en nuestras vidas. Es una alma atrapada en nuestro cuerpo. Debemos precisar aquí que todos los seres vivos tienen una alma. Me refiero a animales y seres humanos.

Pero definitivamente el ser humano es distinto los animales por la siguiente razón: en Génesis 2: 7 se subraya claramente que el hombre además de ser un alma viviente o “néfesh”, en hebreo, también tiene la “neshama” o aliento que Dios sopló en su interior, es decir es la chispa o el testimonio divino en su ser.

Salomón nos acerca a esta realidad de manera muy practica porque nos hace ver el riesgo de que el hombre traicione o defraude su alma, es decir en lugar de atender el soplo divino que corre en su ser, se deje llevar por los deseos e instintos que le impone su alma y arrastre a su cuerpo en esa grave equivocación.

No es que las riquezas o bienes materiales estén mal. En ese caso hombres como Abraham, Isaac y Jacob que fueron ricos o como el propio Job quedarían descalificados y al contrario Dios les dio mucho más, pero la diferencia con ellos o de ellos es que los bienes materiales les sirvieron para elevar su alma y dejarse dirigir por Dios, atendiendo el soplo de vida.

I. Por vivir en soledad

El hombre del que nos habla Salomón o más bien la clase de hombre que Salomón nos presenta es una persona que no tiene ni esposa, ni hijos, ni hermano, pero nunca cesa de trabajar. Es una persona cuyas necesidades materiales se atenderían rápidamente en vista que solo es una persona.

Pero el trabajo que realiza o la adicción al trabajo que sufre le hace ver como una persona que tiene la necesidad de alimentar a muchos hijos y mantener su casa de tantos y tantos gastos, pero en realidad es un ser solitario que vive para sí mismo y no para los demás como debe ser en toda persona.

El ser humano fue diseñado para vivir en sociedad. Cuando Dios vio a Adán solo en el huerto del Edén dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo y por eso creó a Eva y una vez juntos les pidió que llenaran la tierra y la sojuzgarán. El plan de Dios para el ser humano es el compañerismo, primero de su esposo y luego de sus hijos y luego de todos los demás.

Cuando el trabajo vuelve solitario o solitaria a una persona, en realidad está defraudando su alma porque su mente y corazón está abocado solo a trabajar y hacer dinero como si sobre este mundo no hubiera otra cosa que hacer. El alma se vuelve materialista y deja de lado la presencia de Dios en su vida.

El hombre que sacrifica sus relaciones humanas y opta por la soledad en realidad se está haciendo un grave daño.

II. Por vivir solo para trabajar y hacer riquezas

Hay personas que trabajan para vivir, pero hay otras que viven para trabajar. Salomón está hablando aquí de personas que no tienen otra misión en la vida que trabajar. Son los seres de los que habló en los versos anteriores y nosotros llamamos adictos a su empleo y labor que no les permite disfrutar de nada.

Lo impulsa el deseo irrefrenable de tener y poseer toda clase de bienes materiales, sin saber que será de todo su trabajo porque no tienen heredero que reciba todo el fruto de sus extenuantes jornadas porque cuando mueren nada se pueden llevar a la tumba, pues desnudos llegaron a este mundo y desnudos regresan al polvo.

Este pasaje de Eclesiastés encuadra perfectamente con la parábola del rico insensanto que encontramos en Lucas 12: 16-21 que dice de la siguiente manera:

16 También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Uno puede trabajar mucho como un desesperado y ganar tanto dinero como nadie podría imaginarlo, pero nunca será dueño de su alma. El dueño absoluto del alma es Dios y tarde o temprano la recogerá. Qué cuentas entregarás, entonces? Procura que sean buenas, comienza a dejar de defraudar tu alma.

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